San Martín al 500: G70 recupera un edificio abandonado y redefine el negocio inmobiliario

El proyecto contempla dos bloques de 12 pisos, viviendas, oficinas, coworking, locales comerciales y nuevos amenities, con una mirada puesta en la recuperación del patrimonio construido y la transformación urbana del área.

El edificio de San Martín al 500 fue durante casi 30 años una de esas estructuras que forman parte del paisaje urbano de Rosario, pero que, lejos de aportar valor, se habían convertido en una suerte de “elefante blanco”. Ahora, después de décadas de abandono, el inmueble está en proceso de convertirse en un proyecto inmobiliario de usos mixtos que busca cambiar por completo la fisonomía de la cuadra.

La iniciativa es impulsada por G70 Desarrollos Inmobiliarios, que decidieron apostar por la recuperación de una estructura existente en lugar de demolerla para levantar una nueva construcción. Para Ari Milsztejn, fundador de Grupo AM y cofundador de G70, esa decisión tiene además un componente urbano y ambiental: “Participamos de la reestructuración urbana sin tener que tirar nada abajo”.

Una estructura que resistió el paso del tiempo

Uno de los primeros desafíos del proyecto fue determinar si la estructura existente podía ser recuperada. Para eso, los desarrolladores realizaron un estudio exhaustivo del hormigón, con participación de ingenieros especializados de Buenos Aires y análisis específicos sobre las losas y distintos componentes de la construcción.

El resultado fue alentador. Según explicó Milsztejn a ON24, los estudios determinaron que la estructura se encuentra en muy buenas condiciones y permite avanzar con el proyecto. La evaluación cobra especial relevancia porque las losas habían permanecido expuestas y sin mantenimiento durante años.

El empresario destacó además una característica poco conocida del hormigón: su proceso de endurecimiento continúa durante décadas y el material alcanza una elevada resistencia con el paso del tiempo. Con los estudios concluidos, comenzaron las primeras tareas de limpieza, ordenamiento y puesta en condiciones del inmueble. También se instaló el cerco perimetral, pensado no solamente como una medida de seguridad, sino como una primera señal visible de la transformación que se viene.

De un edificio abandonado a un nuevo polo urbano

El proyecto se apoya en una ubicación que los desarrolladores consideran estratégica. La zona del macrocentro cercana al río viene atravesando un proceso de renovación, con nuevos edificios y desarrollos que están modificando progresivamente el perfil de la cuadra.

Milsztejn asegura que incluso antes de colocar el vallado comenzaron a recibir consultas de vecinos y personas interesadas en el proyecto.

La explicación está también en la ubicación: desde San Martín al 500, en apenas unas pocas cuadras se puede acceder tanto al área central como al corredor costero. A eso se suma una transformación que ya se observa en el entorno, con distintos proyectos que fueron renovando el frente urbano de la zona.

“La demanda en el casco histórico y el macrocentro nos sorprendió”, reconoció el desarrollador, quien incluso decidió reservar para sí mismo uno de los departamentos del futuro edificio porque considera que es un lugar donde le gustaría vivir.

Dos bloques, viviendas, oficinas y coworking

La propuesta será de usos mixtos y estará conformada por dos bloques de 12 pisos más azoteas. Uno estará destinado principalmente a viviendas y otro tendrá una fuerte orientación hacia el segmento corporativo y de oficinas.

El proyecto contempla departamentos de dos y tres dormitorios, mientras que las oficinas partirán de módulos de aproximadamente 55 metros cuadrados, con la posibilidad de unir distintas unidades para generar superficies mayores.

La lógica será similar a la utilizada por la desarrolladora en proyectos anteriores, donde una empresa puede adquirir un módulo y posteriormente ampliarlo incorporando unidades contiguas. De esta manera, las superficies pueden adaptarse a las necesidades de cada usuario. Según Milsztejn, ya existen empresas interesadas en superficies de 200 y hasta 300 metros cuadrados.

Uno de los espacios centrales del proyecto será un piso completo de aproximadamente 700 metros cuadrados destinado a coworking, con terraza exclusiva. La desarrolladora ya mantiene conversaciones con marcas de Buenos Aires para instalar allí una propuesta de coworking de nivel premium. Entre las empresas con las que mantienen conversaciones mencionó a HIT y Workplace by Gears.

