Trigo: Que el nitrógeno no margine el rendimiento

El nitrógeno es un macronutriente indispensable para todos los cultivos, y el trigo lógicamente no es la excepción.

Lamentablemente, los suelos de la pampa húmeda no pueden soportar por sí solos las altas producciones que se pueden obtener; en consecuencia, si no se quiere perder la oportunidad de rendimiento que el ambiente propone, debemos fertilizar el cultivo a fin de que “no pase hambre”, y pueda así potenciar el rendimiento.

Dependiendo del contenido de proteína que el grano alcance –por ejemplo, considerando una base comercial del 11%–, la necesidad de nitrógeno, para un rendimiento determinado, será distinta.

Pero antes que nada, hay que recordar que otros factores también inciden, como el material genético utilizado. Hay variedades que privilegian el rendimiento en pos de un contenido de proteína bajo y otras que, con un rendimiento menor, producen granos con más cantidad de proteína.

Lo deseable para el productor es encontrar una buena combinación entre ambos indicadores: obtener el mayor rendimiento, con un contenido de proteína que, al menos, se ubique dentro de la base comercial.

Pasada esta instancia, ahora sí viene la pregunta: ¿cuánto nitrógeno requiere un trigo para producir una tonelada de grano?

No es un interrogante de una sola respuesta: el valor es variable, fundamentalmente por los factores antes mencionados. De todos modos, la variación puede ir de 25 a 35 kilogramos por hectárea (kg/ha).

Considerando así un valor medio, de 30 kg/ha, la pregunta siguiente es: ¿Cuánto queremos producir? Y aquí sí la respuesta es más sencilla y directa: el productor siempre contesta “lo máximo que pueda”.

En este punto, volvemos al inicio: solo con las condiciones que ofrece el ambiente no es posible conseguir un rendimiento alto: si queremos lograr 6.000 kg/ha, hay que “ayudar” al trigo a conseguirlo.

Cálculos

Si realizamos una cuenta rápida, para alcanzar un rendimiento objetivo de 6.000 kg/ha con un trigo que para generar una tonelada necesita 30 kg de nitrógeno, estaríamos necesitando que el cultivo incorpore 180 kg/ha del nutriente antes mencionado.

De movida, hay también una pregunta inicial a responder: ¿Cuánto nitrógeno puede entregarnos un suelo en un cultivo invernal? Seguramente mucho menos, dado que durante el inverno la tasa de mineralización es baja, a causa de las temperaturas frías que también permanecen durante gran parte del ciclo del cultivo.

Y aun considerando los 180 kg/ha que estamos necesitando, no quiere decir que disponiéndolos se encuentre todo resuelto. Esto se debe a que hay eficiencias y las mismas nunca son en ningún proceso del 100 por ciento; en consecuencia, la cantidad que el cultivo debería disponer sería mucho más que la descripta para obtener ese rendimiento. Entonces surge el momento de calcular qué cantidad de nitrógeno debemos incorporar para que el cultivo alcance el rinde proyectado.

Dosificar

Cuando tenemos que trabajar con dosis pesadas de nitrógeno, una buena estrategia es particionar la cantidad de nutriente a utilizar, combinando distintas formas de aplicación como la fertilización foliar.

Por ejemplo, se podría partir de una aplicación inicial a la siembra  del 60 por ciento del nitrógeno requerido por el cultivo, que previamente calculamos en base a un análisis de suelo, rendimiento objetivo, estado hídrico del lote y perspectivas climáticas, entre otros factores.

El 40 por ciento restante, o incluso un poco más, dependiendo de cómo venga el año y el cultivo, se puede sumar en el macollaje. De esta manera, también podemos lograr una especie de “seguro” ante contingencias climáticas desfavorables, lo que implicaría una pérdida importante del fertilizante nitrogenado aplicado, cuando originalmente lo planeamos como una buena inversión. Por eso aplicar el nitrógeno dividido es una ayuda a poder mitigar estas situaciones.

Cualquier fertilizante aplicado al suelo, por más soluble que este sea, necesita de una lluvia para poder llegar a la solución del mismo y a partir de allí poder, si es que está como nitrato, ser incorporado por la planta. Caso contrario, debería el cultivo esperar a que ocurran todas las trasformaciones químicas hasta que llegue a ese estado. Con una aplicación foliar esto no sucede, dado que la posibilidad de penetrar dentro de la planta es muy alta y lo hace en poco tiempo. Diversos estudios realizados al respecto cuantifican al nitrógeno como una de las moléculas más rápidas en penetrar al interior de una hoja cuando es aplicado en forma foliar: considerando un lapso de dos horas a partir de la aplicación, en general ya se incorpora el 50 por ciento de lo aplicado.

Por último, otra forma de mejorar el rendimiento e inclusive la calidad o ambas a la vez, es que el cultivo reciba dosis adicionales de nitrógeno vía foliar en estados próximos a la espigazón; es decir, en hoja bandera expandida, espiga embuchada, o directamente espigado. Incluso se podría ir más adelante aún, sabiendo la premisa de que cuanto más tarde vayamos con la aplicación, más efectos positivos es posible ocasionar sobre el nivel de proteína del grano y no tanto sobre el rendimiento del mismo.

Esto, ciertamente va a depender en gran medida del “status nutricional” que presente el cultivo al momento de la aplicación. Si la dosis de nitrógeno suministrada inicialmente fue escasa, aplicaciones tardías de un fertilizante nitrogenado foliar pueden ayudar a remediar parte de la carencia.

La planta es la que decide y siempre decidirá, en primera instancia, formar más grano, y luego enfocará sus esfuerzos en la calidad. Por eso, podemos concluir que la aplicación de un fertilizante foliar puede jugar como algunos jugadores en “varios puestos”, y esto nos da una mano para mejorar determinadas situaciones que a menudo ocurren en la producción triguera, y que derivan en alcanzar el doble objetivo de un alto rendimiento con una buena calidad del grano obtenido.

Autor: Ing Luis Ventimiglia

Comentarios