La industria de la carne, en tensión: consumo frenado, exportaciones en rojo y costos en alza

El CEO del Grupo Lequio, Alfredo Cassani, trazó un duro diagnóstico del presente de la industria frigorífica: tras meses de precios récord impulsados por la escasez de hacienda, el consumo se debilitó, los exportadores operan a pérdida y la presión de costos no cede.

La industria frigorífica argentina atraviesa un escenario complejo, marcado por fuertes desequilibrios entre oferta, demanda y costos. Según el análisis de Alfredo Cassani, CEO del Grupo Lequio, el punto de partida se ubica en el buen nivel de consumo registrado durante diciembre y enero, que coincidió con una menor disponibilidad de hacienda.

Este fenómeno estuvo directamente vinculado al bajo precio del maíz, que incentivó el engorde a corral y redujo la cantidad de animales disponibles para faena en el corto plazo. Como consecuencia, los valores del ganado se dispararon a niveles récord durante los primeros meses del año, arrastrando también al alza los precios de la carne en el mercado interno.

Sin embargo, esa dinámica encontró rápidamente un límite. “El consumo convalidó precios altos mientras pudo”, explica Cassani, pero el propio funcionamiento del mercado —donde las carnicerías compran y venden de manera constante— terminó generando un desfasaje. Con mercadería adquirida a valores elevados y una demanda que comenzó a retraerse, muchos actores del consumo quedaron financieramente expuestos.

El resultado es un escenario delicado: pagos que se ralentizan, márgenes deteriorados y operadores “en problemas”, según describe el ejecutivo. Este freno en el consumo comenzó a impactar en toda la cadena, forzando una corrección a la baja en el precio de la hacienda, aunque todavía insuficiente.

En paralelo, el frente externo tampoco ofrece alivio. Cassani advierte que el negocio exportador viene operando a pérdida desde diciembre, ya que los valores internos de la hacienda no logran alinearse con los precios internacionales. A esto se suma la caída del tipo de cambio —que desde diciembre bajó un 5%— frente a una inflación acumulada del 9%, lo que agrava la competitividad del sector.

El dólar baja, pero los costos suben”, resume el panorama. En términos internacionales, el precio del ganado argentino se mantiene elevado, superando los 6 dólares por kilo, lo que dificulta aún más la ecuación exportadora.

La presión de costos se intensifica además por factores adicionales: el aumento del combustible, que impacta en toda la cadena logística, y la demora en el pago de reintegros de IVA por parte del Gobierno, que se arrastra desde noviembre. “Es otro elemento que aprieta el cuello de la industria”, advierte.

En este contexto, el único eslabón que muestra resultados positivos es el productor primario, que viene de registrar ganancias “extraordinarias” en los últimos meses. Incluso con una eventual baja adicional en el precio de la hacienda, Cassani sostiene que seguiría operando con buenos márgenes.

Por último, el escenario internacional, si bien aún presenta niveles de demanda sostenidos, empieza a mostrar señales de moderación en los precios, influido por factores geopolíticos como la guerra en Medio Oriente y la evolución de mercados clave.

Con este panorama, la industria frigorífica enfrenta el desafío de recomponer su equilibrio interno en un contexto de alta volatilidad, donde el consumo debilitado, los costos en alza y la pérdida de competitividad externa configuran una tormenta perfecta para el sector.

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