Una bóveda que tendrá una nueva vida

Uno de los elementos más particulares del edificio está en el subsuelo. La construcción había sido concebida originalmente con distintos destinos y, en determinado momento, se proyectó allí la instalación de un banco. De esa etapa quedó incluso una bóveda bancaria, dentro de un subsuelo de aproximadamente 600 metros cuadrados.

La intención de los desarrolladores es reutilizar ese espacio para generar amenities vinculados con el almacenamiento y la seguridad. Entre las alternativas previstas aparecen cajas de seguridad y bauleras para los propietarios y usuarios del edificio.

La idea apunta a sumar servicios poco habituales dentro de un desarrollo residencial y corporativo, aprovechando una infraestructura que ya existe.

Gastronomía en planta baja

El proyecto también busca que la actividad no termine en el interior del edificio. En la planta baja habrá un local comercial destinado a una propuesta gastronómica.

La intención es convocar a una marca de gastronomía de calidad, con especial interés en una panadería artesanal. La estrategia toma como referencia experiencias desarrolladas previamente por Grupo AM, como Living Green y Heroica, donde la incorporación de propuestas gastronómicas ayudó a generar identidad y movimiento alrededor de los emprendimientos.

Además, cada uno de los dos bloques tendrá sus propios amenities, de manera que los espacios destinados a viviendas y los correspondientes al sector corporativo mantengan servicios diferenciados. El proyecto contempla también infraestructura para movilidad eléctrica, entre otros servicios.

Una obra que ya está en marcha

Otro de los aspectos que diferencia al desarrollo es que no se trata de un proyecto que comienza desde cero. Según explicó Milsztejn, la obra ya acumula aproximadamente dos años y medio de trabajo sobre la estructura existente.

Eso permite proyectar plazos de finalización relativamente cortos. La estimación de los desarrolladores es que el conjunto pueda estar terminado en menos de dos años.

Incluso existe un cronograma específico para acelerar la puesta en funcionamiento de los sectores comerciales y corporativos. El objetivo es entregar el local de planta baja y el espacio de coworking de aproximadamente 700 metros cuadrados en un plazo de un año y medio o incluso menor.

La estrategia tiene además una lógica financiera: quienes adquieran los espacios comerciales podrían comenzar a percibir ingresos por alquiler en un plazo mucho más corto que en un desarrollo tradicional desde pozo.

La recuperación como concepto de negocio

Más allá de las características del proyecto, en Grupo AM consideran que la operación representa una tenden

cia que puede ganar peso en Rosario: recuperar edificios existentes y ponerlos nuevamente en valor.

En lugar de reemplazar una construcción antigua por otra nueva, la propuesta consiste en aprovechar una estructura que todavía tiene capacidad constructiva, reduciendo la necesidad de demoler y generando una nueva pieza urbana sobre lo ya construido.

“Era un elefante blanco”, resumió Milsztejn al referirse al edificio de San Martín al 500. La apuesta ahora es convertirlo en uno de los nuevos puntos de referencia de esa zona del macrocentro.

El proyecto también tendrá una fuerte estrategia de comunicación asociada al concepto de sustentabilidad y reutilización. Aunque el nombre definitivo todavía no fue difundido, los desarrolladores anticiparon que el lanzamiento estará acompañado por una campaña que buscará instalar una idea: si un edificio de casi 30 años puede ser recuperado y volver a tener una nueva vida, también es posible resignificar aquello que parecía haber quedado atrás.

La intención, en ese sentido, trasciende al propio desarrollo. La campaña buscará conectar la recuperación del edificio con una mirada generacional y optimista sobre el paso del tiempo: poner en valor lo existente, reciclarlo y demostrar que lo antiguo también puede convertirse en algo nuevo.

Para una zona que durante años convivió con una estructura abandonada, el cambio será visible. Pero para los desarrolladores, la verdadera apuesta está en demostrar que la renovación urbana no siempre requiere empezar de cero: en algunos casos, el futuro puede construirse sobre lo que ya existe.

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