La industria nacional suma un nuevo capítulo de incertidumbre. La emblemática fábrica de tractores Pauny, con sede en Córdoba, ingresó en convocatoria de acreedores y actualmente opera apenas al 30% de su capacidad instalada, en un contexto marcado por la caída de la actividad, la falta de financiamiento y la contracción del mercado interno.
La situación refleja el deterioro que atraviesa el sector industrial, especialmente en segmentos vinculados a la maquinaria agrícola, que dependen tanto de la demanda interna como del acceso al crédito para sostener los niveles de producción.
Desde el gremio metalúrgico confirmaron el impacto de la crisis en la actividad de la compañía. “Desde el año pasado la empresa tuvo una crisis muy fuerte en la entrega de producción, terminando el año con un 50% menos en comparación con el año anterior”, explicó Nelson Insaurralde, secretario de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).
El dirigente sindical evitó hablar de un cierre inminente, aunque reconoció la gravedad del momento. “No queremos dar un mensaje desesperanzador. La empresa no habla de un cierre, pero está muy golpeada y espera que el gobierno habilite créditos y condiciones para poder vender y ser competitiva”, señaló.
La convocatoria de acreedores es un mecanismo legal que permite a las empresas reorganizar sus pasivos y evitar la quiebra, mientras negocian con sus acreedores nuevas condiciones de pago. En el caso de Pauny, este proceso aparece como una herramienta clave para ganar tiempo y buscar una recuperación en un escenario económico complejo.
El caso de la fabricante cordobesa se suma a una serie de dificultades que enfrentan distintas compañías industriales del país, en un contexto caracterizado por la caída de la demanda, el encarecimiento del financiamiento y el freno en las inversiones. La evolución del acceso al crédito y la recuperación de la actividad serán factores determinantes para definir el futuro de la compañía y de buena parte del entramado industrial argentino.


























