Lecciones sobre la mora y el crédito

Por Lara Rodríguez Punti– Miembro del área de Investigaciones Socioeconómicas del Grupo Joven Fundación Libertad

La mora de las familias en el sistema bancario alcanzó 12,9% en julio, un nuevo máximo, sin embargo, en agosto logró bajar a 12,8%, según el Informe sobre Bancos del BCRA. Por línea, en julio los préstamos personales marcaron 17%, las tarjetas 12,2%, los prendarios 8,1% y los hipotecarios apenas 1,5%.

El BCRA subraya que el sistema se mantiene sólido: las previsiones cubren 87,6% (ratio de cobertura de morosidad) de la cartera irregular y los bancos informaron más de 500.000 refinanciaciones. El problema, entonces, está en los hogares más que en los balances de los bancos, aunque en el mes de agosto incrementó levemente a 3,80% el crédito a las empresas.

La mora se explica en mayor parte por el ingreso con el que se paga. Según el BCRA, el servicio de la deuda bancaria absorbía 24,1% de la masa salarial registrada en abril, su último dato disponible. Desde entonces el mercado laboral no mejoró. Según el INDEC, la desocupación fue de 7,9% en el segundo trimestre (una suba interanual que el organismo no consideró estadísticamente significativa) y la informalidad pasó de 43,2% a 45%. En el empleo registrado, la Secretaría de Trabajo informó que el empleo asalariado privado cayó por decimocuarto mes consecutivo en julio. En agosto, según su Encuesta de Indicadores Laborales, se mantuvo sin cambios y quedó 0,9% por debajo de un año atrás. Los salarios tampoco compensan: según el INDEC, en julio los del sector privado registrado subieron 29,7% interanual y los del sector público 31%, frente a una inflación de 33,8%. No hay una medición oficial que atribuya la mora a estos factores, sin embargo, coinciden en el tiempo.

¿Cayó el consumo donde creció el crédito?

Teniendo en cuenta que no existe una medición oficial que cruce crédito con consumo por tipo de bien, lo que muestra el INDEC es un consumo debilitado. En el segundo trimestre, el consumo privado cayó 2,4% frente al trimestre anterior y el PIB retrocedió 0,6%. En la comparación interanual, el consumo privado apenas avanzó 0,4%.

En supermercados, las ventas a precios constantes bajaron 2,1% interanual en julio y 2,7% en el acumulado del primer semestre; en mayoristas, 1,1%-; Del lado del crédito, el Informe Monetario del BCRA muestra que los préstamos personales cayeron 0,8% real, mientras los de garantía real crecieron 2,2%, impulsados por el hipotecario. El crédito en pesos equivale a 9,1% del PIB, un nivel bajo, pero alto para Argentina en comparación a otros años.

La lectura prudente es que el crédito de consumo dejó de empujar y que el ingreso de los hogares pesa tanto como la deuda. La mora no explica toda la debilidad del consumo, pero marca el límite de un impulso financiado con tasas altas.

La estabilización y el crédito: un patrón conocido

Cuando una economía baja la inflación, la moneda recupera su función de ahorro, las tasas se vuelven previsibles y el crédito se expande. Es el resultado esperable de un plan de estabilización y también su principal riesgo.

Brasil lo vivió con el Plan Real, lanzado en 1994. La estabilización trajo un auge del consumo y del crédito, y en 1995 el Banco Central debió intervenir bancos que habían expandido en exceso su cartera, como el Económico y el Nacional. México siguió un camino parecido: tras estabilizar y privatizar la banca, el crédito creció con fuerza y la cartera vencida se disparó con la crisis de 1994-1995, lo que derivó en un costoso rescate bancario. La propia Argentina, después de la Convertibilidad de 1991, remonetizó su economía y expandió el crédito, hasta que el Tequila de 1995 provocó una corrida bancaria.

¿Dónde estamos hoy?

La baja de inflación ya ocurrió: de 117,8% en 2024 a 31,5% en 2025. Pero en 2026 se estancó. En septiembre fue de 1,9% mensual, con 23,6% acumulado y 33,4% interanual, y el Presupuesto 2026 preveía una inflación de 10,1% (suelen proyectar una inflación más baja en el presupuesto oficial como una herramienta de ancla de expectativas y para limitar el gasto público indexado, las negociaciones paritarias estatales y los subsidios)

A diferencia de los casos clásicos, el crédito a las familias se expandió con tasas reales altas y antes de que los salarios se recompusieran. Hoy la mora convive con una ola de refinanciaciones que posponen el problema, pero no lo resuelven.

La enseñanza de otros países es doble. Una estabilización incompleta convierte el crédito en un adelanto de consumo que se paga con intereses, y un sistema financiero solvente no equivale a hogares solventes. Que el crédito vuelva a ser motor dependerá de que los salarios y las tasas converjan hacia un equilibrio sostenible.

 

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