Entre el fracaso deportivo y el éxito económico

Apenas lograron un empate. Terminaron últimos. En su segunda participación en el Rugby Championship (antes llamado Tres Naciones, devenido luego en Cuatro Naciones y catalogado RCH), los Pumas no pudieron festejar en ninguno de los seis partidos. La falta de efectividad de Santiago “Tati” Phelan –ex tercera línea del CASI, head coach del seleccionado nacional de rugby, que ganó apenas 13 partidos desde que asumió y carga con 31 derrotas– desencadenó su renuncia el pasado lunes 21, pese a que su contrato con la Unión Argentina de Rugby finalizaba a fin de año.

“Fallamos en los tackles”, reconoció el capitán Juan Martín Fernández Lobbe luego de la derrota frente a Australia en Rosario. La esencia del rugby nacional es la defensa, el juego aguerrido. Tacklear y hacer daño en las pocas situaciones que se dispongan a lo largo de los 80 minutos. Ahí no se puede dar ventajas y Los Pumas las dieron. Contra equipos de la talla de Nueva Zelanda, Sudáfrica y Australia, si no mantienen la intensidad todo el partido, lo pagan caro.

Pero aún cuando los Pumas pierden una y otra vez, las cuentas siguen dando saldo positivo. La curva financiera arroja más y más ganancias. Los medios gráficos y audiovisuales que suelen cubrir la actividad del seleccionado están superpoblados de avisos con frases como “Orgulloso sponsor oficial de Los Pumas” o “Hay más de 40 millones de motivos para seguir intentándolo”. El target que consume rugby está bien segmentado e identificado. Se trata de un mercado fiel a los valores históricos del rugby que firmas como VISA (main sponsor), Personal, Nike, ESPN, La Nación, Quilmes, Medicus, ICBC, Renault, Gatorade, QBE Seguros, Gilbert, Dove y Deloitte, entre otras, intentan promover.

La cadena ESPN tiene los derechos para transmitir los partidos y ha hecho un acuerdo con la TV Pública, que puede “tomar prestada” la señal sin cargo cuando el partido es de suma relevancia (Mundial o RCH). En ese caso, lo que paga el canal del Estado son los honorarios de los periodistas, que se los “alquila” a ESPN. Esto, además de difusión y horas de pantalla, genera ganancias que llegan a los bolsillos de los jugadores, cuyo cachet varía dependiendo de si juegan, van al banco de suplentes o solo integran la lista de convocados.

La UAR también les paga un contrato mensual a algunos jugadores y otros forman parte del plan de alto rendimiento (Pladar): becados que perciben un salario solamente por ir a entrenar todas las mañanas.

Pero el éxito económico está ciertamente acompañado de un déficit deportivo. Las internas en el plantel crisparon un vestuario irritado, que perdió a varios referentes en los últimos años. Ya no están Ignacio Corleto, Manuel Contepomi, Mario Ledesma, Rodrigo Roncero y recientemente se retiró Felipe Contepomi. El que tampoco está, pero en realidad sí está, es Agustín Pichot. Las gestiones del ex capitán, hoy dirigente y gran lobbista, fueron determinantes para la incursión Puma en el campeonato anual más exigente del mundo. Pichot pisa fuerte en los escritorios y sigue siendo una figura omnipresente en el seno del equipo. Así, la interna se divide entre los “pichotistas”, los que responden a Patricio Albacete y algunos neutros.

Además de la lucha de egos y la brecha generacional, las rispideces brotaron por el reparto de los ingresos por publicidad. “Siempre hubo problemas: antes era camarilla, ahora es más grave porque hay plata en el medio. Igual, la mayoría de los que se fueron retirando este último tiempo son pichotistas. Yo me preocuparía más por jugar. Uno no juega con sus amigos, juega con los mejores. La función del entrenador es sacar lo mejor de todos. No hace bien todo esto”, se lamenta ante NOTICIAS Eliseo “Chapa” Branca, ex Puma y actual entrenador de GEI (Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó).

Divididos. Una prueba del clima de tensión e intolerancia que se vive en el seleccionado es que Felipe Contepomi, quien ostenta el récord de test matches disputados con la camiseta albiceleste, evitó explayarse en sus declaraciones cuando fue consultado por esta revista. “¿Que hable de los Pumas? No, no. Yo ya me fui”, evadió el ex apertura, hoy quemando los últimos cartuchos con su querido Newman en el torneo de la URBA. Si semejante valor se llama a silencio es porque algo no huele bien. “Prefiero no opinar porque todo lo que diga hoy es tomado en contra y lo que digo yo siempre está mal. Sinceramente, prefiero no opinar. Si te digo algo a vos, después lo levantan y empiezan a opinar de todos lados. Es increíble, va a ser para problemas. Nunca me pasó en mi vida. Ya hablé demasiado. No sé, es rarísimo. De repente a todos les molesta todo. Hay mucho lío entre periodistas también. Prefiero no salir en ningún lado y quedarme callado para evitar más lío. Llamalo al capitán, a Fernández Lobbe, es más que palabra autorizada”, se limitó a expresar, atento, pero perturbado con la situación.

Juan Fernández Lobbe, en consonancia con toda esta novela, solo habla en conferencia de prensa. Más joven y políticamente correcta es la postura de Martín Landajo, medio scrum de los Pumas: “Ahora se armó un revuelo, pero dentro del grupo no sentimos divisiones, estamos muy unidos. Estuvimos tres o cuatro meses juntos y no hubo problemas. Cuando los resultados no se dan la gente empieza a buscar problemas. Estamos abiertos a las críticas cuando jugamos mal, pero seguimos trabajando concentrados”, relata a NOTICIAS.

La pregunta que surge es ¿cómo llega un equipo a colarse en la élite del rugby mundial si cuando se sienta a la mesa con los mejores no hace más que recibir cachetazos? El punto de inflexión fue el Mundial 2007. Los dos triunfos frente a la Francia anfitriona y un histórico tercer puesto les permitieron a Los Pumas subirse en el podio. El mérito deportivo, más la intervención de Pichot hicieron realidad algo que parecía utópico.
Landajo lo ratifica: “Nuestra inclusión en el RCH fue el trabajo de muchos años de dirigentes del rugby argentino. También influyó el tercer puesto en Francia, obvio. ¿Agustín (Pichot)? Sí, obviamente tuvo mucho que ver, pero sería egoísta nombrarlo solamente a él”.

Derrotas dignas. El interés por ver a las estrellas del seleccionado en acción persiste, pero ha decrecido, sobre todo tierra adentro. Las “derrotas dignas” y “perder por poco” hartaron. La fiebre Puma amainó y, para colmo, el precio de las entradas impide que el público acuda masivamente, aunque sea por curiosidad. Sin embargo, el fenómeno, al igual que con el fútbol, consiste en que los gobiernos provinciales invierten fortunas para tener el evento y presentarlo como un logro.

No parece haber un plan de juego, una estrategia para salir del pozo. Con la ventana de noviembre y la gira europea se abrirá una nueva chance de enderezar el rumbo. Hace rato se habla de valorar la experiencia y capitalizarla en el futuro. De ellos depende que ese futuro no sea un espejismo intangible.

Fuente: Revista Noticias

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