La Anónima comenzó a ejecutar la integración operativa de los hipermercados que adquirió este año al Grupo Libertad, en una de las operaciones más relevantes del negocio supermercadista argentino de los últimos tiempos. La transición ya se refleja en distintas provincias del interior, donde las sucursales involucradas iniciaron agresivas liquidaciones de mercadería antes del recambio de marca y formato comercial.
La cadena controlada por la familia Braun cerró en marzo la compra de 12 de los 14 hipermercados de Libertad, propiedad del grupo salvadoreño Calleja. La operación incluyó además un centro de distribución estratégico y locales en plazas clave como Rosario, Córdoba, Tucumán, Salta, San Juan, Rafaela, Posadas y Santiago del Estero.
El proceso de traspaso se extenderá hasta fines de mayo y, en varias ciudades, ya comenzó la etapa previa de vaciamiento de stock y adecuación de las tiendas. En sucursales como las de Posadas y San Juan se multiplicaron las promociones y descuentos, con rebajas que llegan hasta el 70% en rubros como bazar, textiles, artículos para el hogar, limpieza y alimentos seleccionados.
La estrategia apunta a reducir al máximo la mercadería existente antes de que La Anónima avance con la renovación estética y operativa de los establecimientos. En algunos casos, incluso, ya se observan sectores completos sin góndolas ni productos, anticipando el inicio de las obras de reconversión.
En San Juan, referentes sindicales del sector comercial señalaron que los locales permanecerán cerrados durante algunos días para realizar modificaciones internas y adaptar las instalaciones al formato de la cadena patagónica. El recambio incluirá nueva cartelería, reorganización comercial y actualización de la oferta de productos.
La adquisición sorprendió dentro del sector supermercadista porque se concretó en un escenario de consumo todavía débil y márgenes ajustados para las grandes cadenas. Sin embargo, para La Anónima la operación representa una expansión estratégica en regiones donde históricamente tenía menor presencia y le permite ganar escala logística y comercial en el centro y norte del país.
A nivel laboral, el traspaso mantiene abiertos algunos focos de tensión. Al anunciarse la compra, las empresas informaron que más de 1.600 trabajadores de las sucursales conservarían sus puestos durante el cambio de control. No obstante, en Córdoba comenzaron a surgir advertencias sobre posibles recortes en áreas administrativas.
Según trascendió, las desvinculaciones podrían concentrarse en sectores vinculados a contabilidad, recursos humanos y relación con proveedores, áreas donde La Anónima ya cuenta con estructuras propias consolidadas. Las estimaciones indican que los ajustes podrían afectar entre 80 y 100 empleados.
Desde el entorno empresario aseguran que el grupo Calleja cumplirá con las indemnizaciones y condiciones previstas por la legislación laboral para quienes queden fuera de la nueva estructura.
Mientras tanto, el holding salvadoreño no planea retirarse de Argentina. Por el contrario, la compañía buscará profundizar su negocio inmobiliario en el país, especialmente a través del desarrollo y administración de centros comerciales y activos asociados a los hipermercados que dejó de operar.
Con esta movida, La Anónima refuerza su posicionamiento entre las principales cadenas del retail argentino y acelera una expansión que redefine el mapa supermercadista en buena parte del interior del país.




























