El sector de la construcción empieza a mostrar señales incipientes de reactivación, aunque con matices. Así lo describe María Araujo, directora del Grupo Araujo, un holding con presencia en los rubros agroindustrial, vitivinícola y gastronómico, y con fuerte actividad en la comercialización de materiales a través de su unidad Orlandi.
“En marzo vimos un movimiento un poco más acelerado, como una pequeña reactivación, y eso tiene continuidad en abril”, señala. El fenómeno, según explica, está impulsado principalmente por el regreso de la actividad tras el verano y por una mayor predisposición de los consumidores a retomar proyectos postergados.
La recuperación, sin embargo, no es homogénea. Araujo identifica que el repunte se da sobre todo en el segmento minorista y en las pequeñas obras domiciliarias, mientras que los desarrollos inmobiliarios de mayor escala aún se mantienen cautelosos. “Lo que más había caído era la construcción tradicional, edificios y desarrollos. Eso empieza a moverse de a poco, pero los proyectos más grandes siguen más frenados”, detalla.
En contraste, los segmentos vinculados a estructuras metálicas, como naves industriales y galpones, mostraron mayor resiliencia durante la desaceleración. Este comportamiento desigual refleja un mercado que todavía transita una etapa de reacomodamiento.
Un nuevo escenario de precios y competencia
Uno de los datos más relevantes que aporta la ejecutiva tiene que ver con la evolución de los precios. En los últimos dos años, los materiales de construcción registraron una caída del 30% en términos reales frente a la inflación. Es decir, los costos del sector crecieron muy por debajo del nivel general de precios.
Este escenario plantea un desafío central para las empresas: sostener la rentabilidad en un contexto donde no es posible trasladar aumentos al cliente. “Hay una tendencia a la estabilización de precios y mucha competencia. Toda la estructura de costos creció más rápido que lo que podemos ajustar en precios”, explica.
Frente a este cambio de paradigma, el Grupo Araujo decidió enfocar su estrategia en dos ejes: eficiencia operativa y mejora del servicio. Esto incluye desde la optimización logística hasta un seguimiento más fino de cada operación comercial.
“Pasamos de trabajar con listas más planas a cotizar operación por operación, afinando el lápiz y analizando todos los costos involucrados”, cuenta Araujo. A esto se suma el desarrollo de herramientas digitales, como aplicaciones para clientes y vendedores, orientadas a mejorar la experiencia y reducir errores que generan sobrecostos.
Abastecimiento normalizado y mirada federal
En cuanto al suministro de insumos, la situación se encuentra normalizada. “Hoy no hay problemas de abastecimiento, incluso en productos clave como el acero”, afirma.
Con este frente estabilizado, la empresa puso el foco en el crecimiento geográfico. En particular, en la región de Vaca Muerta, donde detectan una oportunidad estructural vinculada al desarrollo energético.
“El crecimiento futuro de la demanda de materiales está muy ligado a la industria del gas y el petróleo”, sostiene. En ese marco, el grupo avanza con su instalación en Añelo, Neuquén, un punto estratégico donde la oferta de proveedores aún es limitada.
La decisión responde también a una lógica competitiva: mientras que en Rosario la cercanía con grandes siderúrgicas genera un entorno altamente competitivo, en el sur la empresa busca capturar valor en un mercado en expansión.
Inversiones en Rosario y tecnología aplicada
En paralelo a su expansión, el grupo avanza con inversiones locales. Sobre la colectora de Circunvalación, a la altura de la autopista Rosario-Buenos Aires, construyó un complejo de cuatro naves industriales de 3.000 m² cada una.
Una de ellas será ocupada por la empresa, que incorporará maquinaria de corte láser de alta precisión, tanto para chapas como para tubos y vigas. Esta tecnología permitirá agregar valor a los materiales, ofreciendo soluciones listas para su uso en obras e infraestructura.
“El servicio de corte de precisión es muy demandado, especialmente en proyectos de estructuras metálicas”, explica Araujo, quien anticipa que la planta estará operativa entre fines de mayo y principios de junio.
Las otras naves serán alquiladas —una ya fue ocupada por una firma industrial— mientras la compañía evalúa futuras expansiones.
Expectativas moderadas y un factor clave: el crédito
De cara a lo que resta del año, el panorama sigue marcado por la cautela. Si bien algunas proyecciones hablan de una recuperación del 5% en la actividad, Araujo advierte que el comportamiento será dispar según la región y el tipo de obra.
En ese contexto, identifica tres variables clave para consolidar la recuperación: la confianza, la previsibilidad y el acceso al financiamiento.
“El agro, con una cosecha récord, históricamente vuelca inversión en construcción. Pero para que eso se traduzca en actividad sostenida también hacen falta líneas de crédito”, señala.
Con expectativas moderadas pero optimistas, el Grupo Araujo apuesta a un 2026 de transición, donde la eficiencia, la innovación y la diversificación geográfica serán determinantes para capturar las oportunidades que empiecen a emerger.



























