Ana Figueroa Casas atravesó dos veces el cáncer de mama: “La prevención salva vidas”

“Si yo no hubiese ido ese diciembre, tal vez hoy no estaría contando esto”. Ana Figueroa Casas vuelve a ese momento para explicar por qué insiste tanto en la importancia de los controles médicos. En diciembre de 2017, durante una consulta ginecológica de rutina, la Dra. Linares Casas detectó algo extraño en la mama derecha. Ana cumplía con sus chequeos, pero esa revisión abrió una etapa que cambiaría su vida.

La mamografía y una biopsia confirmaron el diagnóstico: cáncer de mama. La noticia llegó un jueves y, como recuerda, fue un día de angustia profunda. Madre de dos hijas, tuvo que procesar de golpe el miedo y la incertidumbre que acompañan a una enfermedad como esta.

“Ese jueves mis hijas se fueron de mi casa y yo lloré todo el jueves, todo el jueves”, cuenta. Pero al día siguiente, algo cambió. “El viernes a la mañana me levanté y dije: no, tengo que darle para adelante. Voy a salir adelante por mí, por mi familia y, sobre todo, por mis hijas”.

Así comenzó un recorrido que, aunque estuvo marcado por momentos difíciles, también le permitió descubrir recursos propios y apoyarse en quienes la acompañaron.

Atravesar la enfermedad sin dejar de trabajar

Ana se atendió en el CEMA, donde recibió el tratamiento indicado por sus médicos. En aquella primera oportunidad, realizó 45 días consecutivos de radioterapia, una rutina que describe como difícil tanto física como emocionalmente.

“Ir a ese lugar a hacerte los rayos es bastante angustiante”, reconoce. Para sobrellevarlo, buscaba concentrarse en pensamientos positivos, escuchaba música e intentaba imaginar cosas lindas. No se trataba de negar lo que estaba viviendo, sino de encontrar pequeñas herramientas para transitarlo.

En paralelo, continuó con sus responsabilidades laborales como coordinadora del área de educación de la Fundación Libertad. El trabajo, explica, le permitía mantener la cabeza ocupada y tomar cierta distancia de la angustia.

“Seguía yendo a trabajar, eso me sacaba de toda la angustia de lo que era vivir esto. Me hacía bien”, recuerda.

También destaca el acompañamiento de su equipo, que le permitió organizar los horarios para asistir a los tratamientos. Su experiencia, aclara, estuvo condicionada por el tipo de tratamiento que necesitó y no necesariamente es igual a la de otras pacientes.

“Se puede combinar, pero vas al tiempo de cada uno”, señala. Y esa frase resume una de las lecciones que le dejó el proceso: aprender a respetar los propios tiempos, aceptar ayuda y entender que no todas las experiencias son iguales.

En su caso, el apoyo de sus compañeros de trabajo, hermanos, familia y amigos fue fundamental. “No quedarte encerrado, salir adelante, seguir, estar acompañado”, porque eso hace que uno pueda ponerle cada vez más energía al transitar”, sostiene.

Un segundo diagnóstico y la decisión de volver a empezar

Cuando parecía que aquella etapa había quedado atrás, en 2020, un nuevo control detectó otro tumor en la misma mama. La noticia volvió a enfrentarla con el miedo y la incertidumbre.

“Imaginate que una segunda vez volví a tener cáncer y eso fue muy duro para mí, inclusive para toda mi familia”, relata.

Esta vez, los médicos decidieron realizar una mastectomía y posteriormente tuvo una reconstrucción mamaria. Volvieron las operaciones, los turnos, los sanatorios y los procedimientos que ya conocía. Pero también volvió a aparecer aquella determinación que había encontrado después del primer diagnóstico.

“No me iba a ganar el cáncer, no me iba a ganar”, afirma.

En ese segundo proceso, como en el primero, el acompañamiento médico y afectivo tuvo un lugar central. Ana recuerda con gratitud a los profesionales del CEMA que la atendieron y destaca el trato humano recibido durante los momentos de mayor vulnerabilidad.

La experiencia también modificó su manera de mirar la vida. Desde 2017, cuenta, cada 31 de diciembre pide lo mismo: salud, salud y salud.

“Hay un antes y un después de haber tenido cáncer. Mirás la vida distinto, encarás la vida diferente y valorás la vida”, reflexiona.

