Durante décadas, fue parte de una de las postales más reconocibles de la costa rosarina. Ahora, el Barco Ciudad de Rosario prepara su regreso al Paraná y todo indica que volverá a encontrarse con el río hacia fines de octubre de 2026, en el comienzo de una nueva etapa para una embarcación que forma parte de la memoria de varias generaciones.
El barco se encuentra actualmente en proceso de restauración y puesta en valor, con trabajos destinados tanto a recuperar su estructura como a actualizar sus condiciones técnicas y de seguridad. La intención de sus nuevos propietarios es que vuelva a operar desde la Estación Fluvial con una propuesta renovada, pensada no solo para los rosarinos sino también para quienes llegan a la ciudad como turistas.
“Venimos muy bien trabajando a conciencia, pronto estaremos saliendo a navegar para fines de octubre y con una propuesta renovada para el turista, para el ciudadano local y bueno, aprovechando que se viene la época estival y a pasar un buen verano con todos los rosarinos.” anticipó Alejandro Di Pangrazio, uno de los tres socios actuales del Ciudad de Rosario.
Un barco que es parte de la historia rosarina
El Ciudad de Rosario tiene una historia particular. Su origen se remonta a una embarcación de bandera brasileña que fue adquirida en desuso por Raúl Oficialdegui, pionero de la actividad fluvial local, quien decidió reconstruirla prácticamente desde cero.
Entre 1964 y 1971, el barco fue reconstruido en el astillero Riguetti, ubicado frente al Gigante de Arroyito. Finalmente, realizó su primera navegación en febrero de 1971 y quedó ligado desde entonces a la vida turística y recreativa de la ciudad.
Con el paso de los años, se convirtió en un clásico de la ribera. Sus recorridos por el Paraná y las islas, los eventos a bordo y las distintas propuestas vinculadas al río hicieron que el barco trascendiera su función como embarcación para convertirse en parte del paisaje y de la identidad de Rosario.
Después de más de cinco décadas en manos de la familia Oficialdegui, a fines de diciembre fue adquirido por tres jóvenes socios rosarinos, que asumieron el desafío de recuperar el barco y darle una nueva vida.
29 metros de historia sobre el Paraná
El Ciudad de Rosario tiene 29 metros de eslora y seis metros de manga. Una vez finalizadas las tareas de restauración, estará preparado para transportar hasta 335 pasajeros, incluida la tripulación.
La embarcación cuenta con dos motores diésel de 250 caballos de potencia cada uno, aunque justamente uno de los principales cambios de esta nueva etapa estará relacionado con la forma de propulsión.
El proyecto prevé que los motores y el generador eléctrico funcionen con biodiésel, una modificación que permitirá reducir al menos un 75% las emisiones de gases de efecto invernadero respecto del uso de gasoil convencional. De concretarse bajo estas características, será una experiencia pionera para una embarcación de estas dimensiones en el país.
Paseos, escuelas y nuevas experiencias
La idea es que el regreso no sea simplemente la recuperación de un paseo tradicional, sino que el barco pueda ampliar su propuesta y convertirse nuevamente en una plataforma para descubrir el río.
Entre las alternativas previstas aparecen navegaciones por el Paraná y el delta, recorridos corporativos vinculados al cordón portuario, propuestas educativas para escuelas, eventos privados y actividades culturales.
El proyecto también apunta a fortalecer el vínculo de Rosario con el río y con las islas, incorporando propuestas relacionadas con el turismo de naturaleza y el turismo educativo, además de generar nuevas experiencias para visitantes.
En ese sentido, la recuperación del barco se plantea como una iniciativa que articula al sector privado con organismos públicos locales y provinciales, con la mirada puesta en potenciar la actividad turística y recuperar un espacio que durante años tuvo un lugar destacado en la vida de la ciudad.
Una vuelta esperada
El regreso del Ciudad de Rosario tiene, además, un componente emocional. Para muchos rosarinos, volver a verlo navegar significará recuperar una imagen conocida de la costa y reencontrarse con un barco que acompañó paseos, celebraciones y momentos familiares durante décadas.
Esta vez, la apuesta es que esa historia pueda continuar con una mirada hacia el futuro. A fines de octubre, si se cumplen los plazos previstos, el Ciudad de Rosario volverá a soltar amarras para recorrer nuevamente el Paraná y recuperar su lugar como uno de los grandes emblemas fluviales de la ciudad.
























