Argentina y el crecimiento heterogéneo

El debate entre la macroeconomía ordenada y la microeconomía que “no repunta” toma un rol central en las esferas del debate público en la Argentina ¿Acaso hay forma de que la “macro” crezca, y que todos en la “micro” salgan ganadores?

Por Máximo Rinaudo – Grupo Joven . Fundación Libertad

Toda empresa en el mundo, aun en economías estables y relativamente predecibles, está expuesta a los cambios en las variables subyacentes que modifican los precios. Nuestro país atraviesa actualmente una serie de transformaciones macroeconómicas profundos, que derivan en un proceso significativo de reacomodamiento de precios relativos[1]. El inconveniente de este proceso, es que genera ganadores y perdedores.

El sistema de precios cumple una función esencial como mecanismo de señales que guían los recursos hacia sus usos más valorados por los consumidores. Toda distorsión al mismo llevará a que estas señales no reflejen verdaderamente cuales son los destinos más eficientes para los mismos.

Son estas distorsiones producto de sostener precios artificialmente distantes de los de mercado, las que dan lugar a la existencia estructural de sectores artificialmente sobredimensionados, que ahora se enfrentan con la realidad de que no pueden competir cuando los precios se normalizan.

La  ganancia empresarial funciona como una señal o “premio” para aquella empresa o empresario que emplea recursos para la producción de bienes relativamente más valorados que los destinos alternativos para esos recursos. En consecuencia, toda pérdida empresarial es una alerta que indica, que determinada asignación de recursos es ineficiente.

Si recursos aplicados a usos incorrectos generan pérdidas, existe entonces un destino alternativo donde esos mismos recursos generen ganancias. Pero para que estos se desplacen de las industrias con pérdidas a las industrias con ganancias, primero deben ser liberados. Esta liberación de recursos, se da mediante (1) la adaptación de empresas, o en el peor de los casos, mediante (2) la quiebra de empresas.

Una empresa que quiebra significa trabajadores en la calle, familias que se quedan sin sustento, maquinarias en desuso, etc. El malestar ante una noticia de este estilo es usual, sin embargo, pareciera que en Argentina el repudio de la opinión pública es llamativamente mayor que en otros países. Aquí es donde me interesa plantear un punto de vista distinto.

La quiebra es una institución central de las economías de mercado, dado que es parte fundamental del mecanismo mediante el cual los recursos cautivos se liberan para reubicarse en donde son más valorados. La quiebra es normal, y es propia de una economía sana. Schumpeter llamó a este proceso “Destrucción Creativa” en 1942.

Imaginemos el caso contrario. Una empresa no puede quebrar puede malgastar recursos hasta el infinito sin consecuencias negativas. Esto daría lugar, por ejemplo, a una empresa que sobreviva al fabricar paraguas de cartón o autopistas de oro. Absurdo, ¿no? Japón hizo el experimento en los noventa: sus bancos refinanciaron indefinidamente empresas a pérdida[2]. ¿El resultado? Caída de la productividad agregada, sencillamente porque los factores quedaron atrapados donde menos rendían.

Acá corresponde una distinción: No toda quiebra es la quiebra de la “Destrucción Creativa”. Es pertinente distinguir la empresa que no sobrevive al sinceramiento de precios relativos, de aquella que sería viable aun con los nuevos precios de equilibrio, pero cierra antes de que la economía haga el ajuste, ya sea por una tasa real alta durante la transición, un tipo de cambio real temporalmente apreciado, por falta de crédito para financiar su propia reconversión, etc.

Ahora ¿Por qué quiebran las empresas? Porque pierden dinero por demasiado tiempo. ¿Por qué pierden dinero? Porque el precio de su producto es inferior al costo medio de producirlo. ¿Cómo una empresa que gana dinero puede pasar a tener pérdidas? Bien por un aumento en los costos o por una disminución en los precios.

En Argentina, con los cambios en los precios relativos, muchas compañias verán una oportunidad para expandirse y desarrollarse, mientras que las firmas que no pueden competir, se encontrarán rápidamente pérdidas empresariales y, si no logran adaptarse, con la quiebra. Así, los recursos anteriormente cautivos por estas empresas, ahora se destinarán a industrias subdimensionadas que recibirán los insumos necesarios para crecer.

Este fenómeno conforma un proceso de crecimiento heterogéneo de la economía: Si bien el agregado puede crecer, habrá sectores que prosperan notoriamente, otras que crecen lentamente, otras que no crecen, y las últimas, que decrecen, y cierran.

Por ejemplo, entre las divisiones del índice de producción industrial del INDEC, en el último dato disponible las manufacturas de madera papel, edición e impresión crecieron y las de otros equipos, aparatos e instrumentos cayeron, en un rango que va de -31.4% a 7.1% interanual.

Otro aspecto que creo pertinente aclarar es la famosa distinción “Macro-Micro”. La “Macro” no es más que el conjunto de todas las “Micros”, al tiempo que la “Micro” a menudo se refiere a no más que un sector de la “Macro” observado con un microscopio. En esencia se trata de observar, con dos lentes distintos, el mismo fenómeno. Si la “Macro” está creciendo entonces habrá varias  “Micros” que también crecerán, al tiempo que otras no.

Es cierto, estadísticamente, un promedio puede subir mientras la mediana baja, dicho de otro modo, el agregado y el bolsillo pueden ir en direcciones opuestas durante un tiempo. Sin embargo, lo que sí es seguro, es que todo ese crecimiento del agregado tarde o temprano se resiente en la sociedad, y que no existe ninguna trayectoria de crecimiento en la que todos ganen a la vez.

En conclusión: El proceso de mercado argentino, al igual que todo proceso de mercado, traerá ganadores y perdedores. Que un país crezca significa un mayor productividad agregada, lo que no implica que todas sus industrias crecerán de forma homogénea. Para los defensores de los perdedores de turno, recuerden que las pérdidas empresariales y la quiebra de empresas, por más cruel, no dejan de ser una institución propia del sistema de mercado. Al contrario de lo que muchos puedan pensar, una economía sin ellas es considerablemente menos sana que una con ellas.

[1] ¿Algunos ejemplos de estos cambios abruptos? Pueden notarse en los precios de la ropa importada que compite la nacional, en el precio de los electrodomésticos importados más baratos que los producidos en Tierra del Fuego, o por qué no, en el aumento del precio de la carne argentina, que ahora se exporta y compite en el mundo con carne de otros países.

[2] Caballero, Hoshi y Kashyap (2008).

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