Poner en palabras el cáncer

Hablar de la enfermedad fue otra parte importante de su recorrido. Ana reconoce que necesitó ayuda psicológica y que expresar lo que le pasaba le permitió afrontar mejor sus emociones.

“Poner en palabras el cáncer hace que uno, esto es metafórico, como que se saque una mochila”, explica. Y agrega: “Sí, tengo cáncer, pero voy a salir adelante”.

Para ella, romper el silencio permite dejar de vivir la enfermedad como algo que debe ocultarse y empezar a transitarla con más herramientas. No significa que desaparezcan el miedo o la angustia, sino que se puede encontrar un espacio para compartirlos y recibir acompañamiento.

También incorporó nuevos hábitos a su vida, entre ellos el entrenamiento físico, que asegura que le hace bien. Con el tiempo, aprendió a reconocer el valor de los pequeños momentos y a agradecer cada nuevo día.

“Yo me levantaba a la mañana y decía: ‘Hoy otro día, gracias’, cuenta.

Su experiencia no busca presentar una receta única para atravesar el cáncer. Ana sabe que cada diagnóstico, cada tratamiento y cada historia son diferentes. Pero sí quiere transmitir que nadie debería tener que transitar ese camino en soledad.

Octubre Rosa: la importancia de no postergar los controles

Cada octubre se conmemora el Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, conocido como Octubre Rosa, que pone el foco en la prevención, la detección temprana, el diagnóstico y el acceso al tratamiento. El 19 de octubre se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer de Mama, una fecha para reforzar la concientización sobre una enfermedad que requiere atención y controles médicos oportunos.

En Rosario, el domingo 11 de octubre se realizó la novena edición de la Caminata Rosa, una iniciativa destinada a generar conciencia sobre la importancia de los controles, la detección temprana y el tratamiento.

Para Ana, estos mensajes deben convertirse en acciones concretas. Sabe que las obligaciones laborales, las responsabilidades familiares y hasta el propio miedo pueden llevar a postergar una consulta. Por eso, su recomendación es clara: cumplir con los controles médicos indicados por los profesionales de la salud.

“El cáncer de mama hoy detectado a tiempo es curable. Entonces, es muy importante los controles. Si te dicen tal mes, es tal mes. No es al vicio eso. Hay que hacerlo, y hay que ser prolijo, porque eso salva vidas”, enfatiza.

Y vuelve sobre su propia historia para explicar por qué lo considera tan importante: el primer tumor fue detectado durante un control de rutina y el segundo, en una revisión posterior. Por eso, insiste en que no alcanza con sentirse bien o no notar síntomas para dejar pasar los chequeos.

“Hay tres palabritas que el otro día estuve en la Caminata Rosa y nos decían que son tan importantes: prevenir, afrontar y transformar”, recuerda.

La detección temprana y el seguimiento médico son fundamentales, aunque los resultados dependen de cada caso. Por eso, ante la duda, la indicación es consultar con profesionales y mantener al día los estudios recomendados según la edad, los antecedentes y el riesgo individual.

Cuando se le pregunta qué le gustaría que otras mujeres se lleven después de conocer su historia, Ana vuelve sobre una idea que la acompañó durante los dos procesos: la resiliencia no es algo con lo que necesariamente se nace, sino una capacidad que se construye a lo largo de la vida.

“Yo tengo una frase que para mí es muy importante: no se nace resiliente, se hace resiliente uno”, dice.

En ese aprendizaje, la actitud, el acompañamiento y la posibilidad de hablar de lo que sucede ocuparon un lugar importante. También la ayudó saber que podía continuar con algunas de sus actividades, aunque a otro ritmo, y aceptar que había días mejores que otros.

Su mensaje no desconoce la complejidad de la enfermedad ni pretende que la voluntad reemplace los tratamientos médicos. Por el contrario, busca transmitir esperanza desde una experiencia concreta y recordar que existen herramientas para afrontar el diagnóstico, con el acompañamiento adecuado.

Después de dos diagnósticos, tratamientos y una reconstrucción, Ana elige contar su historia desde el agradecimiento y la importancia de cuidarse. No para decir que el camino es fácil, sino para recordar que los controles, la atención médica y el apoyo de los demás pueden hacer una diferencia.

Y vuelve, una vez más, a la frase que resume lo que quiere transmitir en este Octubre Rosa: “La prevención es clave”.

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