Cómo cultivar orégano y tomillo

Valoradas por su aroma, el tomillo y el orégano realzan el sabor de las comidas y ayudan a controlar –de manera natural o biológica– las plagas que dañan los cultivos de la huerta. A diferencia de las hortalizas, estas hierbas se desarrollan en suelos pobres en nutrientes y con poca agua, se adaptan a los lugares muy soleados y hasta crecen en pequeñas macetas. Fáciles de multiplicar, técnicos del INTA explican cinco opciones para llevar adelante su siembra.

“A medida que se extienden, estas especies forman unas matas compactas que es necesario dividir para mantener plantas sanas y jóvenes”, indicó Mónica Filippi, especialista en cultivos hortícolas del INTA Chivilcoy –Buenos Aires– y del Prohuerta, acerca de la importancia de realizar una renovación habitual de los cultivos a fin de asegurar su fortaleza.

Filippi dijo que el principal secreto para potenciar el aroma del tomillo y del orégano es ubicarlas en balcones o canteros bien expuestos al sol y orientados al norte. “El nivel de contenido de aceites esenciales, que brinda el aroma característico y determina su uso como condimento, depende de la intensidad de la luz solar que recibe la planta”, observó.

De acuerdo con la especialista, cualquiera de estas aromáticas puede cultivarse en el suelo o en contenedores con una profundidad no menor a los 35 cm. “Se adaptan muy bien a suelos pobres y el déficit hídrico, pero no a condiciones de encharcamiento, debido a que son sensibles al exceso de agua y sus raíces requieren mucha aireación”, agregó.

Cinco estrategias

“Según el tipo de planta que se disponga, será la opción que se elija para llevar a cabo el cultivo”, afirmó Filippi, y destacó la importancia de contar con un sustrato aireado como requisito para lograr un trasplante exitoso.

Semillas. Una manera de hacer la multiplicación es preparar los almácigos en primavera a partir de semillas. “Sólo los oréganos europeos pueden generarse de esta forma y, en el caso del tomillo, es conveniente realizar una siembra muy superficial dado el tamaño casi diminuto de las semillas”, expresó Filippi.

Acodo. En su versión simple, esta técnica se aplica cuando la planta madre posee tallos muy delgados, flexibles y sin textura leñosa. “Se realiza durante la primavera y se trata de enterrar una porción del tallo de la planta madre –libre de hojas– en otro recipiente sin separarlo de la planta original, mientras que la otra parte se deja al aire libre y con algunas hojas”, detalló la especialista.

Acodo por amontonamiento. Es una variante del acodo tradicional que resulta de utilidad cuando los tallos no son lo suficientemente largos y flexibles. Según explicó la técnica del INTA, esta práctica se efectúa en primavera y consiste en colocar en la base de la planta una capa de tierra fértil o sustrato –de 7 a 12 cm de espesor– que, al oscurecer las yemas, emite nuevas raíces y plantas.

Esquejes. Son pequeños trozos de tallo que, deshojados en su base y con algunas hojas en su porción terminal, estimulan la formación de raíces. Esta posibilidad requiere la plantación de cuatro yemas o más en un sustrato aireado al comienzo del otoño –cuando las temperaturas son moderadas– y el empleo de tallos de 3 mm de diámetro y de entre 5 y 10 cm de largo.

División de matas. Esta estrategia sirve para recuperar plantas envejecidas y rejuvenecerlas. “Se trata de una opción muy sencilla: hay que desenterrar el pie de la hierba –mata– y dividirlo según el tamaño de la planta madre, con la precaución de que cada nuevo individuo resulte equilibrado en cantidad de tallos y raíces”, señaló Filippi. (Fuente: INTA)

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