La trampa del Capex: por qué una tasa de un dígito no compra máquinas

El auge bursátil y la baja de tasas oxigenan los balances empresariales. Sin embargo, con capacidad ociosa y un consumo aún dispar, el crédito disponible se consume en sostener la caja diaria antes que en inversión productiva.

Por Dafne Lallana – Miembro del área de investigaciones socioeconómicas del Grupo Joven de la Fundación Libertad.

El regreso del crédito

La baja de tasas de interés y la reapertura del crédito corporativo le devolvieron la previsibilidad a las tesorerías argentinas. Deuda más barata, plazos extendidos y una liquidez que busca activamente colocarse en el sector privado configuran un escenario financiero inmejorable respecto al año pasado. Aun así, el entusiasmo de los mercados todavía no encuentra su correlato en las líneas de montaje: el dinero sobra, pero los motivos para hundir capital a largo plazo todavía escasean.

La trampa del destino

En las finanzas corporativas existe una línea divisoria tajante entre el capital de trabajo (working capital) y la inversión en bienes de capital (Capex). El primero es el combustible del día a día: permite pagar sueldos, cubrir el cheque a 90 días del cliente que estiró plazos de pago y financiar inventario que rota con mayor lentitud. El segundo es el que verdaderamente expande la frontera productiva: comprar una máquina, tecnificar una planta o renovar flota logística. Hoy, las carpetas de crédito que se presentan en los bancos y en el Mercado Argentino de Valores (MAV) no buscan inaugurar naves industriales, sino ganar aire operativo.

La regla de la rentabilidad

El costo del crédito es solo una mitad de la ecuación; la otra es el retorno esperado del proyecto. Un costo de fondeo históricamente bajo resulta tentador en la planilla de cálculo,pero carece de tracción si la demanda interna avanza a dos velocidades y la competitividad exportadora sigue bajo presión. Sin rentabilidad operativa asegurada, el crédito barato ayuda a ganar tiempo, no a transformar la matriz productiva.

La radiografía del interior

El fenómeno se percibe con nitidez en el entramado productivo de la Región Centro. En el corazón agroindustrial y metalmecánico, las empresas acuden al Mercado Argentino de Valores (MAV) batiendo marcas en colocación de pagarés bursátiles y cheques avalados. Pero el destino de esos fondos raramente es la ampliación del metro cuadrado fabril: en su mayoría, se orientan a financiar la precampaña agrícola, sostener la cadena de pagos con proveedores y amortiguar el impacto de costos logísticos y tarifas que ajustan más rápido que los precios de venta.

La verdadera vara

Que el crédito vuelva a fluir es una condición necesaria, pero no suficiente. La reactivación genuina no se medirá en el récord de emisiones en la Bolsa ni en la baja del costo financiero, sino en el momento exacto en que los planes de negocios vuelvan a priorizar la compra de equipamiento por sobre el financiamiento de la caja diaria.

 

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