El municipio busca transformar edificios históricos en activos urbanos para hacer viable su preservación

El caso Cullen Poggi expone la política que impulsa el oficialismo: habilitar desarrollo inmobiliario para financiar la recuperación, según explicó el concejal Fabrizio Fiatti.

Detrás del proyecto sobre la Casa Cullen Poggi no hay solo una intervención puntual, sino la explicitación de una política urbana que el oficialismo empieza a consolidar en Rosario: dejar de pensar el patrimonio como una restricción aislada y pasar a integrarlo dentro de una lógica económica que permita sostenerlo en el tiempo.

En la voz del concejal Fabrizio Fiatti, la idea es concreta: los edificios patrimoniales no se preservan únicamente con normas que limitan, sino con herramientas que generen condiciones reales para su recuperación. En ese esquema, el rol del privado deja de ser accesorio y pasa a ser central.

El criterio que se plantea es el de equilibrio entre preservación y desarrollo. La política pública que se empieza a delinear establece que la conservación integral de inmuebles históricos debe ir acompañada de incentivos urbanísticos que hagan viable la inversión.

En términos estructurales, el diagnóstico es claro: el costo de mantener y restaurar edificios antiguos es elevado y, sin una ecuación económica que lo respalde, la protección normativa termina siendo insuficiente. El resultado, en muchos casos, es el deterioro progresivo o la pérdida de valor del patrimonio.

Lo que se busca revertir, según planteó Fiatti, es justamente ese proceso. Y para eso, el enfoque es pragmático: si el patrimonio no genera valor, no se sostiene en el tiempo.

El modelo que se impulsa se basa en una lógica de compensación:
el desarrollador asume la restauración completa del inmueble y, a cambio, accede a condiciones para desarrollar un proyecto inmobiliario en el mismo lote. De esta manera, la preservación deja de depender exclusivamente de recursos públicos o de propietarios sin capacidad de inversión.

Pero el punto central es que el oficialismo no lo presenta como un caso aislado, sino como un criterio replicable. Rosario cuenta con un volumen significativo de edificios con valor histórico que enfrentan la misma tensión: protección formal, pero sin herramientas que garanticen su recuperación efectiva.

La política que empieza a tomar forma apunta a intervenir sobre ese problema: transformar el patrimonio en activos urbanos, integrándolo a la dinámica de inversión, uso y desarrollo de la ciudad.

En esa línea, el caso Cullen Poggi funciona como un ejemplo concreto de hacia dónde se busca avanzar: una gestión del patrimonio que combine preservación, inversión privada y generación de valor urbano, evitando que los edificios históricos queden atrapados entre la protección simbólica y la inviabilidad económica.

Comentarios