El costo de la construcción reconfigura las decisiones en los barrios cerrados.

El fuerte aumento del costo de la construcción modificó la ecuación para quienes buscan vivir en un country. Especialistas del sector aseguran que, en muchos casos, adquirir una vivienda terminada resulta más conveniente que comprar un lote e iniciar una obra desde cero, aunque la decisión depende del perfil de cada comprador.

Durante varios años, comprar un lote y construir una casa fue la opción preferida por quienes buscaban instalarse en un barrio cerrado. Sin embargo, el escenario cambió. El incremento sostenido de los costos de construcción hizo que muchas familias vuelvan a mirar el mercado de viviendas usadas, donde hoy aparecen oportunidades que, en algunos casos, cuestan menos que levantar una casa nueva.

Actualmente, un terreno en un barrio privado puede conseguirse desde unos US$ 50.000, pero ese valor representa apenas el punto de partida. A eso hay que sumar el costo de la obra, que ronda los US$ 2.000 por metro cuadrado para una vivienda de buena calidad. En una casa de 120 metros cuadrados, la inversión solo en construcción asciende a unos US$ 240.000, sin contar honorarios profesionales, permisos, conexiones, parquización, piscina, cercos y otros gastos que suelen aparecer durante el proceso.

Con esos números sobre la mesa, varios operadores inmobiliarios sostienen que la compra de una propiedad terminada volvió a ganar atractivo.

Más previsibilidad y menos riesgos

Uno de los factores que inclina la balanza hacia las casas usadas es la previsibilidad. Mientras el precio de una vivienda ya construida queda definido al momento de la operación, una obra puede sufrir modificaciones durante más de un año por el aumento de materiales, cambios en la mano de obra o imprevistos propios de cualquier construcción.

A esa ventaja se suma un aspecto práctico: quien compra una casa terminada puede mudarse casi de inmediato, evitando los plazos de ejecución que normalmente demandan entre 12 y 18 meses.

La diferencia también está en los costos ocultos

Especialistas del sector advierten que muchas veces quienes analizan construir solo contemplan el costo del lote y de la obra, dejando de lado una serie de gastos adicionales que terminan elevando el presupuesto final.

Entre ellos aparecen honorarios de arquitectos, dirección técnica, estudios de suelo, planos, permisos municipales, conexiones de servicios e incluso los costos financieros derivados del tiempo que demanda la construcción. En conjunto, esos conceptos pueden incrementar significativamente la inversión prevista inicialmente.

Según referentes inmobiliarios, hoy una casa usada puede representar un ahorro de entre 18% y 26% respecto del costo total que implica comprar un terreno y desarrollar una vivienda de características similares.

Un mercado con más oferta y margen para negociar

Otro factor que favorece la compra de viviendas terminadas es el aumento de la oferta.

Tras el fuerte crecimiento que registraron los barrios privados durante la pandemia, comenzaron a aparecer más propietarios dispuestos a vender por distintos motivos, desde cambios en la dinámica familiar hasta el incremento de los costos de mantenimiento y expensas. Ese escenario fortaleció el poder de negociación de los compradores, que hoy cuentan con más alternativas y pueden obtener descuentos sobre los valores publicados.

¿Y construir dejó de ser una buena opción?

No necesariamente. Los especialistas coinciden en que levantar una vivienda desde cero sigue siendo una alternativa atractiva para quienes disponen de tiempo, cuentan con el capital suficiente y desean una casa diseñada completamente a medida.

Además, comprar un lote en barrios que aún están en proceso de consolidación puede representar una oportunidad de valorización a mediano y largo plazo. Sin embargo, quienes buscan mudarse en el corto plazo o priorizan conocer desde el inicio el costo total de la inversión encuentran hoy mejores condiciones en el mercado de reventa.

En definitiva, la decisión ya no pasa únicamente por el precio del terreno o de la construcción. El tiempo de obra, la previsibilidad del presupuesto, los costos adicionales y la posibilidad de negociar el valor de una propiedad usada son variables que hoy pesan tanto como el deseo de construir una vivienda completamente personalizada.

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