La anécdota de Mario Vargas Llosa con Jorge Luis Borges: “Creo que nunca me perdonó”

Durante la apertura de la muestra hoy finalizada, el Nobel de Literatura habló sobre el vínculo entre ambos

Hoy finalizó la muestra “Borges: libros y manuscritos de un argentino universal”, la cual se mantuvo abierta a todo público desde el 10 de mayo. En aquel acto de apertura, el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa narró una particular anécdota acerca de su relación con el prolífico autor argentino.

“La primera vez que vine a la Argentina tuve suerte de escuchar a Jorge Luis Borges en una conferencia. Quedé absolutamente maravillado con la manera en la que aprendía de memoria las conferencias por su timidez. Las decía de una manera muy rigurosa y con una enorme tensión sobre sí mismo para poder hablar con la comunidad”, comenzó.

El peruano profesaba una gran admiración por la obra de Borges. “Yo era muy resistente a su influencia porque, en esa época, yo era un marxista-leninista, así que tenía muchas reservas al respecto. Lo leía a escondidas e iba manifestando poco a poco mi admiración indirectamente. Mis relaciones políticas no me permitían reconocer la importancia que él tenía en mi formación. El Partido Comunista nos obligaba a leer y admirar la novela “Así se templó el acero”, explicó.

Gracias a la mediación de algunas de sus amistades, logró acceder a una entrevista personal con Borges en su departamento de Buenos Aires. “Me tocó conocer su piso, que era muy modesto, extraordinariamente sencillo y despojado de libros. No tenía un solo libro suyo. Tenía muy pocos libros, pero muy seleccionados”, describió.

Luego de su visita, Vargas Llosa redactó un artículo al respecto, el cual fue el inicio de un distanciamiento entre ambos. “Escribí un artículo en el que, gravísimo error, mencioné que en su casa había una gotera”, mencionó entre risas. “Recuerdo clarísimamente que había una gotera y que nos interrumpía constantemente la conversación. Se me ocurrió en ese artículo, que era muy entrañable y de gran admiración y cariño hacia la figura de Borges, mencionar ese detalle. Entonces, él diría que por ahí había aparecido un peruano, que seguramente era vendedor de casas, y que había tratado de persuadirle una casa porque la anterior tenía goteras”, contó.

A modo de cierre, el peruano relató: “Creo que nunca me perdonó, por más que mi texto estaba lleno de reverencias, cariño y admiración. Esto provocó una distancia muy grande entre él y esa cosa pequeñita que era yo, de tal modo que nunca más lo vi hasta que visité su tumba”.

A tono con la muestra de manuscritos, comentó: “Es el escritor más universal que tenemos. Creo que fue profundamente argentino y, seguramente, nunca pensó que tendría tanta influencia en el mundo. Los latinoamericanos y los argentinos en especial debemos estar orgullosos de que un hombre solo hubiera provocado una revolución semejante en el mundo entero. Probablemente sea la influencia más extraordinaria que ha tenido la lengua española”.

Finalmente, concluyó: “Una última recomendación. Cuando visiten casas de escritores, no miren al techo. Si lo hacen, no mencionen las goteras para que no haya conflictos con quienes ustedes admiran”.

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