La histórica cadena de electrodomésticos Garbarino atraviesa su tramo final. Tras la quiebra decretada en marzo, la Justicia comercial avanza con la liquidación de la empresa, un proceso que incluye el cierre de los últimos locales y la venta de sus bienes para afrontar la deuda con acreedores.
En este escenario, aparece una incógnita central: qué ocurrirá con la marca, considerada hoy el activo más valioso de la compañía.
La marca, el único capital con potencial
Con la estructura operativa prácticamente desmantelada, sin stock relevante ni red comercial activa, el foco del proceso judicial se desplazó hacia los activos intangibles. Entre ellos, la marca sobresale por su posicionamiento histórico en el mercado argentino.
Durante décadas, Garbarino llegó a ser líder en la venta de electrodomésticos y electrónica, con más de 200 sucursales y miles de empleados. Ese reconocimiento de marca —construido a lo largo de más de 70 años— es hoy lo único que conserva valor estratégico.
Por eso, la sindicatura solicitó abrir un proceso específico para preservarla y eventualmente sacarla a la venta, una decisión que marca un cambio de lógica: ya no se busca salvar la empresa, sino capitalizar su nombre.
Liquidación en marcha
En paralelo, el proceso de quiebra avanza sobre el resto de los activos. Ya comenzó el cierre de los últimos tres locales activos en la Ciudad de Buenos Aires y la liquidación del stock remanente, en gran parte obsoleto.
También ingresan en la etapa de venta otros bienes, como:
- Plantas industriales en Tierra del Fuego
- Depósitos logísticos
- Inventario residual
Todos estos activos pasarán a manos de la sindicatura para su realización, con el objetivo de cancelar parte del pasivo.
Un final sin rescate, pero con una marca en disputa
Los intentos de salvataje fracasaron. No hubo compradores en el proceso de cramdown ni inversores dispuestos a reestructurar la compañía.
Sin embargo, la historia de Garbarino podría no terminar del todo.
La marca queda ahora como una pieza codiciada, con potencial para ser adquirida por otro jugador del mercado que busque capitalizar su reconocimiento sin cargar con la estructura ni las deudas del pasado.
En un proceso donde todo se liquida, el nombre es lo único que todavía puede tener futuro.


























