El mercado de la carne vacuna en Argentina atraviesa una fuerte tensión: por un lado, los precios al consumidor continúan en alza y golpean el consumo; por otro, la industria frigorífica advierte que el negocio dejó de ser rentable y anticipa un escenario de cierres crecientes.
Durante marzo, la carne volvió a registrar subas significativas, consolidando una tendencia que la ubica muy por encima del resto de los alimentos. El encarecimiento es tal que hoy, con el valor de un kilo de asado, se pueden comprar hasta cuatro kilos de pollo o dos de cerdo, lo que evidencia un fuerte cambio en la relación de precios entre proteínas.
Este fenómeno ya tiene impacto directo en los hábitos de consumo. En los últimos meses, el consumo de carne vacuna cayó a niveles históricamente bajos, mientras crece la sustitución por otras opciones más económicas. La presión sobre los precios responde, en gran medida, a una menor oferta de hacienda disponible, lo que empuja los valores hacia arriba incluso en un contexto de demanda debilitada.
Pero el problema no termina en el mostrador. Desde la industria frigorífica advierten que la situación es igual o más compleja puertas adentro. Mariano Grimaldi, referente del sector, fue contundente: “La noticia de que un frigorífico cierra por mes en la Argentina va a ser algo habitual, porque el negocio se tornó inviable”.
Entre las principales razones, el empresario señaló el fuerte aumento del costo de la materia prima. Según explicó, el precio del novillo en Argentina llegó a niveles superiores a los de otros países del Mercosur, lo que resta competitividad tanto en el mercado interno como en el externo.
A esto se suma un problema estructural: la escasez de hacienda. La menor cantidad de animales disponibles para faena genera una fuerte presión sobre los costos y deja a muchas plantas trabajando por debajo de su capacidad.
En ese contexto, la ecuación económica de los frigoríficos se vuelve cada vez más ajustada. Con costos en alza, consumo interno en retroceso y dificultades para trasladar plenamente los precios al mercado, la rentabilidad se deteriora rápidamente.
El resultado es un escenario preocupante para toda la cadena cárnica. Mientras los consumidores enfrentan precios cada vez más altos, la industria advierte sobre cierres, caída de actividad y pérdida de empleo en uno de los sectores históricos de la economía argentina.
Así, la carne vacuna —tradicional emblema del consumo local— atraviesa una paradoja: es cada vez más cara para el consumidor, pero menos rentable para quienes la producen y procesan. Una combinación que, de no revertirse, podría profundizar la crisis en toda la cadena.


























