La empresa FATE puso punto final a su actividad industrial y avanzará en la liquidación completa del negocio, lo que implica el cierre de una de las fábricas más emblemáticas del entramado productivo nacional. En total, 920 empleados quedarán desvinculados, en lo que ya se considera uno de los cierres industriales más relevantes de los últimos años por su magnitud e impacto laboral.
Desde la firma aclararon que no se trata de un concurso preventivo ni de un procedimiento de crisis, sino de un proceso de clausura ordenado. Según indicaron, se abonarán las indemnizaciones correspondientes y se cancelarán las obligaciones con proveedores, entidades financieras y acreedores.
La planta —ubicada en un predio de 40 hectáreas y con más de 157.000 metros cuadrados cubiertos— contaba con capacidad para producir más de cinco millones de neumáticos anuales. Su cierre marca un punto de inflexión para una actividad que ya venía mostrando signos de retracción.
En un comunicado firmado por el directorio, la compañía sostuvo que los cambios en el escenario comercial la obligan a replantear su estrategia hacia el futuro, en referencia al avance de las importaciones, especialmente desde Asia, y a las dificultades estructurales que enfrenta la industria local.
La empresa había anticipado complicaciones meses atrás. En mayo de 2024 ya había desvinculado a 97 trabajadores, al advertir una pérdida sostenida de competitividad en el frente exportador. En aquel momento mencionó factores como la presión tributaria, las restricciones cambiarias, los costos laborales, los problemas de infraestructura y la conflictividad sindical.
Fundada en 1940 —su nombre proviene de “Fábrica Argentina de Telas Engomadas”—, FATE fue pionera en el desarrollo de neumáticos radiales en el país y logró posicionarse en mercados internacionales como Europa, Estados Unidos y distintos destinos de América Latina. Durante más de ocho décadas se consolidó como una empresa de capitales nacionales con fuerte perfil exportador y desarrollo tecnológico propio.
El cierre definitivo de su planta en San Fernando no sólo implica la salida de un actor histórico del sector, sino que vuelve a poner en debate la competitividad de la industria manufacturera argentina en un escenario de mayor apertura comercial.


























