El costo de la ropa y el calzado en Argentina mostró una baja significativa en dólares en los últimos dos años, lo que redujo la histórica brecha con los países de la región. Sin embargo, esta mejora relativa no implica necesariamente que vestirse sea barato ni que el sector atraviese un buen momento. Por el contrario, el escenario combina precios todavía elevados para los consumidores con una industria que enfrenta dificultades estructurales.
De acuerdo con un relevamiento de la consultora Focus Market, una canasta básica de indumentaria para un hombre y una mujer —que incluye prendas, calzado y perfumes— pasó de costar u$s1.049 en 2024 a u$s936 en 2026. Esto representa una caída del 10,8% medida en moneda estadounidense. En contraste, en países vecinos los valores subieron en el mismo período: en Chile aumentaron más de 31%, en Brasil 24%, en Uruguay cerca de 20% y en Paraguay poco más de 10%.
Como resultado, Argentina continúa siendo uno de los países más caros de la región para comprar ropa, aunque la diferencia se redujo considerablemente, en algunos casos hasta en 70 puntos porcentuales. Este cambio responde a múltiples factores, entre ellos la evolución del tipo de cambio y el mayor nivel de competencia externa.
Una de las claves para entender este fenómeno es el comportamiento de las monedas. Mientras que en varios países vecinos sus divisas se fortalecieron frente al dólar, el peso argentino siguió una tendencia opuesta. Esto provocó que, aun cuando los precios en moneda local siguieron subiendo, el valor medido en dólares mostrara una baja relativa.
Además, la apertura comercial y el acceso a productos importados también influyeron en la dinámica del mercado. La posibilidad de comprar en el exterior o acceder a productos extranjeros a través de plataformas digitales incrementó la competencia, lo que limitó la capacidad de las empresas locales de trasladar plenamente sus costos a los precios finales.
No obstante, la caída en dólares no refleja una mejora estructural del sector. En términos nominales, los precios mayoristas de la indumentaria continuaron en aumento. Durante 2025, las prendas textiles registraron subas superiores al 16% interanual, mientras que los productos de cuero y calzado aumentaron casi 12%. Esto indica que los costos internos siguen presionando sobre la estructura productiva.
La debilidad también se evidencia en el nivel de actividad industrial. Según datos oficiales, la utilización de la capacidad instalada en el sector textil cayó de 48,2% a 29,2% en un año, lo que refleja una fuerte contracción de la producción. Este nivel de ociosidad impacta directamente en los costos, la rentabilidad y la sostenibilidad de las empresas.
El empleo es otro indicador que refleja las dificultades. En los últimos años se observó una reducción del trabajo formal en rubros como confecciones y calzado, acompañada por una caída del salario real y una mayor presencia de modalidades laborales informales o independientes.
Este panorama expone una paradoja persistente en la economía argentina: la convivencia de precios elevados con una industria que pierde escala, empleo y competitividad. El problema de fondo está vinculado al alto costo de producir y formalizar el trabajo, afectado por la carga impositiva, los costos laborales y las dificultades de financiamiento.
En este contexto, el desafío consiste en encontrar un equilibrio que permita mejorar la competitividad sin afectar el entramado productivo. La evolución reciente muestra que la mayor competencia puede contribuir a moderar los precios, pero también deja en evidencia las limitaciones estructurales de la industria. El debate de fondo apunta a cómo reducir los costos sistémicos y generar condiciones que favorezcan tanto a los consumidores como a las empresas, en un mercado cada vez más integrado y exigente.


























