Con la llegada de las noches de calor intenso, el aire acondicionado se convierte en un aliado casi inevitable para lograr un buen descanso. Encenderlo parece la solución más rápida para bajar la temperatura y poder dormir. Sin embargo, cada verano vuelven las mismas dudas: ¿dormir con el aire prendido puede afectar la garganta o la respiración?, ¿influye en la calidad del sueño?, ¿hay una forma correcta de usarlo?
El cuerpo durante el sueño y su relación con la temperatura
Dormir no es simplemente “apagar” la conciencia. Mientras descansamos, el organismo atraviesa una serie de fases reguladas por procesos hormonales y neurológicos que dependen, entre otros factores, de la temperatura corporal. Durante la noche, el cuerpo tiende a enfriarse de manera natural, lo que favorece la conciliación del sueño.
Cuando un ambiente está demasiado frío, este proceso se altera. El frío puede interferir con ese equilibrio fino que el organismo busca de manera espontánea. Según distintos especialistas en sueño y Neumonología, el confort térmico ideal suele ubicarse en un rango moderado, que varía según la persona, la humedad y la ventilación del espacio.
El aire acondicionado, no es dañino en sí mismo:el impacto sobre la salud depende más del modo de uso, el mantenimiento y la exposición directaal flujo de aire que del aparato en cuestión.
¿Dormir con aire acondicionado causa resfríos?
Existe la creencia extendida de que el aire acondicionado “enfría” el cuerpo y provoca resfríos. Desde el punto de vista médico, los resfríos son causados por virus respiratorios, no por el frío en sí. Sin embargo, un ambiente mal regulado (con aire muy seco o corrientes frías directas) puede irritar las mucosas nasales y de la garganta, reduciendo sus mecanismos naturales de defensa lo que facilita la aparición de infecciones respiratorias leves en personas con rinitis, alergias o inmunidad disminuida.
Ante síntomas persistentes o recurrentes, resulta razonable consultar con un profesional de la salud. Contar con acceso rápido a atención médica suele ser un factor determinante a la hora de elegir una medicina prepaga, especialmente durante los meses de calor, cuando aumentan las consultas por afecciones respiratorias leves.
Garganta seca, congestión y otros efectos frecuentes
Uno de los malestares más mencionados es la sequedad en la garganta al despertar. No se trata de una sensación aislada ni imaginaria. El aire frío y seco, al reducir la humedad ambiental, favorece la deshidratación de las mucosas respiratorias. Esto puede traducirse en carraspeo, picazón, congestión nasal o incluso una leve afonía al despertar.En personas con rinitis, sinusitis o alergias respiratorias, estos efectos pueden intensificarse.
La exposición prolongada a corrientes directas de aire frío también puede provocar contracturas musculares, sobre todo en la zona cervical y los hombros, algo que muchas veces se manifiesta recién al levantarse.
No obstante, estos síntomas no aparecen de manera uniforme ni inevitable. Suelen aparecer cuando la temperatura es demasiado baja (18°C o menos), por falta de mantenimiento del equipo o una mala orientación del flujo de aire.
Temperatura, horarios y mantenimiento: claves para dormir mejor

No todo se reduce a encender o apagar el equipo. Ajustar la temperatura manteniéndola en forma moderada (22°C-25°C) es una de las recomendaciones más repetidas por los especialistas. Mantener una diferencia excesiva entre el exterior y el interior puede forzar al organismo a adaptaciones bruscas, algo que impacta en la calidad del descanso.
También es conveniente programar el aire acondicionado para que se apague de forma automática luego de algunas horas o utilizarlo solo para enfriar el ambiente antes de dormir. De ese modo, se evita la exposición continua durante toda la noche, cuando el cuerpo está más vulnerable al frío.
La orientación del equipo también importa. Dormir con el flujo de aire directo sobre el cuerpo o la cara aumenta las probabilidades de molestias musculares y respiratorias.
Si el aire está muy seco, es bueno humidificar el ambiente colocando un recipiente con agua o utilizando un humidificador. Esto ayudará a reducir la sequedad de las vías respiratorias.
Recordá que los filtros deben revisarse periódicamente, no sólo para su buen funcionamiento sino también como una forma de prevenir la acumulación de polvo, hongos y bacterias.
Dormir mejor sin renunciar al confort
El debate no se resuelve con una respuesta única ni tajante. Dormir con aire acondicionado no es, por definición, perjudicial. Tampoco es completamente neutro. Se trata más bien de un equilibrio entre confort térmico y cuidado del cuerpo, donde entran en juego hábitos, condiciones personales y decisiones cotidianas.
El aire frío, bien regulado, puede ser un aliado. Mal administrado, un invitado incómodo que deja rastros al amanecer. Como ocurre con tantas otras prácticas, la clave parece estar menos en la prohibición y más en el uso consciente.





























