Libertad como motor de desarrollo y crecimiento

Por Romero PellegriniJuan Sebastián Torrano
Estudiantes de Economía

Introducción 

En repetidas ocasiones se ha escuchado al presidente argentino, Javier Milei, declarar que los países más libres son doce veces más ricos que los países reprimidos, por esa razón, el presente informe tiene como objetivo realizar una comparación entre la libertad económica de los diversos países y su PIB per cápita, su Índice de Desarrollo Humano y su tasa de desempleo. Luego, tomaremos los países del G20 y haremos la misma comparación para verificar si estas relaciones se mantienen al considerar las mayores potencias del mundo. 

Los datos empleados provienen de fuentes reconocidas a nivel internacional. En primer lugar, el Índice de Libertad Económica fue tomado del estudio elaborado por la Heritage Foundation, que califica a los países con una puntuación del 0 al 100, siendo 0 los más reprimidos y 100 los más libres. Este índice resulta del promedio de doce pilares que evalúan tamaño estatal, eficiencia regulatoria, apertura de mercados y respeto por el imperio de la ley. Para evitar distorsiones coyunturales, se tomó el promedio de los últimos cinco años de cada país. 

El PIB per cápita por Paridad de Poder Adquisitivo fue elegido en lugar del PIB total, dado que este último varía en función del tamaño poblacional distorsionando los resultados. Se utilizaron los datos del Banco Mundial y se promedió el valor de los últimos dos años disponibles para cada país. El Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), combina esperanza de vida, nivel educativo e ingreso nacional bruto per cápita; los datos utilizados corresponden al año 2023. Finalmente, la tasa de desempleo fue obtenida del Banco Mundial, calculada como el promedio de los últimos tres años con información disponible, con el fin de evitar el efecto del desempleo estacional.

Relación LIbertad Económica-PIB per cápita 

En este gráfico se ordenaron los países de menor a mayor libertad económica en el eje horizontal y se representó el PIB per cápita acumulado en el eje vertical. De este modo, se observa cómo se distribuye la riqueza mundial en función de los niveles de libertad económica. Los resultados son contundentes: el 20% de los países menos libres acumula apenas el 6,6% del total del PIB per cápita global, el 40% menos libre alcanza el 13,8% y la mediana, correspondiente al 50%, llega sólo al 20,2%. En contraste, el 20% de los países más libres concentra el 46,8% del total del PIB per cápita mundial. 

La curva resultante se aleja considerablemente de la línea de igualdad, mostrando una concentración muy marcada del ingreso en los países más libres. En términos comparativos, los países con mayor libertad económica son 7,1 veces más ricos que los más reprimidos. Este hallazgo aporta base empírica a la afirmación de que la libertad económica está fuertemente asociada con la prosperidad material.

Relación LIbertad Económica-IDH 

La relación entre libertad económica e Índice de Desarrollo Humano también presenta un patrón positivo y robusto. Aunque existen excepciones, como Venezuela y Cuba con bajos valores en ambas variables o ciertos países africanos con niveles reducidos de desarrollo y libertad, la tendencia general es clara.

El coeficiente de correlación de Pearson entre ambas variables fue de 0,701, lo que refleja una relación lineal positiva fuerte. Esto significa que el grado de libertad económica explica una parte significativa de las diferencias en desarrollo humano entre los países. El gráfico de cajas (boxplot) refuerza esta interpretación. El promedio del IDH pasa de 0,623 en el quintil de países menos libres a 0,915 en el quintil de los más libres. La mediana sube de 0,617 a 0,930, y la dispersión entre países se reduce drásticamente: el rango intercuartílico cae de 0,230 a 0,059. Esto indica que los países con mayores niveles de libertad no sólo presentan un desarrollo humano más elevado, sino también más homogéneo. En otras palabras, la libertad económica no sólo eleva la calidad de vida promedio, sino que también disminuye la desigualdad entre naciones en materia de desarrollo humano. 

