La muerte de Darío Lopérfido, ocurrida en su residencia madrileña a los 61 años como consecuencia de la ELA, provocó conmoción en el mundo cultural argentino y en los espacios intelectuales iberoamericanos donde tuvo una participación activa. Entre los múltiples mensajes, el más emotivo llegó de parte de Gerardo Bongiovanni, presidente de la Fundación Libertad y vicepresidente de la Fundación Internacional para la Libertad, quien lo recordó como “un hombre extraordinariamente valioso, brillante y profundamente bueno”.
Una relación que se volvió amistad
Bongiovanni relató que, aunque conocía a Lopérfido desde comienzos de los años 2000, la cercanía surgió recién en 2019, durante los actos por el 30° aniversario de la caída del Muro de Berlín.
“Ahí compartimos mucho tiempo con él y con su esposa Vini, y acababa de nacer su hijito, Teo. A partir de ese viaje generamos una relación muy linda que después se extendió a su mudanza a España”, recordó.
Con la llegada de Lopérfido a Madrid en 2020, Bongiovanni lo convocó formalmente a integrarse al trabajo de la Fundación Internacional para la Libertad y la Cátedra Vargas Llosa. Desde entonces, su presencia se volvió central en ambos espacios.
“Darío era una persona muy lúcida, muy aguda, muy original y extremadamente culta. Tenía una capacidad intelectual brillante y, además, era un gran tipo. Compartimos momentos en España, en México, en los foros de Málaga… su aporte profesional y humano fue enorme.”
La enfermedad y un final acelerado
Según relató Bongiovanni, Lopérfido le contó muy temprano sobre su diagnóstico de ELA.
“Le habían dicho que el ciclo podía durar entre cuatro y ocho años, pero en él el deterioro fue muy rápido y muy anunciado. Lo terrible es que la lucidez se mantiene: ayer mismo estaba completamente lúcido y escribió una larga carta a su hijo.”
Esa lucidez intacta quedó expresada también en su ensayo “Tener ELA es una mierda”, publicado a fines de 2025, donde describió la enfermedad con crudeza, sin épica y sin concesiones, revelando su mirada íntima y honesta sobre el proceso.
Una pérdida intelectual y humana
Bongiovanni sintetizó el sentimiento compartido por su entorno:
“Lo vamos a extrañar mucho. Es una enorme pérdida para la Fundación Internacional para la Libertad y para la Cátedra Vargas Llosa, pero también para todos los que lo queríamos. Darío era un hombre brillante y bueno.”
Lopérfido deja un legado amplio: funcionario, gestor cultural, director del Teatro Colón, articulador de proyectos en Europa y América Latina, y voz lúcida en el debate de ideas.
Hoy, quienes caminaron a su lado lo despiden no solo por su trayectoria, sino por la humanidad que dejó en cada vínculo.

























