Educación, compromiso y Ética Profesional

En la semana del Día Internacional de la Educación, reflexionemos acerca de la Ética Docente a partir de un filme que plantea conflictos en la relación pedagógica, en los niveles de educación superior y universitario.

Por Ernesto Edwards / Filósofo y periodista / @FILOROCKER

La pandemia del COVID–19 no sólo se llevó puestos, en gran parte del mundo, la salud y la economía, sino también la educación y la cultura. En nuestro país posiciones enfrentadas debaten acerca de la presencialidad o el home office versus la seguridad sanitaria de alumnos y docentes. Es decir, el inmediato regreso a clases, o no. En el medio, tendremos que revisar qué sucede cada vez que los responsables del proceso de enseñanza–aprendizaje, sin la virtualidad como herramienta, nos encontramos cara a cara con nuestros alumnos. La propuesta es abordar el tema a partir de una recordada realización cinematográfica.

Sabemos que el vínculo pedagógico es uno de los núcleos centrales más conflictivos en lo concerniente a la ética docente, aún en aquellos casos establecidos en el nivel superior y universitario. Porque si bien estos alumnos y alumnas ya son mayores de edad y tienen mejores herramientas para defenderse de las injusticias, de todos modos continúan en una relación asimétrica en la que el profesor sigue siendo el poseedor de todo el poder.

Para reflexionar acerca de estas cuestiones, es apropiado ver “La elegida” (pésima traducción de “Elegy”), una cuidada producción estadounidense datada en 2007, con Ben Kingsley y Penélope Cruz en los protagónicos, y Dennis Hopper y Patricia Clarkson acompañando en este elenco que llevará adelante, a lo largo de casi dos horas, esta historia basada en la exitosa novela “El animal que agoniza”.

Ben Kingsley es de esa clase de actores que inevitablemente hará creíble cualquier papel que le toque encarnar. En este caso, como David Kepesh hará las veces de un maduro profesor universitario de letras, atractivo para sus jóvenes alumnas por su nivel discursivo y su cuidada capacidad de seducción, aunque siempre atento a esperar que la relación docente-alumno culmine cada final de año, para disponerse a la conquista de aquellas estudiantes que buscarán tomar contacto personal y estrecho con la experiencia y la sabiduría. Pero este catedrático nunca estará abierto al compromiso y a la entrega, acostumbrado como está a la libertad de la que disfruta un solitario que nunca permite una proximidad que haga peligrar ese equilibrio. Aunque todo cambiará cuando aparezca en su vida Consuela Castillo, una joven cubana de veintisiete que se destacará entre todas como aquella en condiciones de jaquearlo en sus seguridades a partir de ser todo lo interesante, inteligente y atractiva que alguien pueda desear.

La fiesta de cierre del ciclo lectivo, en casa del profesor, será el marco para el inicio del fulminante romance entre dos personas separadas por casi treinta años de edad, y que no obstante se sumergirán en un océano de deseo y de pasión, y de mutuo deslumbramiento por un brillo intelectual que los inquieta y los acerca, descubriendo que, a pesar de las barreras de la edad, son dos almas gemelas que piensan y sienten del mismo modo.

El profesor, amante de la fotografía, retratará cada parte de ese joven cuerpo que lo acerca con la perfección y la belleza, pero en su interior, sabe que lo que más le atrae pasa por la personalidad desafiante de esa mujer que busca destacarse profesionalmente y que no duda en avanzar y en pretender ocupar el espacio de alguien que emocionalmente estará a la par de un hombre con indudablemente más recorrido existencial. Y será allí, en ese momento, cuando la historia cargada de sensualidad y excitación se irá transformando en una auténtica historia de amor, de aquellas en la que uno desearía tener a esa mujer para siempre, y que hace que no podamos pensar en otra cosa.

El catedrático continuará su vida académica, seguirá vinculado con su entrañable amigo, un veterano poeta que siempre fuera su consejero, una especie de gurú, que lo orientará, incluso recomendándole que la deje, hasta que un día, su amigo morirá, su amada desaparecerá casi misteriosamente (por motivos que no conviene adelantar), y él verá que toda su vida se desordenará y comenzará a carecer de sentido, hundiéndose en la depresión. Y se lamentará de no haber dado ese paso hacia el compromiso y el encuentro personal. De tal modo, la historia toma un cariz en la dirección del vacío y la tristeza, y de la nostalgia por los momentos vividos. Ninguna nueva conquista podrá ocupar ese lugar y lograr mínimamente distraerlo. Porque quedará fijado a esa joven mujer que consiguió quebrarlo en todas sus seguridades y certezas. Y toda espera de que ella lo llame, se comunique, le envíe una señal, será en vano.

Pasarán dos años sin noticias, y pocos días antes de Navidad, finalmente sonará el teléfono que le indica que ella ha regresado, y que lo está buscando. Y así, de una manera trágica, comprenderán que el tiempo pasa y que aquello que se deja escapar ya no tiene retorno. Y propiciando que reflexionemos: a veces, cada etapa de nuestras vidas nos exige una generosa cuota de coraje y de desprendimiento, y correr ciertos riesgos, si lo que buscamos es esa abstracta idea que llamamos felicidad, justo cuando nosotros, como humanos, no somos más que tiempo.

En suma, “La elegida”, es una bien narrada historia, adecuadamente musicalizada e incomparablemente interpretada, que hasta hace pensar que una historia de amor de tal tenor resulte posible, en estos días.

Pero, atención, que no se nos escape cuál es nuestro rol a la hora de que el vínculo pedagógico todavía permanezca en pie, en el que las adecuadas distancias son imprescindibles y deben ser claras. En un momento que exige la mayor seriedad, un firme ejercicio de voluntad y una ética inquebrantable, en el medio de necesitar una introspección que clarifique nuestras fortalezas y debilidades personales, aceptando que es posible que en nuestra valiosa y delicada actividad estaremos expuestos a las tentaciones y emociones que pueden provocar un reprochable desvío de nuestro compromiso profesional. A no olvidarlo.

FICHA TÉCNICA

“Elegy” (2007, de Isabel Coixet)

Con Ben Kingsley y Penélope Cruz

Género: drama – Duración: 110´

Idioma original: inglés

Calificación: muy buena

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