El financiamiento bancario al sector agrícola cerró 2025 en niveles históricos, reflejando un fuerte dinamismo del crédito y un cambio significativo en su composición. De acuerdo con un análisis de la Bolsa de Comercio de Rosario en base a datos del Banco Central de la República Argentina, el stock total de préstamos destinados a actividades agrícolas alcanzó los $6 billones al 31 de diciembre, el valor más alto para esa fecha desde que existen registros.
En términos reales, el crecimiento fue contundente: el financiamiento al agro aumentó más de 50% respecto al año anterior y se ubicó ampliamente por encima del promedio de los últimos cinco años. Sin embargo, detrás de este salto se esconde una transformación clave: el protagonismo casi excluyente del crédito en dólares.
Del total prestado, unos $4,4 billones corresponden a financiamiento en moneda extranjera, lo que representa el 73% del total. Este segmento más que duplicó su volumen en comparación con 2024, alcanzando máximos históricos tanto en términos absolutos como relativos. En contraste, el crédito en pesos mostró una caída real y perdió participación dentro del esquema de financiamiento.
Este cambio en la estructura no es menor. La participación del financiamiento en dólares dentro del agro se disparó muy por encima de los niveles habituales de la última década, impulsada por un contexto de tasas más competitivas en esa moneda y por el perfil exportador del sector, que naturalmente genera ingresos en divisas.
A nivel agregado, el crédito también creció para el conjunto de la economía, aunque con una dinámica distinta. Mientras que en el total del sistema financiero aumentaron tanto los préstamos en pesos como en dólares, en el caso del agro el crecimiento se explicó exclusivamente por la moneda extranjera. Esto llevó a que el sector gane peso dentro del financiamiento en dólares, alcanzando una participación récord.
Entre los factores que explican este escenario aparecen cambios en el sistema financiero. Por un lado, una menor demanda de crédito por parte del sector público liberó recursos para el sector privado. Por otro, el incremento de los depósitos —especialmente en dólares— amplió la capacidad de los bancos para otorgar préstamos. A esto se sumó una mayor flexibilización normativa para canalizar financiamiento en moneda extranjera.
El comportamiento de las tasas también jugó un rol determinante. Hacia fines de 2025, el costo del crédito en pesos se ubicó en niveles elevados en términos reales, lo que desincentivó su utilización. En paralelo, las tasas en dólares se mantuvieron estables y en línea con los promedios históricos, reforzando el atractivo de esta opción para los productores.
En este contexto, otro dato relevante es la solidez financiera del sector: los niveles de cumplimiento se mantuvieron altos, con una amplia mayoría de los créditos en situación regular. Este desempeño refuerza la percepción del agro como un sujeto de crédito confiable dentro del sistema bancario.
En conjunto, los datos reflejan no solo un crecimiento del financiamiento, sino también una reconfiguración estructural en la forma en que el sector agrícola accede al crédito, con una marcada dolarización que responde tanto a variables macroeconómicas como a la lógica propia de una actividad fuertemente orientada a la exportación.

























