La agricultura argentina alcanzó en 2024 un máximo histórico de superficie asegurada, con 23,6 millones de hectáreas bajo algún tipo de cobertura, más del doble que a comienzos de los años 2000. Sin embargo, ese avance cuantitativo convive con una debilidad estructural: la enorme mayoría de los seguros contratados no protege frente a los principales riesgos climáticos que hoy condicionan la producción.
El diagnóstico surge del último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, que advierte que el mercado asegurador agropecuario argentino continúa altamente concentrado en coberturas parciales, principalmente granizo simple, mientras que los instrumentos más completos siguen siendo marginales.
Más hectáreas aseguradas, pero con cobertura limitada
Desde 2003, la superficie agrícola asegurada mostró una tendencia de crecimiento sostenido, con una fuerte aceleración en los últimos años. El salto hasta las 23,6 millones de hectáreas refleja que el seguro se incorporó como una práctica habitual en gran parte del esquema productivo.
No obstante, el informe remarca que más del 90% de las pólizas corresponde a seguros de granizo, una cobertura diseñada para eventos puntuales y localizados, pero insuficiente frente a fenómenos sistémicos como sequías prolongadas, excesos de lluvias o heladas generalizadas.
Las coberturas de granizo con adicionales apenas amplían marginalmente la protección, mientras que los seguros multirriesgo —los únicos capaces de cubrir eventos climáticos complejos— representan apenas el 0,01% del total de contratos emitidos. En términos prácticos, esto implica que solo una fracción mínima del área agrícola cuenta con una protección integral.
Seguros multirriesgo: costos altos y adopción marginal
Uno de los puntos más críticos del informe es la brecha de costos entre los distintos tipos de cobertura. Para los cultivos anuales, el costo promedio del seguro ronda los $32.000 por hectárea, un valor relativamente accesible para coberturas básicas.
En cambio, las pólizas multirriesgo presentan primas significativamente más elevadas. En cultivos perennes, el costo por hectárea puede ser hasta 14 veces superior, lo que restringe su contratación a un número muy reducido de productores.
Además, el informe señala que el monto promedio por póliza multirriesgo alcanzó en 2024 cifras extraordinariamente altas, concentrando el producto en explotaciones de gran escala y dejando fuera al grueso de los productores medianos y pequeños.
Paramétricos: una herramienta incipiente
Los seguros paramétricos —basados en índices climáticos objetivos como precipitaciones o temperaturas— aparecen en el informe como una alternativa con potencial, pero aún en una etapa muy temprana de desarrollo.
Entre 2020 y 2023 se observó cierta expansión, pero en 2024 solo tres aseguradoras ofrecían este tipo de productos, sin lograr una penetración significativa ni continuidad en la oferta. La falta de escala, de estandarización y de incentivos limita su impacto real como herramienta de gestión del riesgo.
Alta siniestralidad y eventos extremos
Otro dato relevante del informe es la evolución de la siniestralidad. El ratio entre siniestros pagados y primas cobradas mostró picos críticos en 2013 y nuevamente en 2023, cuando superó el 103%, evidenciando que los eventos climáticos extremos superaron la capacidad de respuesta del sistema tradicional de seguros.
Este comportamiento refuerza la advertencia central del informe: el esquema actual no está preparado para un escenario de mayor frecuencia e intensidad de eventos climáticos, una tendencia que ya dejó de ser excepcional para convertirse en estructural.
Un mercado chico frente a un riesgo enorme
Pese al peso económico del agro, los seguros agropecuarios y forestales continúan representando una porción reducida dentro del mercado asegurador argentino. Esto refleja no solo limitaciones de oferta, sino también una gestión del riesgo que sigue descansando, en gran medida, sobre la espalda del productor.
El resultado es un sistema que crece en superficie asegurada, pero no reduce de manera efectiva la vulnerabilidad del sector frente a los shocks climáticos, con impacto directo sobre ingresos, inversiones y estabilidad productiva.
El desafío pendiente
La conclusión del informe es clara: asegurar más hectáreas no alcanza. Sin una expansión real de coberturas integrales, accesibles y adaptadas a la variabilidad climática, el agro argentino seguirá expuesto a pérdidas significativas campaña tras campaña.
En un contexto de cambio climático, el desafío ya no es solo productivo, sino financiero y macroeconómico. La gestión del riesgo dejó de ser un complemento y se convirtió en una condición central para la sustentabilidad del principal sector generador de divisas del país.





























