El pedido de Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) presentado por Metalfor, una de las empresas más emblemáticas de la industria de maquinaria agrícola argentina, encendió una señal de alarma que trasciende a la firma cordobesa. Para referentes del sector, su situación no constituye un caso aislado sino la expresión más visible de un contexto que atraviesan prácticamente todos los fabricantes nacionales.
La empresa, que emplea a unos 600 trabajadores en sus plantas de Marcos Juárez y Noetinger, busca alcanzar un acuerdo con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) antes del 15 de julio para regularizar el pago de salarios atrasados y evitar despidos, luego de sufrir una fuerte caída en sus ventas y un marcado deterioro financiero.
Los números reflejan la magnitud del problema. Durante el primer trimestre del año, Metalfor comercializó apenas 56 máquinas, menos de la mitad de las 116 unidades vendidas en igual período de 2025. La producción también cayó de 86 a 38 equipos, mientras que el resultado operativo se desplomó un 92%. A esto se suma un endeudamiento bancario superior a los $52.000 millones y más de 550 cheques rechazados.
Sin embargo, distintas fuentes del mercado sostienen que el problema excede ampliamente a Metalfor.
Un mercado que cambió de lógica
Uno de los factores que modificó el escenario fue el cambio en las condiciones macroeconómicas. Durante años, parte del negocio estuvo impulsado por esquemas financieros que permitían vender maquinaria aprovechando tasas negativas o licuación inflacionaria.
Hoy la ecuación es completamente distinta. “La rentabilidad dejó de ser financiera y volvió a depender exclusivamente del negocio productivo”, explican desde el sector. Eso significa que las empresas necesitan vender más máquinas para sostener su estructura, en un mercado donde la demanda se redujo considerablemente.
Importaciones que presionan
A este panorama se suma el incremento del ingreso de maquinaria agrícola importada, especialmente de Brasil y otros mercados, que comenzó a ganar participación en distintos segmentos.
La mayor competencia presiona sobre los precios y obliga a las fábricas nacionales a ofrecer mayores descuentos, promociones y planes de financiación para sostener sus ventas. Lejos de retirarse del mercado, las empresas argentinas intentan defender su participación ofreciendo créditos propios y aceptando maquinaria usada como parte de pago.
El problema del usado
Precisamente allí aparece otro de los principales desafíos. Durante los últimos meses, las fábricas recibieron una importante cantidad de equipos usados para concretar operaciones de venta. Sin embargo, ese stock comenzó a acumularse porque el mercado de segunda mano prácticamente se frenó.
Las empresas quedaron inmovilizadas con un volumen importante de maquinaria usada que no logran comercializar, lo que deteriora aún más su capital de trabajo.
Una cadena de pagos que comenzó a romperse
El escenario se agravó desde mayo con un fenómeno que preocupa especialmente al sector: la interrupción de la cadena de pagos.
Fuentes vinculadas a la industria señalan que muchos productores comenzaron a retrasar el pago de las cuotas de las máquinas adquiridas, producto de márgenes agrícolas cada vez más ajustados y menores niveles de rentabilidad.
Como la mayoría de las terminales financian directamente buena parte de sus ventas, ese atraso repercute de manera inmediata sobre la liquidez de las empresas.
Así, las fábricas enfrentan simultáneamente menores ventas, clientes que demoran los pagos, grandes stocks de maquinaria usada sin salida comercial y costos fijos que continúan creciendo.
Capacidad ociosa y preocupación
El resultado es una industria que hoy trabaja muy por debajo de su capacidad instalada. Diversos relevamientos indican que muchas plantas producen entre el 40% y el 50% de su potencial, situación que ya derivó en suspensiones, reducción de turnos y reestructuraciones internas.
En ese contexto, el caso Metalfor podría no ser el único. En el sector reconocen que otras empresas atraviesan dificultades similares y advierten que, si las condiciones del mercado no mejoran en los próximos meses, podrían multiplicarse las medidas de reestructuración.
La combinación de menor demanda, mayor competencia importada, dificultades financieras y una cadena de pagos debilitada configura uno de los momentos más complejos para la industria nacional de maquinaria agrícola desde la última gran crisis del sector.
























