Alberto Fernández, presidente Mandato Cumplido

La asunción de Sergio Massa como ministro de Economía parece simbolizar el final del período presidencial de Alberto Fernández.

Por Ernesto Edwards – Filósofo y periodista – @FILOROCKER 

La reinstauración de la democracia, allá por finales de 1983, trajo una costumbre de parte de los políticos que habían vuelto a la arena, que era que habiendo completado un período a cargo de una banca legislativa (o un puesto en el Poder Ejecutivo), necesitaban referenciarse con algo, habida cuenta de que su vida, formación y trayectoria eran tan mínimas e intrascendentes que necesitaban una etiqueta para seguir teniendo presencia en ese mundo. De esa carencia sobrevino la patética costumbre de encargar la impresión de tarjetitas personales en las que rezaba “Fulanito de Tal, legislador (o lo que fuese) m. c.”. El “m. c.” escondía la vergüenza de reconocer que en realidad significaba “Mandato Cumplido”, una fórmula que creían les permitiría sobrevivir en la densa jungla política, y chapear entre los vecinos que, aunque ya no lo eran, algo seguían siendo.

Este miércoles, luego de la despedida de Martín Guzmán y el papelón del interinato de Silvina Batakis, el abogado y líder del Frente Renovador Sergio Tomás Massa asumió, en el marco de una pompa propia de una asunción presidencial o de alguna monarquía europea, el cargo de ministro de Economía, una arena movediza sobre la que muchos opinan pero de la que muy pocos entienden, considerando que a pocos meses de cumplirse tres años del comienzo del mandato presidencial de Alberto Fernández, el país -y su economía- se encuentran en situación de desastre, entre inflación, estrechez de reservas, brecha cambiaria, índices de pobreza y desempleo y demás restricciones que hacen penosa la vida de la mayoría de los argentinos.

Siempre costó algún trabajo, más allá de leer los estatutos de cada gremio, entender de qué iban los Secretarios Adjuntos de cada Comisión Directiva. No sabíamos si gobernaban en paralelo, si se repartían el poder de decisión, si el Adjunto representaba al General en su ausencia, si era un cargo más para dejar contento a su portador, o qué. Los años y la difusión de su significado nos hicieron conocer su real dimensión. Y, desde su asunción, Sergio Massa se convirtió en una especie de Presidente Adjunto, para mayor desgracia y humillación del ahora presidente M. C. Alberto Fernández, considerando el rol decorativo al que se lo está reduciendo.

Una salida considerablemente más elegante concibió para él mismo Joseph Ratzinger, hoy con 95 años, quien siendo Sumo Pontífice del catolicismo -como Benedicto XVI-, cansado del desgaste físico y de los escándalos que se le avecinaban, decidió abdicar y, conocedor del Derecho Canónico y su historia, ubicarse como una especie de Papa jubilado pero con derechos, a un costadito del actual, con el título de Emérito. Es decir, sigue siendo Papa, usa la misma sotana blanca que el actual, conserva los privilegios, puede publicar encíclicas, pero ya nadie puede molestarlo, retirado definitivamente como parece estar. El argentino Jorge Bergoglio, su sucesor -hoy Francisco-, un kirchnerista hábil para la praxis política palaciega sabe que el anciano predecesor no está en condiciones de provocarle demasiados inconvenientes. Y, por las dudas, está pensando en hacer lo mismo que Ratzinger. Por analogía, Alberto Fernández acaba de convertirse, también, en el presidente emérito de Argentina. Y el religioso argentino, ya lo hemos visto, desde que asumió en 2013 siempre fue más Bergoglio que Francisco. Y, valga la obviedad, Massa seguirá siendo Massa, el mismo que proponía transitar “la ancha avenida del medio”, y quien hoy está presentado, en un simulacro, como el ejemplo de moderación de un oficialismo que no se caracteriza, precisamente, por la tolerancia hacia sus opositores.

Lo que le pasó a Alberto Fernández era más que previsible. Lo anticipamos al comienzo mismo de su período, cuando publicábamos en esta Columna lo ridículo de su rol como Maestro Siruela, entre grititos y dedos acusadores, a la hora de conducir la política nacional cuando sobrevino una pandemia que requería mayores y mejores reflejos para decidir cómo proteger al país y sus habitantes. Pero se robaron las vacunas, se establecieron vacunatorios VIP, no se compraron las marcas más seguras y efectivas, tuvieron casi 150 mil muertos, se encerró a los argentinos, se destruyó la economía, y se violaron los DNU con los que Fernández amenazaba y llenaba de reproches, cuando “la querida Fabiola” celebraba su cumple en la quinta de Olivos.

