El fenómeno Vaca Muerta se convirtió en una especie de imán para empresas de todo el país. En especial para las pymes industriales y de servicios, que ven en el desarrollo energético una oportunidad para crecer, diversificarse y ganar escala. Sin embargo, detrás de los números millonarios y las proyecciones de expansión, el negocio petrolero tiene códigos, dinámicas y exigencias que no siempre son comprendidas por quienes intentan desembarcar en Neuquén.
Así lo plantea Federico Isequilla, propietario de Proseind, firma rosarina especializada en seguridad industrial con más de 30 años de trayectoria, que desde hace una década opera en el corazón del ecosistema petrolero. Con experiencia directa en Añelo y presencia productiva instalada en Neuquén desde 2016, el empresario asegura que existe una “sobreinformación y desinformación” alrededor de Vaca Muerta.
“Todo el mundo escucha hablar de Vaca Muerta y cree que alcanza con ir e instalarse para hacer negocios. Pero hay que entender cómo funciona ese mercado y cómo se trabaja allá”, resume.
Del boom inicial al nuevo modelo petrolero
Proseind llegó a Neuquén en los primeros años de expansión fuerte de Vaca Muerta, de la mano de las obras vinculadas a Fortín de Piedra y el crecimiento impulsado por Techint. En aquel contexto, explica Isequilla, el escenario era muy distinto al actual.
“En esa primera etapa había un país mucho más cerrado a las importaciones y eso permitió que muchas empresas nacionales que hacían el esfuerzo de estar presentes pudieran convertirse en proveedores estratégicos”, señala.
Pero el panorama cambió con los últimos años y, especialmente, a partir del cambio de gobierno y la nueva estrategia impulsada por YPF y las grandes operadoras.
Según describe, la petrolera estatal comenzó a exigir a las compañías de servicios una fuerte reducción de costos —del orden del 35%— con un objetivo claro: acelerar la velocidad de perforación y aumentar la productividad del yacimiento.
“Lo que YPF les estaba diciendo no era solamente que bajaran costos, sino que perforaran más rápido. Se vienen las obras de evacuación de petróleo y gas, y si no aumenta el ritmo de producción, esa infraestructura después queda subutilizada”, explica.
Para Isequilla, el negocio entró ahora en una nueva etapa vinculada a la consolidación de la infraestructura energética y la necesidad de multiplicar la actividad extractiva de cara a los próximos años.
El verdadero negocio ya no pasa solo por Añelo
Uno de los puntos que más remarca el empresario tiene que ver con la geografía del desarrollo futuro. Mientras gran parte del discurso público sigue concentrado en Añelo como epicentro del boom petrolero, Isequilla asegura que el próximo gran movimiento estará más al norte.
“El negocio más fuerte, además de Añelo, está en Rincón de los Sauces”, sostiene. Allí se desarrollan proyectos estratégicos vinculados al petróleo, como Los Toldos II, obra impulsada por Techint para reorganizar y ampliar la capacidad de transporte y evacuación de crudo.
“En los próximos diez años la perforación puede crecer casi un mil por ciento, pero para eso primero hay que ordenar cómo sale el petróleo”, explica.
El principal error de las pymes
Desde su experiencia, Isequilla observa que muchas empresas llegan a Vaca Muerta atraídas por el “ruido” del negocio, pero sin entender las reglas reales del mercado petrolero.
“Hay pymes que creen que pueden atender Vaca Muerta desde Rosario o desde cualquier ciudad del país sin instalarse, sin conocer el terreno y sin generar vínculos reales. Y eso no funciona así”, advierte.
Para el empresario, el éxito en Neuquén requiere inversión previa, tiempo y capacidad de adaptación. También implica detectar necesidades concretas que muchas veces van mucho más allá del producto original de cada empresa.
“El petróleo se mueve mucho por necesidad inmediata. Vos podés ir a ofrecer una cama y terminar alquilando camionetas porque detectaste otro problema”, ejemplifica.
En ese sentido, asegura que las oportunidades no están solamente en los grandes contratos industriales, sino también en servicios básicos y cotidianos.
“Faltan médicos, dentistas, servicios, recursos humanos en general. La gente que llega a trabajar gana bien y empieza a demandar cosas que antes postergaba. Ahí también hay oportunidades enormes”, señala.
Adaptarse o quedar afuera
Isequilla también pone el foco en la velocidad y la cultura de trabajo que exige el sector energético. Habla incluso de un “idioma petrolero” que las empresas deben aprender si quieren sostenerse en el tiempo.
“Si te dicen que la reunión es a las seis de la mañana en Añelo, vos no podés llegar seis y cuarto. Tenés que estar seis menos cuarto. El esfuerzo y la disciplina son parte central de ese negocio”, afirma.
En ese contexto, considera que muchas compañías fracasan por intentar replicar dinámicas de trabajo tradicionales en un entorno donde la exigencia operativa es mucho más intensa.
Además, advierte sobre el riesgo de seguir tendencias sin comprender los ciclos del mercado. Como ejemplo, menciona el auge de los módulos habitacionales y contenedores adaptados como viviendas, un negocio que explotó entre 2024 y 2025 y llevó a muchas empresas a reconvertirse rápidamente.
“Muchos creyeron que iban a fabricar casitas para siempre. Hoy la demanda sigue existiendo, pero cambió de lugar y de lógica. El problema es que muchos llegan tarde o mal informados”, explica.
De fabricar lonas a exportar soluciones petroleras
Para el titular de Proseind, el caso de las empresas que lograron consolidarse en Vaca Muerta tiene un patrón común: entendieron necesidades específicas y adaptaron su negocio.
Como ejemplo menciona el caso de una empresa regional que fabricaba lonas para camiones y terminó reconvirtiéndose en proveedora de piletas antiderrame para la industria petrolera.
“Detectaron un problema operativo, diseñaron una solución a medida y hoy incluso pueden exportar”, destaca.
Por eso insiste en que el desafío no pasa solamente por “ir a vender”, sino por integrarse a la lógica del sector y construir relaciones reales dentro del ecosistema petrolero.
“Las oportunidades están, pero no alcanza con escuchar los números de Vaca Muerta. Hay que entender cómo funciona el negocio y estar dispuesto a invertir tiempo, presencia y adaptación”, concluye.


























