El mercado internacional de soja comenzó a transitar un escenario que, según Fernando Botta, era esperado desde el inicio de la cosecha argentina 2025/26 y el comienzo de la siembra de la campaña 2026/27 en el hemisferio norte.
En aquel momento, el analista advertía que los precios internacionales no incorporaban dos factores capaces de generar una fuerte volatilidad: un eventual problema climático y el regreso de la demanda china de soja al mercado estadounidense.
“El escenario esperado ya llegó”, plantea Botta, al analizar la evolución reciente de los mercados agrícolas.
El clima, efectivamente, comenzó a jugar un papel relevante, aunque el impacto fue mucho más fuerte sobre los cereales que sobre la soja. Según datos del IGC, entre los grandes exportadores de trigo, Estados Unidos registra una caída del 23% en su producción respecto de la campaña 2025/26; Australia, otro 23%; Argentina, 24%; y Kazajistán, 17%.
En maíz, las pérdidas también son significativas: Estados Unidos resignaría un 6% de su producción, la Unión Europea más de un 20% y Brasil alrededor de un 3%. “El clima efectivamente hizo su parte y golpeó fuerte la producción de cereales, fundamentalmente en Europa”, señala Botta.
China volvió a comprar soja estadounidense
El comportamiento de la soja fue diferente. El mercado no sufrió un impacto climático de magnitud, pero sí recibió un fuerte impulso por la reaparición de China como comprador de soja estadounidense.
Al 31 de agosto, China ya tenía reservadas 6,5 millones de toneladas de soja de la campaña 2026/27 estadounidense. A esa cifra se suman otras 4,5 millones de toneladas con destinos todavía no identificados, aunque existe la sospecha de que una parte importante también tenga como destino China.
El dato adquiere especial relevancia porque la producción mundial de soja para la campaña 2026/27 está proyectada en alrededor de 442 millones de toneladas. Sin embargo, tanto la producción estadounidense como la brasileña todavía están sujetas a modificaciones.
“Lo cierto es que, con el ritmo actual de compras chinas, el objetivo acordado entre Donald Trump y Xi Jinping de 25 millones de toneladas de soja estadounidense enviadas a China para el ciclo 2026/27 puede ser una realidad”, sostiene el especialista.
Para Estados Unidos, el escenario también resulta significativo. Con una producción estimada en 122 millones de toneladas y exportaciones por unos 45 millones, los stocks finales se ubicarían alrededor de los 8,5 millones de toneladas, un nivel que, según Botta, resulta compatible con valores cercanos a los actuales US$480 por tonelada.
Pero hay un elemento que, para el analista, no debe perderse de vista: el ciclo comercial 2026/27 recién comienza. “El ciclo comercial 26/27 empieza el 1° de septiembre y queda mucho camino por delante”, advierte.
El dólar y una posible transformación del mercado
A los factores coyunturales propios del mercado agrícola se suman elementos macroeconómicos que podrían modificar el escenario de los commodities durante los próximos años.
Botta pone el foco en la sostenibilidad de la deuda de los países desarrollados y, particularmente, en la situación fiscal de Estados Unidos. El país presenta un déficit fiscal cercano al 7% y una deuda equivalente a alrededor del 120% de su PBI.
En ese contexto, una parte importante de los operadores interpreta que la deuda podría licuarse mediante una mayor emisión de dólares, lo que a su vez podría generar una depreciación de la moneda estadounidense.
El índice dólar se ubica actualmente en torno a 99,5 puntos. Para Botta, una caída por debajo de 96 podría abrir la puerta a un movimiento mucho más pronunciado.
“Una caída por debajo de los 96 podría habilitar una fuerte baja del dólar Index hacia la zona de 75, nivel que llevó a la soja a los US$600 en 2008”, plantea.
Sin embargo, el analista aclara que se trata de un escenario que todavía debe confirmarse y cuya evolución podría resultar determinante para el mercado de commodities durante los próximos años. “Este proceso hay que confirmarlo y moldeará los precios de acá al 2030/32”, sostiene.
Commodities y oportunidades para América Latina
Otro elemento que Botta considera relevante es el impacto que puede tener un escenario favorable para los commodities sobre las economías latinoamericanas.
“Con un contexto de commodities favorables, las bolsas latinoamericanas siempre respondieron favorablemente, por lo que un escenario positivo para commodities es positivo para toda la economía de la región”, afirma.
La mirada, por lo tanto, excede al mercado de granos. Una mejora sostenida de los precios internacionales de las materias primas podría generar efectos positivos sobre los mercados financieros y las economías de los países productores.
Soja 2026/27: la oportunidad está en administrar el riesgo
Con este escenario como telón de fondo, Botta pone el foco en la estrategia que deberían adoptar los productores para administrar la campaña 2026/27.
La soja nueva se encuentra en niveles que, a su criterio, justifican analizar alternativas de cobertura. Con valores cercanos a US$360 por tonelada, el margen bruto por hectárea sería aproximadamente un 55% superior al que se obtendría con una soja de US$310.
“Ahora, mirando la administración del ciclo productivo 26/27, resulta muy interesante asegurar este nivel de precios para la soja nueva”, explica.
Pero existe una condición: todavía falta mucho para la cosecha y, durante ese período, puede aparecer un problema climático en Sudamérica que genere una nueva escalada de precios.
Por eso, Botta considera que cualquier estrategia de cobertura debería mantener abierta la posibilidad de capturar una eventual suba.
Entre las alternativas menciona la posibilidad de asegurar un piso de US$344 para mayo de 2027, con una inversión de unos US$8; otra estrategia que permitiría asegurar ese mismo piso con una inversión de US$3, aunque estableciendo un techo de US$380.
También plantea una alternativa más agresiva: vender futuros cuando aparezca una señal de debilidad en la tendencia alcista, esperar el comienzo de la cosecha estadounidense —un período que históricamente suele ejercer presión sobre las cotizaciones— y luego comprar un call de soja mayo para cubrirse ante un eventual problema climático en Sudamérica.
“Esta opción es más arriesgada, pero podría dejarnos un piso de precios de US$360 y, con una inversión de US$5, exponernos a casi toda la suba, si es que existiese”, explica.
Un escenario que cambió
La conclusión de Botta es que el mercado presenta hoy condiciones sensiblemente diferentes a las que se observaban al comienzo del ciclo.
La demanda china sobre Estados Unidos, los problemas productivos registrados en distintos países exportadores de cereales, la situación del dólar y la posibilidad de que los commodities ingresen en una etapa más favorable configuran un escenario que, a su juicio, ofrece nuevas oportunidades. “El escenario cambió. Es mucho mejor de lo esperado”, resume.
Sin embargo, el analista introduce una última advertencia que excede al comportamiento de los mercados y apunta directamente a la gestión de las empresas agropecuarias. “El éxito de las empresas siempre lo definió el management, nunca el contexto”.
Para Botta, entonces, el desafío no pasa solamente por acertar hacia dónde irá la soja, sino por administrar correctamente el riesgo, asegurar márgenes atractivos y conservar capacidad de respuesta frente a los cambios que todavía puede ofrecer el mercado.
