Alberto asumió con la letanía de que volvían mejores y serían un gobierno de científicos. Pero terminó aburriéndonos con excusas como el “Ah, pero Macri”, el Covid 19 y la invasión rusa a Ucrania. Alberto tuvo su oportunidad. Problemas tuvieron todos, alrededor del mundo. Pero Fernández fracasó estrepitosamente. Y por ello llegó el momento de Massa, el super ministro, el canciller, el prime minister, el nuevo jefe de Alberto, que ya está acostumbrado desde que siempre se aguantó a la viuda de Kirchner marcándole la cancha en todo momento y lugar. No es casual el comentario de que a Alberto Fernández le están buscando alguna actividad para que se entretenga y no moleste. Por otra parte, su agenda ya no es noticia: antes de tomar juramento a Massa viajó a Catamarca y ningún medio lo levantó.

Entre 1811 y 1812 nuestro país tuvo dos Triunviratos que como juntas de gobierno decidieron nuestros destinos, como única opción posible para esa coyuntura. Podríamos creer que Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa serían una especie de Tercer Triunvirato. Pensarlo así sería un error. No hay dudas de que el poder en la Argentina sólo se disputa entre CFK y Sergio Massa. No hay espacio para Alberto. Nunca lo hubo. Baste con mirar, a continuación, el cuadro actual de la división de espacios de poder, a nivel nacional.

A Alberto Fernández sólo le quedaron Santiago Cafiero (Canciller), Miguel Pesce (BCRA), Julio Vitobello (Secretario General), Claudio Moroni (Trabajo), Vilma Ibarra (Legal y Técnica -y novia del escribano general de la Nación-) y Juan Manuel Olmos (Vicejefe de Gabinete). Para CFK juegan Wado De Pedro (Interior), Juan Manzur (Jefe de Gabinete), Luana Volnovich (PAMI), Fernanda Raverta (Anses), Jorge Taiana (Defensa) y Elizabeth Gómez Alcorta (Género). No hay dudas de que fundamentalmente maneja las cajas más importantes. También responden a ella Martín Soria (Justicia), Jaime Perczyk (Educación), Daniel Filmus (Ciencia), Tristán Bauer (Cultura), Juan Cabandié (Medioambiente) y Jorge Ferraresi (Desarrollo Territorial y Hábitat). Y por si todo fuera poco, también le reportan Carlos Castagneto (AFIP), Darío Martínez (Secretario de Energía), Federico Basualdo (el intocable Subsecretario de Energía Eléctrica), Federico Bernal (Enargás) y Pablo González (YPF). Nada menos.

Veamos lo que tendrá Sergio Massa: Economía, Desarrollo Productivo y Agricultura, Alexis Guerrera (Transporte), Malena Galmarini (AYSA), Cecilia Moreau (Presidente Cámara de Diputados), Guillermo Michel (Aduana). También es cierto que no queda muy en claro para dónde dispararían, si llegara el desbande, Juan Zabaleta (Desarrollo Social), Gabriel Katopodis (Obras Públicas), Carla Vizzotti (Salud), Aníbal Fernández (Seguridad), Matías Lammens (Turismo), Mercedes Marcó Del Pont (Asuntos Estratégicos). Pero tampoco preocupan demasiado.

Mirando los tres planteles, no caben dudas de que el poder se lo disputarán Cristina Fernández y Sergio Massa, que es de lo que trata la pelea. No es por ideología. Se trata de poder y de caja para ambos, y de impunidad para Cristina. Alberto mira el partido de afuera.

Massa, con sus primeros anuncios y movimientos buscará dar el mensaje de que achicará el Estado, fortalecerá las reservas del BCRA y atacará la inflación y la pérdida del poder adquisitivo. Algo ya anticipó el primer día, luego de su coronación, que vino a significar como si fuera el inicio o reseteo de un nuevo gobierno. Con un abogado como ministro de Economía. Pero, claro, nos avisan que “a Sergio lo va a asesorar Axel”. Nos quedamos más tranquilos, entonces. No estamos descubriendo nada si decimos que la Economía no sólo depende de tener un buen plan sino también de la credibilidad y la confianza que inspiren sus ejecutores y funcionarios. Y estos muchachos nunca inspiraron nada de ello.

Últimos apuntes: atención con la ley de Acefalía y el regalito que deja Massa en la Cámara de Diputados con Cecilia Moreau como nueva presidente. Además, ojalá que Massa no termine como “El muerto”, el aleccionador cuento de Jorge Luis Borges. Porque es más que suficiente un país que agoniza.

Alberto Fernández ya es presidente M. C. Y una especie de presidente emérito. Y, lo más grave, uno de los peores de la historia.

 

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