Vaca Muerta, litio y agro: los sectores que pueden cambiar la escala de la economía argentina

Referentes de la energía, la minería y la agroindustria coincidieron en que Argentina tiene una oportunidad para ampliar su capacidad productiva y exportadora, aunque advirtieron que serán determinantes la estabilidad de las reglas, el financiamiento y las inversiones en infraestructura.

Argentina atraviesa una etapa en la que tres sectores estratégicos podrían convertirse en grandes generadores de inversión, empleo y divisas: Vaca Muerta, la minería y el complejo agroindustrial. El potencial es significativo, pero transformar esos recursos en crecimiento sostenido requiere superar obstáculos vinculados con infraestructura, financiamiento, competitividad y previsibilidad.

El diagnóstico surgió durante el encuentro “Experiencia IDEA Rosario”, donde empresarios y especialistas analizaron las perspectivas de la economía argentina y coincidieron en que el país cuenta con sectores capaces de incrementar fuertemente su producción y sus exportaciones.

Vaca Muerta: producir a mayor escala

En el caso de los hidrocarburos, el desafío pasa por consolidar el crecimiento de Vaca Muerta y avanzar hacia una operación cada vez más eficiente. Ricardo Ferreiro, presidente de Exploración y Producción de Tecpetrol, explicó que el desarrollo del yacimiento ingresó en una etapa que la compañía define como un “modelo de fábrica”, basado en la optimización y estandarización de los procesos.

Para alcanzar un verdadero salto de escala, estimó que el sector debería movilizar inversiones de entre US$20.000 millones y US$25.000 millones anuales. Ese volumen de actividad también tendría un fuerte impacto sobre proveedores y empresas industriales vinculadas al sector energético. Según señaló, podrían requerirse alrededor de 400.000 toneladas anuales de estructuras metálicas.

Uno de los desafíos propios del shale es el elevado ritmo de declino de los pozos. Ferreiro señaló que un pozo no convencional puede perder cerca del 70% de su producción durante el primer año, lo que obliga a mantener una actividad constante de perforación para sostener los niveles productivos.

La incorporación de tecnología aparece como otro factor clave. Tecpetrol cuenta con un centro de control remoto en Buenos Aires capaz de procesar millones de datos por hora y centralizar operaciones de equipos de perforación.

Litio y cobre: una minería que busca ganar escala

La minería aparece como el segundo gran componente de esta ecuación. Ignacio Celorrio, vicepresidente ejecutivo de Lithium Argentina, puso el foco en una cuestión central: contar con recursos naturales no garantiza por sí mismo desarrollo económico. Para que ese potencial se traduzca en actividad, es necesario avanzar con inversiones y proyectos productivos.

El litio argentino ya experimentó un fuerte crecimiento. Según Celorrio, el país pasó de una capacidad de producción de unas 35.000 toneladas a una proyección de 100.000 toneladas para 2026, aun en un escenario marcado por una fuerte volatilidad en los precios internacionales.

Pero la mirada de la industria va más allá del litio. El cobre aparece como una de las grandes apuestas de largo plazo, especialmente porque Argentina todavía no registra producción significativa de este mineral.

En este punto, el ejecutivo destacó el papel del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y del contexto geopolítico para facilitar proyectos que requieren horizontes de planificación de entre 10 y 15 años. A diferencia de otras actividades productivas, la minería necesita largos períodos de maduración antes de alcanzar su máximo potencial.

El agro, entre productividad y presión impositiva

El tercer motor identificado es el complejo agroindustrial. Fernando Cozzi, presidente de Cargill Argentina, destacó la eficiencia alcanzada por la industria local, particularmente en materia de molienda, aunque advirtió que la presión tributaria continúa siendo un obstáculo para ampliar la producción.

Uno de los principales cuestionamientos estuvo dirigido a los derechos de exportación. Según planteó, este tipo de tributos termina impactando sobre las decisiones productivas y limita la capacidad de los productores para asumir riesgos asociados a nuevas tecnologías y a las condiciones climáticas.

Para el ejecutivo, recuperar rentabilidad resulta fundamental para que el agro pueda volver a dinamizar inversiones y actividad. También reclamó mayor estabilidad en las reglas de juego y evitar cambios discrecionales motivados por necesidades de corto plazo.

El desafío que atraviesa a los tres sectores

Más allá de las particularidades de cada actividad, los empresarios coincidieron en que el potencial productivo de Argentina necesita infraestructura y condiciones que permitan transformar los recursos en producción y exportaciones.

Fernando Marengo, chief economist de BlackTORO, planteó que energía, minería y agro tienen una elevada productividad y capacidad para generar divisas, pero advirtió que el crecimiento de estos sectores demandará inversiones adicionales en infraestructura.

El impacto podría extenderse a múltiples actividades. Como ejemplo, estimó que una mayor intensidad en el uso de los recursos productivos podría generar una demanda adicional de unos 10.000 camiones para transportar la cosecha, con el consecuente efecto sobre el empleo, el transporte y las inversiones.

La oportunidad, entonces, no se limita a incrementar la extracción de petróleo, producir más litio o aumentar las exportaciones agroindustriales. El desafío para Argentina consiste en construir alrededor de esos sectores una cadena de valor capaz de multiplicar su impacto sobre el resto de la economía.

En ese proceso, la previsibilidad, el acceso al financiamiento y la infraestructura aparecen como condiciones centrales para que el potencial de estos tres sectores deje de ser una promesa y se convierta en un nuevo ciclo de crecimiento a mayor escala.

Comentarios