Cómo decide el consumidor qué compra y que no

En un contexto en el que el argentino estima que la inflación alcanzará al 45 por ciento en 2016 según el estudio Pulso Social que todos los años confecciona CCR, la consultora que releva información sobre las ventas en supermercados, autoservicios y almacenes, y analiza hábitos de consumo; los disparadores que motivan la compra cambiaron.

“Hasta hace unos años el consumidor sentía que gastar era una forma de ahorrar. Hoy con menor poder adquisitivo se siente en un limbo, no sabe cómo canalizar lo que ahorra”, explica Ricardo Fitz Simon, director General de CCR y agrega que “convive con la certeza de que hay ajuste, sabe que tiene que resignar algo”

A continuación, cinco tips para entender cómo se decide una compra frente a la góndola

1. El “debe” domina al “querer” y entra en vigencia la idea de sacrificio personal. Atrás quedaron los tiempos en la que compraba automáticamente y colmaba una satisfacción impulsiva. Hoy tiene una mayor conciencia de lo que gasta.

2. Aumenta la exploración de marcas y productos.

3. Sigue “bailando al ritmo de las ofertas”. Invierte esfuerzo en las compras. Planifica, ejecuta estrategias, asiste a más de un canal de venta tras las oportunidades de descuentos. Aumenta la penetración de los supermercados mayoristas. Hoy el 60 por ciento de los visitantes de este canal son personas que compran como consumidores finales.

4. La decisión de compra es racional. Se controla, “privarse es cumplir”. “El 51 por ciento de la población reconoce ser racional. En 2015 lo hacía un 42 por ciento”, analiza el ejecutivo.

5. Reduce sus pretensiones aspiracionales y aumenta la predisposición a la adopción de B-Brands. Es decir resigna calidad, prueba marcas y busca ofertas. “Dos de cada tres personas no se apega a ninguna marca en particular”, analiza Fitz Simon. Es decir, el shopper permanece en estado de alerta directa a nuevas opciones.

Las conclusiones cualitativas se apoyan en números que explican por qué los argentinos se volvieron más austeros. El informe también relevó que el 4,8 por ciento de la clase baja superior (quienes ganan entre $ 6.900 y $ 13.600 mensuales está por debajo de la línea de pobreza. A este dato se suma que el 69 por ciento de los encuestados cree que bajó su poder adquisitivo.

Una maraña de datos que  plantea desafíos para las marcas que quieren pasar de la góndola a la alacena. 

Fuente: apertura.com

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