La esquina de Córdoba e Italia, una de las más reconocibles del Paseo del Siglo, comenzó hoy una nueva etapa. Allí, donde durante décadas funcionó el tradicional bar Pan y Manteca, abrió sus puertas Artisan, un nuevo proyecto gastronómico que busca recuperar el espíritu de un lugar que forma parte de la memoria cotidiana de muchos rosarinos.
El proyecto es de carácter familiar y tiene a Carmela Ritagliati, arquitecta y una de las responsables del emprendimiento, al frente de la intervención. La apuesta no pasa solamente por sumar una nueva propuesta gastronómica, sino también por darle una nueva vida a una esquina que durante generaciones funcionó como punto de encuentro.
“Era una esquina histórica de Rosario, que para muchos rosarinos era su casa, su segunda casa”, cuenta Ritagliati. Desde esa idea partió el proyecto: reconvertir el inmueble sin perder el vínculo que la ciudad construyó con ese lugar y generar un espacio donde puedan encontrarse abuelos, padres, hijos, nietos y amigos.
Una esquina con historia
El inmueble llegó a manos de los nuevos responsables en octubre de 2025, después del cierre de Pan y Manteca, el bar que había ocupado ese espacio durante 36 años. A partir de allí comenzó una intervención integral para actualizar el edificio, pero manteniendo algunos de sus elementos más reconocibles.
La obra implicó trabajar sobre instalaciones, pisos e infraestructura, además de reorganizar los distintos ambientes. Sin embargo, la intención fue conservar aquellos rasgos que permiten reconocer inmediatamente la esquina: la fachada, las columnas interiores y los grandes ventanales.
La arquitectura tuvo un papel central en esa transformación. Ritagliati explica que uno de los primeros desafíos fue trabajar sobre un espacio cuya estética anterior podía transmitir una sensación más oscura. Los grandes ventanales, en cambio, ofrecían una oportunidad para potenciar la entrada de luz natural.
Así apareció el azul como color protagonista. Después de analizar distintas alternativas, eligieron una tonalidad azul grisácea, pensada para transmitir calma y, al mismo tiempo, dialogar con la historia del edificio.
“Fue difícil la elección de la tonalidad del azul. Llegamos a un azul grisáceo que nos transmite calma y también remite a la historia del edificio que nos contiene”, explica la arquitecta.
Más espacio y nuevas visuales
Uno de los cambios más importantes se produjo en la distribución interna. La intervención permitió liberar parte de la planta alta, al trasladar los baños al subsuelo.
Ese movimiento generó una planta más abierta, con mayor amplitud, mejores visuales hacia la ciudad y más capacidad para disponer las mesas.
La organización del nuevo espacio también busca aprovechar una de las principales características de la esquina: sus ventanales. La planta baja tiene una barra como uno de los puntos centrales y mesas ubicadas en relación con las aberturas, para aprovechar tanto las visuales como la iluminación natural.
En el subsuelo se incorporará sectores de estar y un espacio que podrá utilizarse para encuentros privados o reuniones cerradas.
Una propuesta que mira a París y al trabajo artesanal
Artisan abrió con una propuesta que tiene como ejes la cafetería, la pastelería y la panificación artesanal, con elaboración propia dentro del establecimiento.
El propio nombre elegido para el proyecto resume parte de esa búsqueda. Artisan significa “artesano” en inglés y francés y refiere a quien produce con técnicas tradicionales, atención al detalle y una fuerte valoración por la calidad del trabajo.
En ese sentido, el concepto busca recuperar el valor de lo hecho con oficio y trasladarlo a una propuesta gastronómica contemporánea, con inspiración parisina y una producción que se desarrolla en el mismo local.
Volver a encontrarse
Más allá de la obra y de la propuesta gastronómica, el proyecto tiene para sus responsables un componente emocional. Para Ritagliati, que combina su profesión de arquitecta con una familia vinculada desde hace años al rubro gastronómico, Artisan representa la posibilidad de unir esas dos experiencias.
“Siempre lo soñamos con mi familia. Este es un proyecto familiar. Yo siendo arquitecta y estando dentro del rubro de la gastronomía por mi familia, siempre fue un sueño mezclar las dos pasiones”, resume.
Ahora, con las puertas abiertas, comienza una nueva etapa para una esquina que durante décadas fue escenario de encuentros.
“Está pensado todos los detalles para que vengan a pasar un momento hermoso y crear nuevas historias”, señala la arquitecta.
Así, en una zona donde conviven edificios históricos, comercios, oficinas, bares y nuevas propuestas gastronómicas, Córdoba e Italia vuelve a encender sus luces y le da a una esquina con historia una nueva oportunidad de ser punto de encuentro para los rosarinos.

























