La nueva clave de los barrios privados: planificar el agua antes de vender el primer lote

El empresario Martín Weller sostiene que la planificación temprana de los sistemas de agua y saneamiento permite reducir costos, mejorar la sustentabilidad y agregar valor a los proyectos inmobiliarios. Además, advierte que la eficiencia en el uso del recurso será una condición cada vez más relevante para la competitividad de las empresas argentinas.

La planificación de un desarrollo inmobiliario ya no pasa únicamente por el diseño urbano, la conectividad o los servicios tradicionales. Cada vez más, el acceso al agua potable, el tratamiento de efluentes y la reutilización de recursos se convierten en variables estratégicas que impactan tanto en la viabilidad económica como en la sustentabilidad de los proyectos.

Así lo plantea Martín Weller, titular de Grit Desarrollos e Hydrogena, empresa especializada en soluciones para el tratamiento de agua y efluentes, quien sostiene que la incorporación de estas tecnologías desde las etapas iniciales de planificación permite resolver problemas estructurales, optimizar inversiones y mejorar la calidad de vida de quienes habitarán los emprendimientos.

Del tratamiento industrial al desarrollo urbano

Con más de 15 años de experiencia en el sector, Hydrogena nació vinculada al tratamiento de agua para procesos industriales. Sus soluciones abarcan desde el acondicionamiento de agua utilizada en la producción de alimentos y bebidas hasta sistemas para industrias automotrices, aceiteras y plantas de enfriamiento.

Sin embargo, en los últimos años la compañía amplió su enfoque. Según explica Weller, el objetivo dejó de ser únicamente la venta de equipos para pasar a ofrecer soluciones integrales que contemplen todo el ciclo del agua, desde el abastecimiento hasta el tratamiento y reutilización de los efluentes.

“El agua puede filtrarse, osmosearse o tratarse mediante distintas tecnologías. Lo importante es encontrar la solución adecuada para cada caso”, explica.

Esa experiencia comenzó a trasladarse también al mundo de los desarrollos urbanos, especialmente en barrios cerrados y nuevas urbanizaciones donde la infraestructura tradicional muchas veces no llega o resulta insuficiente.

Un cambio de paradigma en los barrios privados

Hasta hace algunos años, la mayoría de los desarrolladores dependían exclusivamente de la llegada de las redes públicas de agua y cloacas. Hoy, el avance tecnológico permite pensar en sistemas autónomos capaces de generar agua potable localmente y tratar los efluentes dentro del propio desarrollo.

Weller señala que las nuevas plantas compactas de tratamiento permiten resolver el saneamiento de manera eficiente y con costos operativos accesibles. Además, el agua tratada puede reutilizarse para riego o devolverse a cursos de agua cumpliendo con los parámetros ambientales exigidos por la normativa.

Uno de los casos más avanzados será el desarrollo Neander, donde se instalará una de estas plantas modulares de origen español. La tecnología, que ya cuenta con más de dos décadas de utilización en distintos países, fue evaluada por el equipo de Hydrogena mediante visitas técnicas a instalaciones operativas en España y México.

Pensar en escala y no en proyectos aislados

Para Weller, uno de los principales cambios conceptuales es dejar de pensar soluciones individuales para cada barrio y comenzar a diseñar infraestructura compartida entre distintos emprendimientos.

La posibilidad de articular proyectos con municipios y comunas abre la puerta a esquemas más eficientes, donde una misma planta pueda atender la demanda de varias urbanizaciones.

En localidades como Álvarez, por ejemplo, se trabaja sobre esquemas de planificación que permitirían abastecer con servicios sanitarios a superficies urbanizadas mucho mayores que las originalmente previstas para un único barrio privado.

“Cuando se planifica desde el inicio y existe coordinación con las autoridades locales, se puede diseñar una solución para toda una zona y no solamente para un desarrollo puntual”, sostiene.

La ventaja de la modularidad

Uno de los aspectos que más destaca Weller es la flexibilidad de los sistemas modernos de tratamiento. A diferencia de las obras tradicionales, que suelen requerir grandes inversiones iniciales, las plantas modulares permiten acompañar el crecimiento real de los emprendimientos.

En la práctica, esto significa que un proyecto de 500 lotes no necesita instalar desde el primer día una infraestructura dimensionada para su capacidad máxima. La planta puede comenzar operando para una menor cantidad de usuarios e incorporar módulos adicionales a medida que avanza la ocupación.

El resultado es una reducción significativa en los costos iniciales, menores consumos energéticos y una operación más eficiente.

El costo de no planificar

Según el empresario, muchos de los problemas que aparecen posteriormente en los desarrollos urbanos tienen su origen en decisiones tomadas durante las etapas iniciales de diseño.

Uno de los errores más frecuentes está relacionado con la topografía y la ubicación de las plantas de tratamiento. Dado que los sistemas cloacales funcionan por gravedad, una mala planificación puede obligar a incorporar estaciones de bombeo, aumentando tanto los costos de inversión como los gastos operativos.

“Todo se puede resolver, pero cuando la planificación es inteligente los costos son mucho menores y la eficiencia es mucho mayor”, afirma. En ese sentido, considera que la sustentabilidad no pasa únicamente por incorporar tecnología, sino por diseñar ciudades y urbanizaciones de manera más eficiente desde el comienzo.

La eficiencia hídrica también es un negocio

Más allá del sector inmobiliario, Weller advierte que la gestión eficiente del agua representa una oportunidad económica para la industria.

Muchos procesos productivos sufren pérdidas de eficiencia, interrupciones y mayores costos de mantenimiento por problemas asociados a la calidad del agua. En numerosos casos, inversiones relativamente pequeñas en filtración o tratamiento permiten evitar paradas de equipos y reducir gastos operativos.

“Muchas veces no es un gasto sino una inversión que se paga sola en muy poco tiempo”, señala. Sin embargo, reconoce que en Argentina todavía existe un bajo nivel de conocimiento sobre estas tecnologías y que muchas empresas priorizan otros problemas operativos más urgentes.

Un recurso cada vez más estratégico

Para Weller, el gran desafío de los próximos años será comprender que el agua es un recurso limitado y que la eficiencia en su uso será un factor clave para la competitividad.

Menciona como ejemplo las tecnologías de riego de precisión, ampliamente utilizadas en países con escasez hídrica, que permiten incrementar significativamente los rendimientos agrícolas utilizando la misma cantidad de agua. También destaca el potencial de reutilizar efluentes tratados para actividades productivas, especialmente en zonas agrícolas cercanas a desarrollos urbanos.

Las exigencias que vienen de los mercados internacionales

El empresario considera que la presión por una mejor gestión del agua no llegará únicamente por cuestiones ambientales, sino también por exigencias comerciales.

A medida que avanzan las regulaciones internacionales vinculadas a la sustentabilidad, los mercados más desarrollados comienzan a requerir información sobre el uso eficiente de recursos, la gestión de efluentes y la huella ambiental de los procesos productivos.

“Quien empiece antes a trabajar estos temas va a estar mucho mejor preparado que quien espere a que las exigencias lleguen”, concluye. En un contexto donde la competitividad ya no depende solamente de los costos o la productividad, la gestión inteligente del agua comienza a consolidarse como una ventaja estratégica tanto para las empresas como para los desarrolladores urbanos.

Comentarios