La rentabilidad de la producción agrícola mostró una mejora en julio de 2026, luego de un primer semestre marcado por una trayectoria negativa. El repunte estuvo explicado principalmente por la recuperación de las cotizaciones de los granos y, en menor medida, por una reducción de algunos costos productivos.
De acuerdo con el último Monitor de Márgenes Agrícolas de IERAL de Fundación Mediterránea, elaborado sobre cuatro modelos productivos que combinan zona geográfica y régimen de tenencia de la tierra, el margen neto alcanzó en julio los US$411 por hectárea para un productor propietario de la zona núcleo y los US$83 para un propietario de la zona extrapampeana.
Entre los productores que trabajan sobre campos alquilados, la situación fue considerablemente más ajustada: el margen llegó a US$43 por hectárea en la zona núcleo, mientras que en la zona extrapampeana permaneció en terreno negativo, con -US$148 por hectárea.
El estudio toma como referencia establecimientos de 500 hectáreas, con una rotación del 50% de soja y 50% de maíz, y distingue entre campos propios y arrendados en zona núcleo y extrapampeana. Los resultados son teóricos y buscan medir la evolución de la ecuación económica a partir de cambios en precios, costos e impuestos, manteniendo constantes los parámetros productivos de cada modelo.
La soja y el maíz explicaron el repunte
El principal impulso para la mejora de julio llegó por el lado de los ingresos. Según IERAL, el ingreso del establecimiento modelo aumentó un 7% real mensual, como consecuencia de la recuperación de las cotizaciones de los granos.
El precio FOB de la soja pasó de US$417 por tonelada en junio a US$452 en julio, lo que representó una suba real del 8,6%. En el caso del maíz, la cotización aumentó de US$197 a US$208 por tonelada, con una mejora del 5,4%.
Los costos también tuvieron un comportamiento favorable para los productores propietarios. En julio, los costos totales del establecimiento modelo se redujeron un 1,5% real mensual, tanto en la zona núcleo como en la extrapampeana.
En cambio, para los arrendatarios la ecuación fue diferente. Sus costos aumentaron 1,9% en la zona núcleo y 0,5% en la extrapampeana, principalmente porque los contratos de alquiler están expresados en toneladas de soja. La suba del precio del cultivo que mejoró los ingresos también encareció el arrendamiento, en unos US$44 por hectárea en zona núcleo y US$22 en la extrapampeana.
Una mejora que todavía no alcanza
Pese al repunte de julio, la rentabilidad agrícola continúa por debajo de los niveles registrados en el promedio de la serie 2018-2025.
Los márgenes del último mes quedaron entre US$135 y US$183 por hectárea por debajo del promedio histórico, según el modelo analizado. Los mejores resultados de la serie se habían registrado entre comienzos de 2021 y fines de 2022, en un contexto de precios internacionales particularmente favorables para los granos.
La situación se vuelve todavía más exigente cuando se incorpora el costo del financiamiento. El informe simula un escenario en el que el 50% de los insumos se financia mediante deuda en pesos. En ese caso, los márgenes de julio se reducen entre US$35 y US$54 por hectárea respecto del escenario de autofinanciamiento.
Para el arrendatario de la zona núcleo, el margen quedaría prácticamente en cero, mientras que el productor arrendatario de la zona extrapampeana continuaría siendo el único modelo con resultado negativo.
La presión impositiva, otro factor clave
El informe también pone el foco sobre la carga tributaria que soporta la actividad agrícola. Durante los últimos doce meses, entre agosto de 2025 y julio de 2026, los impuestos absorbieron el 55,4% del excedente económico generado por una hectárea en la zona núcleo y el 76,4% en la zona extrapampeana.
La diferencia no implica que en la zona extrapampeana se paguen necesariamente más impuestos en términos absolutos. El problema, según IERAL, es que allí el excedente económico es menor debido a los menores rindes, los mayores costos productivos y la mayor distancia a los puertos.
Dentro de la estructura tributaria, los Derechos de Exportación (DEX) tienen un peso determinante. En los últimos doce meses representaron 32,2 puntos porcentuales de la carga tributaria en la zona núcleo y 53,1 puntos en la extrapampeana. El impuesto a las Ganancias explicó otros 17,7 y 8 puntos, respectivamente.
¿Qué pasaría sin retenciones?
El trabajo incorpora además un ejercicio contrafáctico para estimar cómo habría sido la rentabilidad durante los últimos doce meses si los Derechos de Exportación sobre soja y maíz hubieran sido cero.
Bajo ese supuesto, el margen neto promedio del productor propietario en zona núcleo habría pasado de US$420 a US$632 por hectárea, una mejora de US$212, mientras que la carga tributaria habría descendido del 55,4% al 33% del excedente económico.
En la zona extrapampeana, el efecto habría sido todavía mayor en términos relativos: el margen habría aumentado de US$101 a US$261 por hectárea, una mejora de US$160, mientras que la carga tributaria habría bajado del 76,4% al 39,3%.
El estudio aclara que no toda la reducción de los DEX se convertiría directamente en mayor rentabilidad del productor. Parte de esa pérdida de recaudación sería compensada por una mayor recaudación de otros impuestos, principalmente Ganancias.
De acuerdo con la estimación, por cada US$100 por hectárea que el Estado dejara de recaudar por retenciones, alrededor de US$70 se transformarían en un mayor margen para el productor y los US$30 restantes volverían al Estado mediante otros tributos.
El propio informe advierte que se trata de un ejercicio estático y de corto plazo, que no contempla cambios en las decisiones productivas, precios, arrendamientos, tipo de cambio ni una eventual expansión del área sembrada ante una eliminación de los derechos de exportación.
Así, el dato de julio deja una señal positiva para el negocio agrícola, pero todavía insuficiente para hablar de una recuperación plena. La mejora de los precios de los granos permitió recomponer márgenes, aunque los costos financieros, el valor de los arrendamientos y, especialmente, la presión tributaria continúan condicionando la rentabilidad de la actividad.
























