Un nuevo mes impacta de lleno en el bolsillo de los inquilinos. Mayo llega con actualizaciones en los contratos de alquiler, pero no bajo un esquema único: conviven distintos modelos según la fecha de firma y la normativa vigente en cada momento.
Hoy el mercado funciona con tres tipos de contratos, aunque el foco de los aumentos se concentra en dos: los acuerdos ajustados por inflación (IPC) y los que aún siguen bajo el índice Casa Propia.
En el caso de los contratos más recientes —firmados tras la derogación de la ley de alquileres—, el mecanismo predominante es el ajuste trimestral o cuatrimestral atado al IPC. Para mayo, ese incremento alcanza el 12,56%, tomando como referencia el último dato disponible del Indec.
Traducido a números concretos, un alquiler de $600.000 pasa a ubicarse en torno a los $675.000, mientras que uno de $900.000 supera el millón de pesos.
Por su parte, los contratos firmados bajo el programa Casa Propia —vigentes en el breve período posterior a la modificación de la ley en 2023— registran en mayo su último ajuste semestral, con una suba del 15,13%.
En paralelo, aunque ya sin peso dominante, persisten algunos acuerdos que utilizan el Índice de Contratos de Locación (ICL). En esos casos, los aumentos —cuando corresponden— se ubican por debajo de la inflación, en torno al 9,32%.
El dato de fondo es que el mercado ya cambió de lógica. La gran mayoría de los contratos nuevos se firman bajo libre negociación, con plazos más cortos (dos años) y ajustes frecuentes en función de la inflación.
En ese contexto, mayo también marca el cierre de muchos contratos firmados en 2023 bajo el esquema anterior —tres años y actualización anual—. Quienes deban renovar se enfrentan ahora a condiciones completamente distintas, tanto en periodicidad de ajustes como en valores iniciales.
Con un mercado que tiende a recalibrarse mes a mes, la referencia ya no es la ley sino la inflación. Y ahí está hoy el verdadero ancla del precio de los alquileres.

























