Vaca Muerta: romper el muro

El sector hidrocarburífero ya aporta siete de cada diez barriles del país. Para superar los límites de la cuenca, el nuevo canal aliviador de Portezuelo Grande representa la obra pública estratégica que blindará la infraestructura productiva frente a crecidas.

Por Dafne Lallana –  Miembro del área de investigaciones socioeconómicas del Grupo Joven de la Fundación Libertad.

El salto productivo

La Cuenca Neuquina dejó atrás la fase de promesa para convertirse en el epicentro absoluto de los hidrocarburos argentinos. La extracción nacional de petróleo roza los 974.000 barriles diarios, impulsada por un no convencional que ya explica más del 71% del crudo del país y el 75% del gas. Esta concentración productiva garantiza volúmenes inéditos, pero al mismo tiempo traslada la atención de la boca del pozo hacia la infraestructura del territorio.

De la Cuenca a la balanza comercial

En la perspectiva macroeconómica, el impacto es contundente: en los primeros nueve meses del año, la balanza comercial energética acumuló un superávit récord superior a los USD 9.400 millones, impulsada por un incremento interanual de las exportaciones mayor al 56%. El sector se convirtió en el principal motor de divisas al  explicar cerca del 45% del superávit comercial total del país. Ese volumen se traduce en destinos estratégicos: crudo hacia Chile a través de Otasa, despachos por barco a Estados Unidos y Brasil, gas al mercado chileno y la reversión de infraestructura para conectar el norte.

Portezuelo Grande: 4.000mз/s de alivio

Para sostener esta dinámica exportadora, resulta clave subsanar las vulnerabilidades estructurales en el territorio. En ese frente se inscribe el reciente acuerdo entre Nación y la provincia de Neuquén para ejecutar el postergado canal aliviador en la presa Portezuelo Grande. La obra civil, estimada en torno a los USD 200 millones, contará con financiamiento de la Secretaría de Energía a partir de los fondos generados por las concesiones hidroeléctricas del Comahue. Con una traza de 1.620 metros y una capacidad de descarga de 4.000 m³/s hacia los lagos compensadores, el canal blindará la infraestructura crítica de la cuenca frente a crecidas extraordinarias del río Neuquén, protegiendo caminos troncales, plantas de tratamiento y sistemas de captación de agua industrial. Con el Estudio de Impacto Ambiental próximo a licitarse antes de fin de año, el inicio de los trabajos previsto para abril de 2027 marca el cronograma de un reaseguro operativo indispensable.

La infraestructura como garantía

La discusión sobre el futuro de Vaca Muerta suele concentrarse en la eficiencia geológica o en el despliegue de capital privado para perforar pozos y construir oleoductos. Sin embargo, la física del territorio impone sus propias condiciones. Proyectos como Portezuelo Grande evidencian que el verdadero salto de escala no depende únicamente de la roca, sino de la complementariedad con obras públicas estratégicas de ingeniería civil. Garantizar la seguridad hídrica, vial y ambiental de la cuenca es el requisito fundamental para otorgar seguridad operacional, transformar los récords coyunturales en flujos de divisas sostenibles y asegurar que el motor productivo del país no quede desprotegido ante las contingencias del territorio.

 

 

 

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