La crisis de SanCor entró en una etapa determinante. Luego de que la empresa solicitara su propia quiebra ante la Justicia santafesina, comenzaron a delinearse dos caminos posibles para intentar rescatar una de las marcas más emblemáticas de la industria alimenticia argentina: reconvertirse en una sociedad anónima o avanzar hacia una cooperativa de trabajadores.
El expediente tramita en el Juzgado Civil y Comercial de Rafaela, donde el magistrado deberá resolver sobre la continuidad operativa, el destino de los acreedores y la situación de cientos de empleados que aún dependen de la compañía. Según distintas fuentes del sector, la definición podría acelerarse en las próximas semanas, en paralelo con la asamblea extraordinaria convocada para el 30 de abril.
Dos modelos en pugna
Por un lado, el estudio Regali trabaja en una propuesta orientada a transformar SanCor en una sociedad anónima, esquema que permitiría el ingreso de nuevos capitales privados, reestructuración societaria y un relanzamiento comercial bajo una figura más flexible para atraer inversores.
En paralelo, desde sectores cercanos a Atilra, el gremio de los trabajadores lecheros, se impulsa una salida basada en una cooperativa integrada por trabajadores, con foco en preservar puestos laborales, sostener la producción y aprovechar el valor de una marca todavía reconocida en el mercado.
El propio sindicato dejó entrever esa posibilidad al señalar que una eventual quiebra “no constituye un final sino el comienzo de una nueva etapa”, con la marca SanCor liberada de las estructuras que la llevaron al colapso.
Una empresa quebrada financieramente
SanCor llega a esta instancia tras años de deterioro operativo, venta de activos, caída de producción y conflictos laborales. Según trascendió, arrastra deudas por unos US$120 millones, además de ocho meses de salarios impagos y obligaciones con proveedores, organismos públicos y entidades financieras.
El contraste con su pasado es contundente: de procesar millones de litros diarios y liderar el mercado lácteo argentino, hoy opera con capacidad mínima y una dotación fuertemente reducida.
Qué se juega
La discusión excede a una empresa. SanCor tiene plantas industriales, impacto regional en Santa Fe y Córdoba, miles de productores vinculados históricamente y una marca con fuerte presencia emocional en consumidores argentinos.
El interrogante ahora es si prevalecerá una solución de mercado, con nuevos dueños y capital privado, o un esquema autogestionado por trabajadores. En cualquiera de los casos, el desafío será el mismo: volver rentable una compañía que durante años no logró sostener su estructura.

























