El negocio aceitero argentino suma un nuevo jugador. El grupo Elementa, un holding de capital nacional conformado por profesionales con amplia trayectoria en el mercado de granos, adquirió a Molinos la planta Santa Clara, ubicada en el sur de Rosario, y prepara una inversión de alrededor de US$100 millones para modernizar y ampliar las instalaciones.
El proyecto apunta a recuperar capacidad industrial y darle una nueva escala a una planta con una extensa trayectoria en la producción y procesamiento de aceites. De acuerdo con el plan, una vez concretadas las obras, la capacidad de molienda alcanzará las 465.000 toneladas anuales, mientras que el refinado llegará a 170.000 toneladas.
La operación también tendrá un componente de continuidad comercial. La planta de envasado permanecerá en manos de Molinos, que, como parte del acuerdo, continuará utilizando servicios de almacenaje, crushing y refinado de las instalaciones adquiridas por Elementa.
Un grupo con experiencia en el negocio de granos
Elementa es un holding de capital nacional integrado por profesionales con una reconocida trayectoria dentro del mercado cerealero.
Entre sus integrantes aparecen Emiliano Benito y Martín Schon, ambos con pasado en Louis Dreyfus Company, mientras que Gastón Saint Paul ocupa el cargo de CFO del grupo.
La llegada de Elementa a la industria aceitera supone así el desembarco de un grupo empresario con conocimiento del negocio de commodities en una actividad estratégica para la economía santafesina y, particularmente, para el complejo agroindustrial de Rosario.
La apuesta no se limita a adquirir activos existentes. El desembolso proyectado de US$100 millones apunta a reacondicionar la planta, incrementar su capacidad productiva y posicionarla nuevamente como un jugador relevante dentro del crushing y la industria aceitera.
Una planta con historia en el sur de Rosario
La planta Santa Clara tiene además una particularidad: su historia está vinculada con una de las marcas tradicionales del mercado argentino de aceites.
Fue fundada por la familia Boglione para producir el aceite “Patito”. Durante la década del 90, en medio del proceso de concentración que atravesó la industria aceitera argentina, la compañía fue vendida.
Posteriormente quedó integrada al universo empresario de Pérez Companc y, cuando el grupo reorganizó y dividió sus diferentes negocios, Santa Clara no terminó dentro de Molinos Agro, la compañía que concentró las operaciones vinculadas con commodities y procesamiento de granos.
La planta quedó bajo el paraguas de Molinos Río de la Plata, debido a que su actividad está relacionada no sólo con el procesamiento, sino también con el refinado, fraccionamiento y envasado de aceites.
Ese recorrido explica también la particular estructura de la operación actual: Elementa se queda con la planta industrial, mientras Molinos conserva la planta de envasado y mantiene una relación operativa con el complejo.
Una nueva etapa para el negocio aceitero
La operación se produce en un sector que atraviesa una fuerte transformación, con inversiones cada vez más orientadas a ganar escala, eficiencia y capacidad exportadora.
En ese escenario, la decisión de Elementa de desembolsar US$100 millones para ampliar Santa Clara representa una apuesta por la industrialización de la producción agrícola en el principal polo agroindustrial del país.
La ampliación proyectada llevaría a la planta a procesar hasta 465.000 toneladas de oleaginosas por año y elevaría significativamente su capacidad de refinado. Para un grupo con experiencia en el mercado de granos, la integración entre el abastecimiento de materia prima y la capacidad industrial aparece como uno de los principales atractivos del negocio.
Pero además, el acuerdo con Molinos muestra otra tendencia: la posibilidad de que activos industriales que alguna vez formaron parte de grandes conglomerados vuelvan a cambiar de manos y encuentren nuevos inversores especializados en el negocio agroindustrial.
En este caso, una planta con décadas de historia cambia de dueño, recibe un fuerte compromiso de inversión y vuelve a ponerse en el centro de una estrategia de crecimiento.
Para Rosario y su cordón industrial, la operación suma además una señal relevante: en un momento en el que se discute cómo recuperar inversiones y empleo industrial, US$100 millones tendrán como destino ampliar la capacidad de transformación de una de las principales materias primas de la Argentina.

























