Por Gabriel Trilla – Miembro del área de investigaciones socioeconómicas del Grupo Joven de la Fundación Libertad.
A tres meses de terminar el año, la minería argentina ya exportó más que en todo 2025: 6.723 millones de dólares entre enero y septiembre, un récord histórico. Sin embargo, cuando se habla de los dólares que van a sacar al país adelante, casi nadie piensa en la minería. Todos dicen Vaca Muerta. ¿Por qué un sector que bate sus propios récords sigue en segundo plano?
Un año récord
Los números del sector no tienen antecedentes. Según la Secretaría de Minería, las exportaciones de los primeros nueve meses crecieron un 59,3% respecto de 2025 y se ubican un 135% por encima del promedio de los últimos quince años. Ya representan casi 9 de cada 100 dólares que exporta la Argentina.
Además, la minería es uno de los pocos sectores que le dejan al país más dólares de los que consume, junto con el campo y la energía.
Para todo 2026, la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) proyecta ventas por unos 9.240 millones de dólares, un 52% más que el año pasado.
Oro, litio y cobre: el presente y la promesa
Detrás del récord hay tres historias distintas. La primera es la del oro, que sostiene el presente: con 4.019 millones de dólares exportados, explica seis de cada diez dólares de las exportaciones del sector.
La segunda es la del litio, el mineral que más crece. Sus exportaciones llegaron a 1.624 millones de dólares, un 173% más que el año pasado, y ya representan una cuarta parte del total. La producción pasó de 35.000 toneladas en 2022 a 116.000 en 2025, y CAEM espera unas 172.000 toneladas este año. La Argentina ya es el cuarto productor mundial y forma parte del llamado “triángulo del litio”, junto con Chile y Bolivia.
La tercera es la del cobre, la gran promesa. El país tiene recursos estimados en casi 118 millones de toneladas, buena parte en San Juan, pero no produce cobre a
gran escala desde 2018, cuando cerró Bajo de la Alumbrera. Hoy sus exportaciones son prácticamente nulas. Si los proyectos avanzan, el Gobierno estima que en diez años el país podría producir 1,64 millones de toneladas de cobre por año.
RIGI: los proyectos y la inversión
El motor de esa promesa es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que ofrece estabilidad fiscal, aduanera y cambiaria por 30 años a proyectos de más de 200 millones de dólares. La minería es el sector que más lo aprovechó: casi la mitad de los proyectos presentados al régimen son mineros. Hoy hay 13 proyectos mineros aprobados y otros 4 en evaluación, con una cartera que ronda los 40.000 millones de dólares. Entre ellos están grandes proyectos de cobre como Vicuña (BHP y Lundin Mining) y Los Azules (McEwen Copper), ambos en San Juan.
Para las empresas, el cambio es concreto. Según CAEM, con el RIGI la carga tributaria de los proyectos baja a entre el 38% y el 40%, frente a más del 50% sin el régimen. Eso se traduce en inversión: la cámara espera desembolsos de unos 2.500 millones de dólares este año, 4.500 millones en 2027 y entre 7.000 y 7.500 millones anuales a partir de 2028.
El problema es el tiempo. Una mina de cobre tarda años en construirse, y la mayoría de los grandes proyectos recién entraría en producción hacia 2030. Gran parte de esta inversión es una apuesta a futuro, no dólares de hoy.
Por qué se habla más de Vaca Muerta
Ahí está la primera gran diferencia con Vaca Muerta: el petróleo neuquino ya produce, y en cantidades récord. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, la producción de petróleo crecería un 16% este año y superaría el máximo histórico de 1998. En el primer semestre, la balanza energética dejó un superávit de 6.987 millones de dólares, un 87% más que en 2025 y el mayor de la historia. Para todo el año podría superar los 12.000 millones.
Lo curioso es que, en exportaciones, la distancia no es tan grande como parece: en el primer semestre, la minería exportó el equivalente al 77% de lo que vendió el complejo de petróleo y gas. La diferencia se encuentra en otro lado. La energía, además de exportar, le ahorra al país importar gas y combustibles. Por eso explicó casi 7 de cada 10 dólares del superávit comercial de 2025, y por eso impacta directamente en las tarifas, en las reservas del Banco Central y en el día a día de la economía. La minería, en cambio, solo suma por el lado de las exportaciones.
Las trabas de la minería
Pero la diferencia no es solo de tamaño. La minería arrastra problemas propios, y el primero está escondido en su propio récord. El oro se exporta por más dinero porque está más caro, pero en realidad se produce menos: las cantidades exportadas cayeron un 28,9% este año. Si los precios internacionales bajan, buena parte del récord desaparece. El único mineral que crece de verdad en volumen es el litio, con un aumento del 45%.
El segundo problema es su peso en la economía. Aun con estos números, la minería explica apenas el 0,6% del PBI, el 0,9% de la recaudación y unos 33.000 empleos directos, el 0,5% del empleo privado registrado. En Chile, que comparte la misma cordillera, representa más del 13% de su economía. Además, la actividad está muy concentrada: cinco provincias explican el 98% de las exportaciones mineras, y en Catamarca y San Juan la minería es más del 90% de todo lo que exportan. Para buena parte del país, es una actividad lejana.
El tercero es la licencia social. Los recursos mineros pertenecen a las provincias, y en algunas la sociedad dijo que no. Chubut prohíbe la minería a cielo abierto desde 2003, y en Mendoza un intento de habilitarla terminó en 2019 con protestas masivas y una marcha atrás del gobierno. La reforma de la Ley de Glaciares de este año, que deja en manos de cada provincia qué zonas proteger, se aprobó por 137 votos contra 111 y terminó en la Justicia. El debate está lejos de cerrarse.
Lo que viene
Si los proyectos se concretan, el salto puede ser enorme: CAEM estima que las exportaciones mineras podrían llegar a 22.000 millones de dólares hacia 2032, con unos 200.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos. Pero el camino no es inmediato. La propia cámara proyecta que en 2027 las exportaciones crecerían apenas un 3%, hasta que el cobre empiece a producir.
La minería argentina tiene hoy algo que le faltó durante décadas: reglas que atraen inversiones y precios internacionales a favor. Lo que todavía no tiene es lo que hizo grande a Vaca Muerta: producción sostenida en el tiempo y un consenso que la convierta en una política de Estado, y no en la apuesta de algunos gobernadores. Para lograrlo no alcanza con anunciar proyectos. Hace falta que esos proyectos se conviertan en minas, que las comunidades vean los beneficios de cerca y que los controles ambientales sean creíbles.


























