La industria metalúrgica opera al 40% de su capacidad y pierde empleo

La actividad volvió a retroceder en mayo y profundiza una tendencia que preocupa al sector. Desde ADIMRA advierten que la caída alcanza a casi todos los rubros, aumenta la capacidad ociosa y pone en riesgo la supervivencia de miles de pymes.

La industria metalúrgica argentina atraviesa una de las etapas más delicadas de los últimos años. La caída de la actividad, la baja utilización de la capacidad instalada y la pérdida sostenida de puestos de trabajo conforman un escenario que genera creciente preocupación entre empresarios y dirigentes sectoriales.

Según el último informe elaborado por la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), la producción registró en mayo una contracción interanual del 5,1%, un resultado que no solo interrumpió la recuperación observada en meses anteriores, sino que profundizó la tendencia negativa que viene afectando a gran parte de la industria.

Desde la entidad señalaron que el retroceso fue más intenso que la mejora registrada durante el mes previo, reflejando las dificultades que enfrenta el sector para recuperar niveles sostenidos de actividad.

La retracción se observa en prácticamente todos los segmentos metalúrgicos. Entre los rubros más afectados aparecen la fundición, con una caída cercana al 9%; la maquinaria agrícola, que retrocedió alrededor de 8,5%; los fabricantes de bienes de capital, con una baja próxima al 7%; y el equipamiento médico, que mostró un descenso superior al 6%.

La única excepción fue el segmento de carrocerías y semirremolques, que logró exhibir una leve mejora respecto del mismo período del año anterior.

Sin embargo, el dato que más inquieta a los industriales es el nivel de utilización de la capacidad instalada. Actualmente, las plantas metalúrgicas operan en promedio apenas al 40% de su potencial productivo, lo que implica que seis de cada diez máquinas permanecen sin actividad.

La situación resulta especialmente preocupante para los fabricantes de bienes de capital, un sector que suele ser uno de los primeros en percibir el impacto positivo de las inversiones productivas. Desde ADIMRA sostienen que todavía no se observa un efecto derrame sobre la actividad industrial que permita revertir la tendencia.

El deterioro también se refleja en el mercado laboral. De acuerdo con las estimaciones sectoriales, ya se perdieron más de 22.000 empleos metalúrgicos registrados. Si se consideran actividades relacionadas y trabajadores que se desempeñan fuera de convenio, la cifra ascendería a cerca de 30.000 puestos de trabajo.

La problemática golpea especialmente a las pequeñas y medianas empresas, que representan la inmensa mayoría de los socios de la entidad. Muchas firmas continúan operando gracias al aporte de recursos propios, mientras intentan sostener sus estructuras productivas a la espera de una mejora en la demanda.

A las dificultades derivadas de la caída de la actividad se suma un problema estructural que los industriales consideran central: la pérdida de competitividad frente a empresas de otros países que cuentan con financiamiento accesible, incentivos fiscales y políticas de promoción industrial.

Desde el sector sostienen que la competencia internacional no se da únicamente entre empresas, sino entre sistemas productivos respaldados por Estados que impulsan activamente sus cadenas industriales. Mientras las compañías argentinas enfrentan elevados costos financieros, sus competidores acceden a créditos subsidiados, programas de incentivo a la inversión y herramientas para promover las exportaciones.

Si bien reconocen que la estabilidad macroeconómica es una condición necesaria para recuperar la actividad, los industriales consideran que no alcanza por sí sola. En ese sentido, reclaman medidas orientadas a fortalecer la producción nacional, mejorar las condiciones de financiamiento y promover el desarrollo de cadenas de valor que permitan recuperar competitividad y sostener el empleo.

Con un nivel de actividad que sigue mostrando señales de debilidad y una capacidad ociosa que se mantiene en niveles históricamente elevados, la metalurgia enfrenta el desafío de atravesar una coyuntura compleja sin perder su entramado productivo, compuesto mayoritariamente por pymes que constituyen uno de los principales motores industriales del país.

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