Crisis láctea: las marcas históricas que están en jaque y podrían desaparecer en Argentina

Caída del consumo, sobreoferta global y altos costos golpean a la industria. Firmas tradicionales enfrentan deudas, parálisis productiva y hasta quiebras.

El sector lácteo argentino atraviesa uno de sus momentos más críticos de los últimos años. Con ventas en retroceso, exportaciones limitadas y costos en alza, la actividad combina varios factores negativos que impactan de lleno en la rentabilidad de las empresas y ponen en riesgo la continuidad de marcas emblemáticas.

Dentro de este escenario, compañías como SanCor, Lácteos Verónica, Luz Azul y Sudamericana Lácteos enfrentan situaciones delicadas que van desde problemas financieros hasta interrupciones en la producción.

Uno de los casos más recientes es el de Sudamericana Lácteos, en la localidad santafesina de Díaz. La planta, adquirida por la firma Servio, acumula meses de dificultades operativas en un contexto de consumo deprimido. La situación derivó en atrasos salariales que afectan a más de 80 trabajadores y golpean directamente a una comunidad que depende en gran medida de la actividad de la empresa. Incluso, se analiza la posibilidad de que los empleados conformen una cooperativa para sostener la producción.

El panorama es aún más complejo en Lácteos Verónica. La firma mantiene su planta prácticamente paralizada desde comienzos de año, sin ingreso de materia prima y con pagos interrumpidos. La incertidumbre crece entre los trabajadores, que temen por la continuidad de cerca de 700 puestos laborales. A esto se suma un fuerte endeudamiento, con miles de cheques rechazados y obligaciones pendientes tanto con bancos como con productores lecheros.

En paralelo, el deterioro también alcanza a grandes jugadores internacionales. La multinacional Saputo decidió vender la mayor parte de su negocio en el país al grupo peruano Gloria Foods, en una señal que el propio sector interpreta como falta de expectativas de recuperación en el corto plazo. La operación incluyó plantas industriales y marcas reconocidas del mercado local.

Otro caso que refleja la tensión es el de Luz Azul, que enfrenta una caída sostenida en las ventas y debió salir a rescatar franquicias para evitar cierres. La estrategia busca sostener presencia comercial, aunque implica resignar márgenes en un contexto donde los precios no logran acompañar los costos.

Por su parte, SanCor continúa sumando capítulos a una crisis que parece estructural. La cooperativa arrastra deudas millonarias, conflictos laborales y una intervención judicial que derivó en su coadministración. Actualmente, su actividad se sostiene en gran parte mediante producción para terceros, mientras enfrenta múltiples pedidos de quiebra y causas judiciales vinculadas a su conducción anterior.

El deterioro del sector también ya dejó víctimas concretas. Empresas tradicionales como La Suipachense y ARSA cerraron sus puertas tras procesos de quiebra, con la consecuente pérdida de cientos de empleos.

Detrás de estos casos hay un problema de fondo. La producción de leche creció en el último tiempo, pero ese aumento no encontró correlato en la demanda interna, que sigue siendo el principal motor del sector. Al mismo tiempo, la sobreoferta a nivel global limita las exportaciones y presiona los precios a la baja.

Según datos sectoriales, el consumo de productos lácteos muestra caídas significativas en distintas categorías, mientras que las exportaciones también retroceden tanto en volumen como en ingresos. A esto se suma la falta de financiamiento y el peso de deudas acumuladas, que complican aún más el panorama de las empresas.

En este contexto, el negocio lácteo argentino enfrenta un escenario incierto, con un proceso de concentración en marcha, cierre de tambos y una cadena productiva que busca reacomodarse en medio de una crisis que, lejos de ceder, sigue profundizándose.

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