La cooperativa SanCor, uno de los emblemas de la industria láctea argentina, atraviesa una de sus peores crisis financieras en décadas, y un factor clave de ese deterioro es una deuda millonaria que no logró recuperar de clientes venezolanos.
La relación comercial entre SanCor y Venezuela se remontó a más de una década, cuando acuerdos bilaterales con el gobierno del país caribeño dispararon las exportaciones de leche en polvo y otros derivados. En su mejor momento, SanCor llegó a enviar miles de toneladas de producto bajo contratos que implicaban pagos escalonados a cambio de insumos y divisas.
Sin embargo, cuando el gobierno venezolano entró en default y los mecanismos de pago se paralizaron, los compromisos financieros dejaron de cumplirse. La deuda acumulada por operaciones comerciales en ese mercado superó los US$30 millones, aunque con el tiempo ese monto se fue reduciendo parcialmente a medida que se realizaron algunos abonos parciales.
A pesar de esos pagos, fuentes de la propia compañía señalan que el saldo impago asciende todavía a al menos US$18 millones, importe que SanCor no ha logrado recuperar pese a gestiones diplomáticas y comerciales. “Venezuela le quedó debiendo a SanCor a hoy u$s18 millones y con ningún gobierno se logró cancelar”, indicaron representantes de la láctea.
Ese pasivo impago se suma a un contexto ya difícil para la cooperativa, que desde hace años arrastra un cuadro de deuda estructural —con obligaciones totales que, según distintos analistas, pueden rondar cientos de millones de dólares—, conflictos laborales prolongados y una fuerte caída en la producción y en la capacidad operativa.
La situación venía deteriorándose desde 2017 y se profundizó cuando SanCor se vio obligada a presentar concurso preventivo de acreedores, reestructurar planta de personal y reducir drásticamente su actividad productiva. La intervención judicial parcial de la empresa, con coadministración designada por la justicia, es una señal de la severidad de su situación financiera.
El caso de la deuda con Venezuela no solo representa un reclamo comercial: también simboliza las tensiones que generan las relaciones económicas entre empresas privadas y Estados con problemas recurrentes de pago. Para SanCor, el impacto fue profundo, ya que sumó presión sobre sus cajas en momentos en que el sector lácteo argentino ya enfrentaba desafíos de precios, costos y liquidez
Mientras persisten las negociaciones y reclamos formales, el reclamo por esos US$18 millones impagos continúa siendo un capítulo central en la explicación de por qué una cooperativa centenaria hoy lucha por sostener su operación y preservar empleos.




























