Con la cotización del dólar oficial promediando los $1.520 para la venta en las pizarras bancarias tradicionales, la búsqueda de la cotización más baja dejó de ser una manía de una minoría para convertirse en una necesidad generalizada. En un mercado donde unos pocos pesos de diferencia por unidad representan un impacto directo en el presupuesto, los usuarios apelan cada vez más a comparar precios antes de concretar una compra.
“Cuando el precio comienza a moverse, las personas se resguardan en dólares aún más y el ahorrista se vuelve mucho más sensible a diferencias en la cotización. Ya no da lo mismo comprar en cualquier lugar. En nuestro caso particular, ya que durante el 60% del mes de julio tuvimos la cotización más baja, detectamos el pico de compra más alto del año”, señala Vanesa Di Trolio, Business Manager de Reba.
Sin embargo, la compra de divisas no es la única jugada del ahorrista inteligente. Di Trolio destaca que, tras asegurar la reserva de valor en dólares, la tendencia actual apunta a usar el plazo fijo para cubrir gastos cotidianos o mensuales.
Al igual que con el tipo de cambio, la tasa de interés (TNA) varía significativamente entre entidades.
“Así como los usuarios comparan la cotización del dólar antes de comprar, también siguen de cerca los cambios en la TNA de los plazos fijos. Un ajuste de algunos puntos porcentuales puede modificar la conveniencia de mantener pesos invertidos, adelantar una colocación o incluso priorizar la dolarización de los ahorros”, sostiene Vanesa.
En el contexto económico actual, marcado por la subida de cotización y aumento de precios, la fórmula es simple: comparar cotizaciones y usar instrumentos de inversión con el menor costo.


























