Desarrollo, Argentina y know-how

A simple vista, Argentina pareciera ser un país con una ubicación privilegiada, diversidad de materias primas y sectores productivos variados. A pesar de estas ventajas puede decirse que su desarrollo se encuentra estancado.

Por Lucía Ludueña. Miembro del área de investigaciones socioeconómicas del Grupo Joven de la Fundación Libertad.

En el mundo, las brechas de desarrollo son evidentes. Comprender las causas detrás de estas profundas diferencias es clave para responder una pregunta fundamental: ¿qué hace que una nación prospere y otra no? Una primera respuesta convencional atribuye el éxito al acceso a factores productivos tradicionales como el capital, la tierra o la tecnología. Otra postura ampliamente difundida asociada a los Premios Nobel Acemoglu y Robinson sostiene que lo que diferencia, por ejemplo, a Nogales (Sonora) de Nogales (Arizona), dos zonas prácticamente simbióticas, son sus instituciones económicas, moldeadas a su vez por las decisiones políticas.

Un nuevo enfoque

Sin embargo, la tecnología (como máquinas o computadoras) es fácilmente exportable, basta con cargarla en un barco para que, en un mundo globalizado, llegue a cualquier rincón del planeta. Lo mismo ocurre con los códigos, planos y manuales, que pueden transmitirse digitalmente en segundos. Evidentemente, la mera importación de bienes de capital no es lo que vuelve más rica a una sociedad. Como plantea el economista Ricardo Hausmann, el verdadero obstáculo para el desarrollo radica en la acumulación de know-how (conocimiento tácito). La brecha de ingresos entre países está estrechamente ligada a la diversidad y complejidad de este conocimiento práctico acumulado.

¿Qué es el know-how?

A grandes rasgos, el know-how es el conocimiento que está en la mente de las personas que posibilita la creación de un bien o servicio. Como el saber está distribuido, cada individuo domina solo una pequeña fracción del proceso. La producción moderna exige la colaboración entre distintos especialistas. Bajo esta perspectiva, el crecimiento económico es el proceso de expansión de las capacidades productivas de una sociedad, lo que requiere, indefectiblemente, empezar a hacer cosas que antes no se hacían.

De la teoría a la realidad

Un caso representativo es el de Finlandia, un país históricamente de baja densidad poblacional y dominado por bosques. La visión tradicional sugería que debían especializarse únicamente en la tala y venta de madera, los enfoques más desarrollistas recomendaban añadir valor a la materia prima. Sin embargo, la trayectoria real fue más allá: la necesidad de optimizar la tala los convirtió en expertos en la fabricación de maquinaria forestal. Ese aprendizaje derivó en la creación de tecnología automatizada para otros sectores y culminó, décadas más tarde, en el desarrollo de gigantes tecnológicos como Nokia.

El caso argentino

Argentina, en cambio, ha optado históricamente por “mirar hacia adentro”, impulsando políticas con un sesgo antiexportador que han derivado en un estancamiento sostenido. A esto se le suma una elevada volatilidad de mercado, inflación persistente, un marco macroeconómico desordenado y una constante desconfianza hacia el sector privado.

El problema de fondo es que el know-how reside fundamentalmente en las empresas, que son los verdaderos motores de la innovación y la transferencia de conocimiento. En este esquema, el rol fundamental del Estado no es sustituir la iniciativa privada, sino proveer un marco regulatorio claro, estable y previsible, garantizando ante todo el orden macroeconómico.

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