La Unión Europea avanza hacia el cierre del mercado para el biodiesel de soja y pone en jaque a las exportaciones argentinas

La Comisión Europea reclasificó a la soja como cultivo de “alto riesgo ambiental”, lo que implicaría el fin definitivo de las importaciones de biodiesel argentino. El impacto económico podría alcanzar los USD 350 millones anuales y amenaza la continuidad de la industria local.

La Comisión Europea (CE) dio un paso decisivo que podría derivar en el cierre total del mercado europeo para el biodiesel de soja proveniente de países como Argentina, Brasil y Estados Unidos. A través de un documento publicado recientemente, el organismo comunitario modificó los criterios vinculados al riesgo de ILUC (cambio indirecto del uso del suelo), tras revisar la expansión global de los cultivos utilizados para la producción de biocombustibles.

Como resultado de ese análisis —que fue sometido a consulta pública durante apenas un par de semanas— la CE concluyó que la soja pasa a integrar por primera vez la categoría de “alto riesgo ILUC”, quedando equiparada al aceite de palma. En la práctica, esta reclasificación implica que la Unión Europea dejará de importar biodiesel de soja o aceite de soja destinado a ese fin, permitiendo únicamente el uso de aceite de colza, cuya producción se concentra dentro del propio bloque europeo.

De avanzar el proyecto y ser adoptado formalmente durante este año, todas las exportaciones de biodiesel de soja desde Argentina quedarían excluidas del mercado europeo, el único destino externo relevante para esta industria. Según estimaciones del sector, el impacto económico para el país rondaría los 350 millones de dólares anuales, además de poner en riesgo la continuidad de las plantas productoras locales.

Desde la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA), su presidente Gustavo Idígoras cuestionó con dureza la decisión europea y la calificó como una barrera comercial encubierta. “La medida europea es desde todo punto de vista una barrera injustificada al comercio. El concepto de cambio indirecto del uso del suelo es un invento para eliminar competencia a las fábricas europeas de biodiesel y dejarnos afuera del único mercado”, afirmó.

Idígoras remarcó además que la argumentación ambiental carece de sustento técnico. “Vamos a presentar información que demuestra que la superficie sembrada de soja en la Argentina no crece; de hecho, viene cayendo desde hace más de una década. Tampoco se pierde reserva de carbono en el suelo. Pero todos sabemos que esto no es un debate científico sino político”, sostuvo.

En ese sentido, el titular de CIARA vinculó la medida con las tensiones internas de la Unión Europea en torno al acuerdo con el Mercosur. “La UE busca compensar a los países que se oponen al acuerdo y, para eso, cierran el mercado a productos altamente competitivos de la Argentina”, explicó.

Frente a este escenario, el sector ya comenzó a coordinar una estrategia de defensa con el Gobierno nacional. “Estamos en conversaciones con Cancillería y el Ministerio de Economía para avanzar con una defensa agresiva, que podría incluir un panel ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y una denuncia en el marco del acuerdo birregional firmado en diciembre pasado”, adelantó Idígoras.

El conflicto reabre el debate sobre el uso de criterios ambientales como instrumentos de política comercial y pone en alerta a una cadena exportadora clave para el complejo sojero argentino.

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