La capacidad de un edificio para incorporar tecnología y adaptarse a nuevas necesidades gana lugar entre los criterios de inversión inmobiliaria. Según un informe de JLL, el 93% de los inversores considera que los inmuebles que acompañan los cambios tecnológicos generan mejores retornos. El dato refleja una expectativa del mercado, en un escenario en el que la evaluación de los proyectos incorpora variables que van más allá de la superficie y la funcionalidad.
En ese proceso confluyen transformaciones diferentes: las herramientas digitales abren nuevas formas de participación en los activos, mientras que el diseño presta mayor atención a la flexibilidad de los espacios y a la experiencia de sus usuarios.
“Hoy un proyecto inmobiliario tiene que pensarse desde una mirada mucho más amplia. No se trata solamente de construir un espacio atractivo o funcional, sino de entender qué necesitan las personas, cómo acompañarlas en sus decisiones y de qué manera la tecnología puede aportar valor, tanto en la experiencia como en las alternativas de inversión”, sostiene Hernán Barrea, director Comercial de Grupo Transatlántica.
Inversión fraccionada
Una de las tendencias es la tokenización, que permite representar digitalmente participaciones vinculadas a un activo inmobiliario. Este mecanismo facilita esquemas de inversión fraccionada: en lugar de comprar una unidad completa, una persona puede participar con un monto menor, de acuerdo con las condiciones de cada propuesta.
El cambio apunta a ampliar el acceso a un mercado tradicionalmente asociado con desembolsos elevados y a incorporar otras modalidades de participación en los desarrollos.
“Los inmuebles tokenizados hacen que el real estate empiece a pensarse también desde el punto de vista de quiénes pueden participar, ya que son una alternativa para que más personas puedan acercarse a un activo de este tipo”, señala Barrea.
Bienestar y flexibilidad
La experiencia cotidiana dentro de los edificios es otro de los factores que adquieren relevancia. Según el mismo informe de JLL, el 71% de los encuestados valora los espacios de trabajo que incorporan vegetación y materiales naturales.
Áreas verdes, ambientes flexibles y materiales naturales forman parte de una búsqueda que pone el foco en cómo se trabaja y se utilizan los espacios. Bajo este enfoque, el diseño contempla tanto la distribución de las superficies como su capacidad para responder a distintas necesidades de uso.
Un proyecto en Rosario
En Rosario, Lena Buró, un desarrollo de Fundar y Grupo Transatlántica, reúne algunas de estas características: unidades modulares, áreas verdes y un esquema de tokenización.
Barrea explica que la propuesta articula dos dimensiones: el diseño de espacios orientados a las necesidades y al bienestar de sus usuarios, y la incorporación de tecnología para ampliar la participación de inversores.
El caso combina cambios en el producto inmobiliario y en su forma de comercialización. Por un lado, espacios que buscan adaptarse a distintos usos; por otro, mecanismos que permiten participar de un desarrollo sin adquirir una unidad completa.



























