Acoplarse a los cambios

Y utilizar las nuevas herramientas. Para Belloso, es clave para no desaprovechar las oportunidades que enfrenta el sector. ON24 en Aapresid.

El reconocido ingeniero agrónomo y presidente honorario de Aapresid César Belloso participó de la primera jornada del XXVII Congreso de Aapresid “30:10000 Conciencia Suelo” brindando una interesante disertación titulada “La evolución del asesor agrícola en el tiempo”. La premisa –según explicó–  fue compartir su experiencia como asesor técnico ya retirado, dar su visión de los cambios que vivió y transmitir su entusiasmo por la etapa que se presenta para el profesional del agro. “Los ingenieros agrónomos se han enfrentado a grandes cambios en muy poco tiempo, lo que da cierta incertidumbre porque empiezan a ser otros los conocimientos para abordarlos”, dijo, a modo de introducción. En esta entrevista repasó algunos de esas transformaciones, enumeró los principales desafíos y dejó un legado para las nuevas generaciones de colegas.

¿Cuáles son los cambios más significativos que fue experimentando el agro argentino y que, de algún modo, pusieron a prueba la capacidad de adaptación de los asesores agrícolas?

—Podemos hablar del cambio que experimentó el agro a principio de los años 80, lo que significó la soja en esos años, la aparición de la siembra directa con su visión sistémica. Y todo esto potenciado luego con la aparición de la biotecnología y la mejora que eso supuso en los sistemas de producción. Hay fenómenos que tímidamente fueron apareciendo a fines de los 90 y que hoy en día empieza a estar presente como es la gran capacidad de manejar datos. Durante este siglo estamos viendo una gran transformación en la industria de los alimentos que suponen un desafío y una gran oportunidad para el profesional del agro. También está todo lo relacionado al ambiente, al abordaje de lo biológico desde una visión sistémica, la descarbonización del planeta, donde nosotros podemos hacer mucho por la mitigación del cambio climático. Hoy es importante todo lo referido a los biomas, particularmente a ser responsables en los sistemas de producción con una visión integral, holística. Ahí el ingeniero agrónomo tiene un gran valor y hoy cuenta con muchas más herramientas por lo que ha sido el avance tecnológico. Podemos mencionar imágenes satelitales, mapas de rendimiento, hasta un satélite que nos brindará datos a nivel de los lotes.

Y ante esos avances constantes ¿Cómo juega la capacidad de adaptación del ingeniero agrónomo? ¿Se nota la brecha generacional?

Todo esto que menciono obliga a integrar conocimientos, a ir a la interdisciplinariedad, a estar permanentemente abiertos a la incorporación de lo nuevo. No se trata de recibirse y nada más. Yo cuando me recibí obtuve un montón de criterios y ahora me actualizo en forma permanente para ponerlos en práctica acorde a los tiempos que corren. Nosotros nos adaptamos. Por eso no veo que exista una brecha para el ingeniero agrónomo de mi generación. El ingeniero agrónomo con trayectoria se acopla a los cambios, los absorbe. Por ejemplo, a nosotros no nos enseñaron nada del cultivo de soja porque era una rareza en ese momento, y tampoco no enseñaron nada de geo-referenciación ni de biotecnología. Pero con los criterios tomados de la facultad, los principios básicos, uno pudo ir comprendiendo esas nuevas tecnologías y adoptarlas. Ahí es donde viene la responsabilidad del profesional de estar a la altura del momento que está viviendo.

En ese sentido, ¿qué opinión te merece el auge de las AgTech?

—Creo que de alguna manera se asume el desafío de pensar de qué modo yo aprovecho todas las tecnologías disponibles para automatizar o generar información con registro para la toma de decisiones más eficientes en una actividad como el agro, que venía muy retrasada en aplicación de tecnología. Pero AgTech también significa hacer correcto un sistema de producción no solo en lo relacionado a la digitalización. Porque la tecnología aplicada al agro no se limita a lo digital o a un dispositivo que permite manejar en tiempo real tal o cual cosa.  Esas son ventajas que tenemos como profesionales y que nos van a permitir manejar mucho mejor los sistemas que estamos conduciendo.

¿Y ahí aparece, con el conocimiento y el criterio, el rol diferencial del profesional?

—Sí, porque es clave una idea de comunicar lo que corresponda según el sistema y en función del criterio adquirido en la universidad. Cada momento es una bisagra, un salto. Antes había momentos definidos, como la aparición de los híbridos. Hoy, por la tecnificación, la aparición de tecnología, el desarrollo en genética, todo lo que tenemos disponible, esas bisagras son constantes y se producen casi en el momento en que voy cumpliendo mi rol. Ese lema histórico de Aapresid que dice que “el desafío es innovar” es lo que hace apasionante la agronomía de los próximos años para los profesionales jóvenes, porque implica cada vez más oportunidades de cumplir un rol clave en una producción agrícola sostenible.

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