Después de cinco años sin operar, abandonado en la zona de islas, el emblemático Barco Ciudad de Rosario inicia una nueva etapa de la mano de capitales rosarinos y un esquema de articulación público privada que apunta a reactivar uno de los íconos turísticos y culturales de la ciudad.
La embarcación, adquirida recientemente por la firma Hayra SRL, será reparada íntegramente en un astillero local y tiene como fecha objetivo volver al agua para junio, con la mira puesta en el 20 de junio como hito simbólico.
Según revelaron sus nuevos propietarios, la puesta a punto técnica estará a cargo de Fluvimar, un astillero con más de tres décadas de trayectoria ubicado en la zona sur de Rosario, sobre el río Paraná y el arroyo Saladillo. El barco aún está en el agua y serán 5 meses de trabajos para llegar a la fecha prevista.
Fundada en 1992, la empresa se especializa en mantenimiento, reparación y reformas de buques y artefactos navales, y cuenta con infraestructura clave para trabajos de carena en seco, una capacidad históricamente escasa en el área metropolitana rosarina. Su grada de casi 1.500 metros cuadrados y un varadero de 70 metros permiten intervenir embarcaciones fluviales y marítimas de gran porte, como remolcadores, barcazas, dragas y cruceros.
Una decisión empresarial con fuerte anclaje local
La compra del barco fue impulsada por tres emprendedores rosarinos, socios de Hayra SRL, que decidieron apostar por la recuperación del buque cuando existía la posibilidad de que fuera trasladado fuera de la ciudad, incluso vendido a Paraguay.
Marcos, uno de los titulares, explicó las razones detrás de la inversión: “Estamos un poco locos, pero no podíamos permitir que el barco se vaya de la ciudad, porque es de la ciudad, es un emblema. Fue lo que nos motivó a tomar la decisión. Es una inversión importante pero por lo que significa, lo pagamos barato”.
El proyecto no se limita a volver a poner el barco en funcionamiento. La estrategia empresarial apunta a reposicionarlo dentro de la oferta turística y de eventos de Rosario, incorporando nuevos usos y servicios. “No solo queremos ponerlo nuevamente operativo, sino que queremos ponerlo en valor y aggiornarlo para ofrecer eventos corporativos, espacios turísticos tradicionales, fiestas”, señaló Marcos.
Reparación, modernización e inversión abierta
El cronograma prevé que la embarcación sea trasladada a tierra firme a principios de febrero, momento en el que comenzarán las tareas técnicas sobre el casco, los motores y los sistemas internos. Recién entonces se podrá dimensionar con precisión el monto total de la inversión.
“Es mucha plata, todavía no lo tenemos cuantificado, porque el barco ahora tiene que ir al astillero y, de alguna manera, van a ir apareciendo cosas, pero es una inversión muy importante”, reconoció el empresario.
El plan de restauración incluye una modernización tecnológica integral, con nueva electrónica de navegación, sistemas de iluminación LED y equipamiento de sonido profesional. En el interior, se mantendrá la identidad original reutilizando la madera de pinotea de los pisos, aunque con una reforma estética completa. El barco cuenta con tres niveles, dos cubiertos y uno a cielo abierto, y una capacidad operativa para 335 personas, con una tripulación mínima de tres integrantes.
Fecha objetivo: el Día de la Bandera
Los flamantes dueños remarcan que el objetivo es que el barco vuelva a navegar en los primeros días de junio, para llegar operativo a una de las fechas más significativas del calendario rosarino. Alejandro, otro de los socios, fue claro al respecto: “Nuestro compromiso es estar el 20 de junio en el agua. Para ese día tan importante para todos los argentinos y en puntual para los rosarinos, la idea es estar en el agua los primeros días de junio”.
No obstante, reconoció que el desafío es complejo por los plazos administrativos y técnicos: “Obviamente que estamos tomando acciones inmediatas en una fecha que no es la adecuada porque, bueno, en este caso tenemos varios inspectores y varios trámites que hay que hacer que a veces nos complican por la fecha”.
Apoyo institucional y oportunidades de negocio
El proyecto cuenta con el acompañamiento de la Municipalidad de Rosario, el Ente Administrador Puerto Rosario (Enapro) y el gobierno provincial. Según detalló Marcos, ese respaldo se traduce tanto en herramientas financieras como en interés del sector privado: “Nos sentimos bastante apoyados, tanto por la Municipalidad como por la Provincia. Nos han ofrecido una línea de crédito y también hay muchas empresas que se están acercando, interesadas en publicitar y en ayudar, sobre todas las cosas”.
En paralelo a la reparación, los nuevos dueños trabajan en el rediseño de la propuesta comercial. Además del tradicional recorrido hacia el norte, se evalúa sumar trayectos hacia el sur de la ciudad, paseos nocturnos, servicios gastronómicos de mayor nivel, eventos corporativos y actividades educativas. Incluso se analizan amarres en otros puertos de la región, como Villa Constitución, lo que ampliaría el alcance turístico y productivo del proyecto.
Con la reparación a cargo de un astillero rosarino, una inversión privada de magnitud y respaldo estatal, el regreso del Barco Ciudad de Rosario no solo busca recuperar un símbolo histórico, sino también generar un nuevo atractivo turístico y económico en el marco de los 300 años de Rosario.
