Relación Libertad Económica – Tasa de Desempleo 

La relación entre libertad económica y desempleo muestra una correlación más débil. El coeficiente de Pearson calculado fue de -0,076, lo que indica una relación negativa leve. Si bien los países más libres tienden a mostrar niveles de desempleo algo menores y, sobre todo, más estables, la dispersión de los datos es significativa. 

Esta debilidad estadística puede explicarse por la multiplicidad de factores que influyen sobre el empleo. Todos los países presentan cierto desempleo estructural o friccional, aunque sus causas varían según el contexto. En los países desarrollados, la sustitución tecnológica y las dificultades de adaptación de los trabajadores mayores suelen explicar parte del desempleo, mientras que en los países menos desarrollados predomina la falta de inversión, la informalidad y las rigideces estructurales. Pese a ello, se observa que las economías más libres presentan menos picos de desempleo extremo y mayor estabilidad laboral, lo que sugiere mercados de trabajo más dinámicos y resilientes.

Relación Índice de Libertad Económica – PIB per cápita en el G20:

Cuando se analizan los países del G20, la relación positiva entre libertad económica y PIB per cápita se mantiene con claridad. Las naciones con mayores índices de libertad —como Estados Unidos, Australia, Alemania, Canadá, Reino Unido, Corea del Sur y Japón— presentan ingresos per cápita superiores a los 50.000 dólares, mientras que los países con menor libertad —como Argentina, Brasil, China, India y Sudáfrica— se ubican por debajo de los 25.000 dólares. 

Arabia Saudita y Rusia constituyen excepciones parciales, dado que sus altos ingresos per cápita se explican principalmente por la abundancia de recursos naturales y no por un elevado grado de libertad económica. Sin embargo, estas excepciones no modifican el patrón general. Argentina se encuentra entre los países con menor libertad económica del grupo (sólo por encima de China) y exhibe uno de los PIB per cápita más bajos, lo que evidencia la relación entre sus limitaciones institucionales y su desempeño económico.

Relación Índice de libertad económica-Índice de desarrollo humano

El análisis del G20 también muestra una correlación positiva entre libertad económica y desarrollo humano. Los países con mayores niveles de libertad —Australia, Alemania, Canadá, Reino Unido, Corea del Sur y Estados Unidos— alcanzan valores de IDH superiores a 0,9, mientras que los de menor libertad —Brasil, India, Sudáfrica e Indonesia— registran valores entre 0,70 y 0,78. Arabia Saudita y Rusia vuelven a ocupar posiciones intermedias, logrando niveles de desarrollo humano relativamente altos pese a una libertad económica media, gracias a la renta derivada de recursos naturales y al capital acumulado en décadas anteriores. 

El caso argentino es especialmente ilustrativo. Pese a tener uno de los índices de libertad económica más bajos del G20, mantiene un IDH medio-alto, superior al de Brasil, México, China, Sudáfrica e Indonesia. Este comportamiento sugiere que Argentina conserva un capital humano social elevado, heredado de décadas de desarrollo institucional y educativo, aunque su entorno económico restringe la conversión de ese potencial en progreso sostenido.

Conclusión: 

En base a los datos analizados, se puede concluir que los países más libres no sólo son más ricos, sino que también presentan un mayor nivel de desarrollo humano, una mejor distribución del bienestar y una mayor estabilidad económica. 

Si bien la relación observada es de correlación y no implica causalidad directa, la evidencia empírica es consistente y sólida. Los países con mayor libertad económica tienen un PIB per cápita siete veces superior, un IDH promedio 0,29 puntos más alto y menor dispersión interna en los indicadores de bienestar. Asimismo, exhiben mercados laborales más estables y resilientes ante los cambios económicos. 

En síntesis, la libertad económica se confirma como un factor estructural asociado al desarrollo sostenido. Su ausencia, por el contrario, se vincula con el estancamiento, la pobreza y la desigualdad de oportunidades. En el caso argentino, el desafío radica en recuperar los niveles de libertad institucional necesarios para transformar su potencial humano en crecimiento económico y bienestar social duradero. 

 

 

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