Lazzari advierte que 600.000 empresas deberán adaptarse a tres “velocidades” y alerta por el desfasaje entre apertura, costos y actividad

El economista señala que la economía se abre de forma gradual pero irreversible, mientras el EMAE muestra que en más de 10 años el nivel de actividad casi no creció

El economista Gustavo “Lacha” Lazzari planteó una mirada integral sobre la situación de las empresas en Argentina a partir de lo que denomina “tres velocímetros”, una forma de medir la dinámica real de la competitividad en el actual contexto económico.

Según explicó, comprender lo que ocurre en el entramado productivo requiere observar simultáneamente tres factores: la velocidad de apertura de la economía, el ritmo de reducción de los costos públicos y la capacidad de adaptación de las propias empresas.

En primer lugar, Lazzari sostiene que la economía argentina atraviesa un proceso de apertura “incipiente pero creciente e irreversible”. Aclara que no se trata de una apertura plena, sino de una flexibilización de restricciones que durante años limitaron las importaciones.

Este proceso ya genera un escenario más competitivo, donde las empresas locales comienzan a ajustar expectativas hacia estándares internacionales, aun cuando los acuerdos comerciales más profundos todavía no estén plenamente vigentes.

El segundo “velocímetro” apunta al rol del Estado. Para Lazzari, la clave está en la velocidad con la que Nación, provincias y municipios logren reducir costos estructurales: impuestos, cargas laborales y también servicios básicos como seguridad, infraestructura o financiamiento.

El tercer factor es la reacción del sector privado. Las empresas deben encarar cambios internos —procesos, layout, productos—, pero el interrogante central es a qué ritmo podrán hacerlo y con qué financiamiento.

El problema, advierte, aparece cuando estas tres velocidades no avanzan en sintonía. Si la apertura se acelera más rápido que la baja de costos o la adaptación empresaria, el resultado puede ser crítico para muchas firmas. El escenario ideal sería un ritmo “parejo, constante y relativamente acelerado” entre los tres factores.

En ese marco, Lazzari pone el foco en un dato estructural: unas 600.000 empresas en Argentina deben adaptarse a este nuevo escenario competitivo, muchas de ellas condicionadas por una fuerte carga administrativa y fiscal que dificulta la transición.

A esto se suma un contexto macro débil. El economista advierte que el nivel de actividad muestra una dinámica irregular: el EMAE cayó en 23 de los últimos 46 meses desde 2022, y pese a la recuperación reciente, el promedio de 2025 apenas supera en 1,7% al de 2017, lo que refleja más de una década de estancamiento.

La heterogeneidad también es sectorial. En los últimos dos años, algunos rubros crecieron con fuerza —como agro (+44%) y finanzas (+33%)— mientras otros retrocedieron, como construcción (-6%) y pesca (-8%), evidenciando un mapa productivo fragmentado.

En este contexto, Lazzari concluye que el desafío no es solo abrir la economía, sino coordinar los tiempos entre Estado y sector privado, eliminando los “grilletes” que hoy limitan la competitividad y condicionan la capacidad de adaptación de las empresas.

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